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La música clásica hace las Américas

Las grandes figuras sitúan el continente como destino obligado para sus giras

El director de orquesta Daniel Barenboim, en un concierto en Buenos Aires en agosto de 2014.
El director de orquesta Daniel Barenboim, en un concierto en Buenos Aires en agosto de 2014. AFP

Una actuación de Cecilia Bartoli en México, un recital de Lang Lang en São Paulo o Río de Janeiro… Una gira de la Filarmónica de Viena por Brasil, Argentina, Chile, Colombia; un festival de música sacra donde Jordi Savall pueda mostrar sus sonidos, ritmos y descubrimientos de creaciones mestizas en Bogotá…

Todo lo que fueron durante décadas excepciones son ya, a día de hoy y para el futuro, citas obligadas. Los grandes artistas de la música clásica a nivel mundial abren enormes huecos en sus agendas para ir de gira por América Latina. Un puñado de países emergentes ofrecen oportunidades, nuevos marcos, escenarios remodelados o de nueva construcción para que las partituras suenen al máximo nivel, encarnadas en las voces, la destreza y las manos de los artistas más cotizados en ese campo.

Los agentes van consolidando un territorio de nueva promisión ante el estancamiento o la monotonía que les ofrecen las plazas antaño más seguras, sobre todo en una Europa venida a menos. El encuentro, además, con los nuevos talentos sinfónicos, solistas o líricos en países como Argentina, Brasil, México, Colombia, Chile y Venezuela, ayuda a mirar hacia el área como un más que atractivo territorio de nuevas posibilidades tanto económicas como de crecimiento artístico.

Los agentes van consolidando un territorio de nueva promisión ante el estancamiento de una Europa venida a menos

La actitud del público, también. Jordi Savall, que este fin de semana ha participado en el Festival de Música Sacra de Bogotá, así lo admitía el sábado: “Los artistas nos movemos donde notamos interés y aprecio por parte de quien nos demanda acudir. América Latina es muy generosa en ese sentido. Aunque nos suponga un sacrificio de viajes largos y cansancio, el esfuerzo merece la pena por ese fascinante contacto con públicos como estos”.

También, salvada la diplomacia artística, el dinero. No hay que engañarse. Los grandes agentes y promotores acuden ya a la región con la cartera presta a cerrar acuerdos. A un gran clásico del sector en España, como Alfonso Aijón, 84 años, responsable de Ibermúsica, le ha llegado tarde la llamada, pero no le han faltado ofrecimientos para entrar en ese mercado. “La razón es básicamente económica”. Y no siempre limpia, según él... “Las grandes empresas europeas pierden beneficios en Europa y por ello invierten en Latinoamérica promocionando ofertas culturales para justificar a veces tropelías”.

Pero sí observa cierta alegría entre los artistas. Una motivación especial. “Ellos están contentos porque las nuevas salas son muy buenas y las viejas, como el Teatro Colón de Buenos Aires, excelentes con su nueva remodelación. El público se muestra entusiasmado porque la calidad que les llega en el presente hacía tiempo que les faltaba”, comenta Aijón.

Siempre existió entre el público un bagaje implantado por la inmigración europea

Desde una perspectiva internacional, Mark Newbanks, agente entre otros del director venezolano Gustavo Dudamel o la pianista china Yuja Wang, añade: “¿Que por qué resulta América Latina tan sexy para nuestros artistas? Siempre existió entre el público un bagaje implantado por la inmigración europea. Pero eso ha aumentado con nuevas estructuras y salas espectaculares por todo el continente. El aficionado entiende en las ciudades más grandes, y la fuerza emergente se empieza a notar gracias a increíbles logros que han ido experimentando la cultura y la educación. Todo eso ha proporcionado una nueva seguridad para un extraordinario desarrollo de la música en varios países”, afirma el manager de la británica Fidelio Arts.

La competencia empieza a sentirse. Algunos agentes españoles han comenzado a tocar las puertas del mercado. Enrique Subiela, de la valenciana Duetto, es un ejemplo: “Los propios artistas locales de las nuevas generaciones han sentado sólidas bases en sus respectivos países”. Es el caso de Juan Diego Flórez en Perú, el Sistema de Orquestas en Venezuela, Barenboim, muy unido ahora a su originaria Argentina… “Estas nuevas generaciones y las figuras mayores consolidadas están dignificando y dando valor a los respectivos proyectos impulsados y andan claramente detrás de esa realidad. No se trata de fenómenos aislados, sino del resultado de las diferentes iniciativas estratégicas desarrolladas en los últimos años”.

Digamos que ha resultado ejemplar cómo los grandes nombres latinos del sinfonismo o la ópera, al tiempo que triunfaban en los grandes escenarios mundiales, no dejaban de colocar piedras fundacionales de diverso carácter en sus propios países. No a modo de limosna, sino con ambición. “No representan fenómenos aislados”, añade Subiela, “sino iniciativas de calado que hoy se asientan en ejemplos concretos”, como la Fundación Sivam o el Instituto Nacional de Bellas Artes, en México, además de los citados.

Los involucrados en esa exploración latinoamericana encuentran mucho que aprender de aspectos como modelos de negocio. “Está muy evolucionado: dependiendo del país, hay bastantes promotores tanto públicos como privados, medios de comunicación prestando atención suficiente a la cultura, y lo más importante, grandes empresas apoyando con esponsorización los proyectos, con las ideas muy claras sobre lo que se espera de ellas y sobre el retorno que el artista debe generar respecto a la Institución. Todo un ejemplo para algunas realidades europeas que presumen de gestión moderna”, asegura Subiela.

Pioneros de la música antigua en Colombia

Si los managers y las agencias internacionales en el ámbito privado van consolidando espacio para sus grandes figuras en los nuevos y pujantes escenarios latinoamericanos, algunas instituciones públicas europeas y españolas también. Es el caso del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), dependiente del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, que dirige Antonio Moral.

El organismo ha hallado un hueco a explorar en el ámbito de los géneros más antiguos y el Barroco para ejercer de pioneros junto al Festival de Música Sacra de Bogotá, impulsado por Marianna Piotrowska. “Está todo por hacer en este ámbito aquí”, asegura Moral, de visita en la ciudad colombiana.

No solo en materia de interpretación, sino de búsqueda en archivos como el de la catedral de Bogotá, provista de partituras hoy olvidadas pero fundamentales para el acervo musical entre ambos continentes. “También, estos encuentros sirven de lanzamiento a intérpretes jóvenes españoles que están haciendo una gran labor en la ejecución y el descubrimiento de piezas olvidadas”, afirma el responsable del CNDM.

Aparte de consagrados como Jordi Savall y su grupo Hespèrion XXI, de la mano del Centro se han presentado los magníficos hermanos Zapico, con su formación Forma Antiqva y otros como la Accademia del Piacere, la Danserye junto a Capilla Prolationum, o el cantaor Arcángel en un foro dedicado a la paz, que ha reunido a más de 500 artistas en auditorios, teatros e iglesias de la capital colombiana.