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El padre, el hijo y un amigo

‘Un dia perfect per volar’ une a Marc Recha y Sergi López en la narración de un cuento

Sergi López y Marc Recha, retratados en San Sebastián.
Sergi López y Marc Recha, retratados en San Sebastián.

¿A quién mejor iba a elegir Marc Recha que a su gran amigo Sergi López para ser su álter ego y así poder contarle a su propio hijo, Roch Recha, de siete años, un cuento inventado que el chico se sabe de memoria? En un paraje solitario cercano a la costa catalana, un niño hace volar una cometa mientras va escuchando una historia del gigante que siempre tiene hambre. La idea de Un dia perfect per volar (Un día perfecto para volar), el filme de Marc Recha que se presentó en la sección oficial del Festival de Cine de San Sebastián del pasado mes de septiembre, no surgió inicialmente para el público. Eso vino después. Esta historia poética y personal, surgida fuera de toda órbita industrial, sin televisiones ni ayudas, rodada en cinco días, nace de la necesidad de proclamar la paternidad deseada y constructiva, alejada de esas imágenes de padres atormentados y castigadores que han mostrado cineastas como Michael Haneke o Ingmar Bergman.

El empeño de Recha fue el de realzar la complicidad que se ha creado con los años entre un niño, su propio hijo, y su padre. “La única urgencia que había es que Roc crecía y ya se le iban cayendo todos los dientes de leche”, aseguraba el director en San Sebastián junto al actor Sergi López. “Siempre siguiendo la máxima de Josep Pla de pasar el espejo por el camino y de hablar de las cosas que hay a tu alrededor”, continúa el director. En medio de una naturaleza muy mediterránea, un espeleólogo, en este caso Sergi López, le va contando a un niño el cuento La pelota del gigante. El niño, Roc Recha, se lo sabe de memoria. Es un cuento que ha ido inventando su padre, capítulo a capítulo, para aliviar los viajes diarios en coche hacia la escuela. Las historias de ese gigante que siempre tiene hambre y que vive en un castillo cerca de un bosque con árboles que hablan, setas mágicas y un conejo blanco de orejas rojas se las tuvo que aprender Sergi López. “La película es un equilibrio extraño que no se puede inventar y que nos ha unido a Marc, a Roc y a mí. Íbamos a un rodaje con un niño que, aunque había memorizado algunos diálogos, nunca podías saber si tenía ganas de rodar o de escuchar. Era todo un misterio. Había un plan B pero creo que se hubiera convertido en algo más cerebral o impostada”, asegura el actor. Sin ensayos previos para poder captar la espontaneidad inicial, aunque con un guion armado, lo que tenía claro López es que, además de aprenderse de memoria el cuento y sus episodios, tenía ante sí la tarea para crear empatía con el niño ante la cámara. Son tomas únicas. “Si me equivocaba, Roc enseguida me corregía. Hay pasajes que no le gustan tanto y otras que se distrae”, dice divertido el rapsoda López.

“Ha habido una especie de milagro. Cuando sabes lo que cuesta hacer una película y más una con niños. Cuando sabes lo complicado que es que un niño te haga caso cuando tú quieres y vas a un parque natural y todo sale así a la primera. Roc nos desbordó a todos con su ensoñación. Tiene la capacidad de desconcentrarse como todos los niños pero también esa posibilidad mágica en el que vuelve al cuento con una imaginación desbordante”, añade el actor, mientras el director, a su lado, aclara que sin la complicidad y la voz de López esta película no se hubiera podido hacer.

La paternidad positiva fluye por Un dia perfect per volar. “Los niños lo que quieren es que les quieran y por eso son como perfectos farolillos que desprenden una luz cálida para que se acerquen a ellos. A partir de ahí, lo que se hace en la película pero también en la vida real es eso tan sencillo como que yo voy contando cosas, se incentiva la curiosidad como vía de aprendizaje pero también se le deja vía libre al chaval para que sea independiente. La película lo que busca es mostrar que los chicos necesitan seguridad y amor para crecer felices y que esa seguridad se les puede dar de muchas maneras”.

Tanto Recha como López resaltan el valor de este filme como posibilidad para hablar de la paternidad responsable y sensible hoy y no solo poniendo el foco en las madres. “Este es el mejor regalo que yo puedo hacer a mi hijo”, dice el director. “Es todo un regalazo de Marc a Roc pero también es un regalo de todos los padres a sus hijos, porque quién no recuerda los cuentos del lobo feroz que nos han contado a todos. Emocionalmente es muy potente”, añade el actor.

 

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