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Tres tiros y un México roto

Emiliano Monge, Julián Herbert y Martín Solares retratan las tinieblas mexicanas

Herbert (i), Monge, Martín Solares y el editor Claudio López
Herbert (i), Monge, Martín Solares y el editor Claudio López

México se define por sus títulos. Tres de ellos, publicados este año por Random House, lo demuestran: Las tierras arrasadas - La casa del dolor ajeno - No manden flores. Hablar de estas novelas es hacerlo de un país en llamas. Sus autores, Emiliano Monge, Julián Herbert y Martín Solares, exponentes de la nueva narrativa mexicana, se reunieron el sábado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para intentarlo. Cargaron, apuntaron y dispararon. Tres tiros contra la oscuridad. Lo que quedó después de su exposición es el retrato de un México roto.

No manden flores. Ni justicia ni narco. Martín Solares (Tampico, 1970) decidió ensayar una novela en la que desapareciesen ambas palabras. El resultado fue un espejo deforme de la salvaje existencia en Tamaulipas. Un estado consumido por la violencia, donde el único optimismo procede, como ironiza Solares, de las narcomantas y los boletines del Gobierno. “Es un lugar donde Sherlock Holmes no sobreviviría ni cinco minutos”.

Las tierras arrasadas. Un grupo de inmigrantes centroamericanos son raptados en la selva. A partir de este hecho, Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978) traza un fresco de las tinieblas. Dura y seca, la obra surgió como teatro pero acabó como novela. “El único género que conozco”. De ese inicio frustrado queda una polifonía anónima. Un viaje al infierno que evita cuidadosamente todo juicio moral. “Es un relato de lo que sucede en el país, de lo que se esconde en las sombras. Trato de no hablar del bien ni del mal. Eso lo dejo para los lectores”.

La casa del dolor ajeno. Crónica más que novela. Julián Herbert (Acapulco, 1971) se enfrentó en esta obra a un hecho tan cierto como ocultado: la matanza entre el 13 y el 15 de 1901 de 303 chinos en Torreón (Coahuila). Mientras desenterraba este capítulo racista, a sus oídos llegaron los ecos de la tragedia de Iguala. El pasado se le volvió presente. “Es la historia de unos inmigrantes que, con extrema violencia, acaban en una fosa común, unos hechos que fueron manipulados y ante lo que las autoridades intentaron construir una verdad histórica para esconder lo que realmente ocurrió”.

Narco de frontera, inmigración y xenofobia. Tres formas de ver México. Y de sufrirlo. “Es difícil ser optimista en este país. Nuestros títulos lo reflejan”, sentencia Herbert.