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CRÍTICA | NAVIDADES, ¿BIEN O EN FAMILIA?

La representación anual

Una película de historias cruzadas que acaban convergiendo en la cena de Navidad con instantes, miradas y reacciones de verdad

Diane Keaton, John Goodman y June Squibb en 'Navidades, ¿bien o en familia?'. Ampliar foto
Diane Keaton, John Goodman y June Squibb en 'Navidades, ¿bien o en familia?'.

Las Navidades saben a carreras de niños por el pasillo y huelen a conversación peligrosa. Con el abuelo en la esquina, haciendo como que no se entera, y una clara división entre los que tienen ganas de hablar, de su día, de su año, de su existencia, y los que escuchan con ardor de estómago. Navidades, ¿bien o en familia?, enésima película estadounidense sobre la cena alrededor del pavo, va de todo eso, pero sobre todo va de los prolegómenos, de las horas previas en el vestuario antes del partido, cuando no hay que guardar la cara ni representar un papel; en todo caso ir preparando el ensayo para una función anual en la que al cariño, la experiencia y la alegría se pueden unir el dolor, la compasión y el resquemor. Dos especialistas en melifluos melodramas románticos y familiares, el guionista Steven Rogers (Quédate a mi lado) y el director Jessie Nelson (Yo soy Sam), comandan la película. Con desigualdad, aunque con un cierto encanto, y sobre todo con un reparto sensacional repleto de carisma.

NAVIDADES, ¿BIEN O EN FAMILIA?

Dirección: Jessie Nelson.

Intérpretes: Diane Keaton, John Goodman, Ed Helms, Alan Arkin, Marisa Tomei.

Género: melodrama. EE UU, 2015.

Duración: 107 minutos

Como (casi) siempre en este tipo de historias cruzadas de todas las edades que acaban convergiendo en la cena, ya en la segunda parte del metraje, la irregularidad es la dueña del relato. Sin embargo, a pesar de que en algunos momentos se desliza peligrosamente hacia el superficial manual de autoayuda, hay réplicas, instantes, miradas y reacciones de gran verdad, ancladas en las emociones que realmente duelen: la soledad, la envidia, el remordimiento. Y aún más en el interior de una familia, donde la heterogeneidad de caracteres es algo tan probable como felizmente saludable.

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