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CRÍTICA | THE D TRAIN

La pirámide colegial

El filme es una comedia amarga, extraña, atrevida (hasta cierto punto), casi molesta

Fotograma de la película 'The D train'.
Fotograma de la película 'The D train'.

Su lema promocional es "toda reunión necesita un héroe", pero la frase clave de la película, casi escondida en boca de un personaje terciario, es otra: "Hubiera hecho cualquier cosa para que fuera mi amigo". Cualquier cosa: pónganla en negrita, en cursiva, subráyenla. La reflexión, de un casi cuarentón que celebra los 20 años de culminación del instituto, engloba palabras amargas alrededor de lo dura que puede resultar la fase colegial, desde el parvulario hasta la universidad: la pena por sentirse un marginado, la presión por ser popular, los deseos por habitar los escalones superiores de la sociedad escolar, el matonismo, el arribismo, el patetismo, la falta de personalidad, la mentira de la fachada, la tiranía de los líderes. The D Train, debut como directores de los guionistas Andrew Mogel y Jarrad Paul, es una comedia; una comedia amarga, extraña, atrevida (hasta cierto punto), casi molesta. Y, sin embargo, no es más que la vida.

THE D TRAIN

Dirección: Andrew Mogel, Jarrad Paul.

Intérpretes: Jack Black, James Marsden, Kathryn Hahn, Jeffrey Tambor, Russell Posner.

Género: comedia. EE UU, 2015.

Duración: 101 minutos

Porque, en realidad, siempre hay un escalón superior, en el que los de arriba también pueden sentirse inferiores ante los aún más superiores. Sobre la figura del triunfador del pueblo que, ya en la capital (la que sea), puede exhibir su conquista a través de un trabajo visible al exterior (aquí, un actor, aunque sea de tres al cuarto), y la contrafigura del pringado que se quedó atrapado en una vida que quizá no sea tan triste y perdedora, Mogel y Paul han compuesto esta interesante comedia negra acerca de la superación y sus modelos, y sobre todo sobre su mentira. Una obra jocosa e incómoda con esencia de bromance (ese término anglosajón sobre la amistad entre hombres), que únicamente decae cuando en el epílogo se verbalizan todos los subtextos. "Cualquier cosa". Como aquel C. C. Baxter de El apartamento. Pero, ¿quién no ha sido un poco C. C. Baxter a lo largo de su vida, aunque solo haya sido un instante?

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