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CRÍTICA | NO CREZCAS O MORIRÁS

¿Quién puede matar a un padre?

Thierry Poiraud ha compuesto una película casi exacta al filme de Narciso Ibáñez Serrador

'No crezcas o morirás' es una coproducción francesa y española rodada en inglés.
'No crezcas o morirás' es una coproducción francesa y española rodada en inglés.

En el año 1976, Narciso Ibáñez Serrador trasladó a una pareja a una isla en la que, a plena luz del día, los niños se iban vengando uno a uno de cualquier adulto que se cruzase con ellos. ¿Quién puede matar a un niño? nunca especificaba los motivos, pero un prólogo bastante más explícito que su desarrollo llevaba a la idea del acto como castigo por la lacra del siglo XX sufrida por la infancia.

NO CREZCAS O MORIRÁS

Dirección: Thierry Poiraud.

Intérpretes: Fergus Riordan, Madeleine Kelly, McKell David, Darren Evans, Natifa May.

Género: terror. Francia, 2015.

Duración: 81 minutos.

En este 2016, y con altas probabilidades de influencia de aquella insigne obra de nuestro cine, el francés Thierry Poiraud, con guión de Marie Garel Weiss, ha compuesto una película casi exacta, incluso con la barca del desenlace, pero en sentido contrario: un grupo de chavales deambula también por una isla, esta vez de noche, en la que sin razón aparente son los mayores los que van asesinando uno a uno a sus hijos. Eso sí, y aquí la fiebre zombi que experimenta el audiovisual parece ser la que manda, vía contagio, como un virus que traza una especie de metáfora del infierno de convertirse en adulto. Su título no llama a engaño: No crezcas o morirás.

Coproducción posibilista entre Francia y España, aunque rodada en inglés, la película no deja de ser un corto alargado que pretende extender la moda del terror zombi. Aunque quizá lo más curioso sea su variante social. Así, la imagen de la película es la del cine de autor europeo; como si una producción de los hermanos Dardenne o de Ken Loach (los chicos, al fin y al cabo, se han escapado de un centro de menores) derivara de pronto desde la angustia juvenil hasta el terror comercial. Los frutos, sin embargo, son agua y aceite, nunca mezclan: el componente social carece de trascendencia alguna y el terrorífico, de la más mínima inquietud.