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CRÍTICA | CUT BANK

Encrucijada moral

Esta inyección de América profunda en forma de 'thriller' aúna cierto toque social con un enfermizo sentido del desbarre mental

Liam Hemsworth, en un fotograma de 'Cut Bank'. Ampliar foto
Liam Hemsworth, en un fotograma de 'Cut Bank'.

La América profunda le da al cine un aroma especial: a camioneta con la trasera descubierta, a sheriff con palillo o caramelo entre los dientes, a licorería de dependiente con escopeta de doble cañón, a eterno héroe del pueblo gracias a aquel lanzamiento de quaterback, a antigua cheerleader que ahora pone copas tras la barra del bar. O quizá sea el cine el que le otorga ese sabor a la América profunda, que igual en la realidad son solo cuatro casas horrendas en medio de una encrucijada moral.

CUT BANK

Dirección: Matt Shakman.

Intérpretes: Liam Hemsworth, John Malkovich, Teresa Palmer, Billy Bob Thornton, Bruce Dern.

Género: thriller. EE UU, 2014.

Duración: 93 minutos.

Cut Bank, Montana. 2.000 habitantes. Y el primer asesinato de su historia. Suena bien: a Fargo, a Twin Peaks. Matt Shakman, década y media dirigiendo episodios sueltos de series de televisión (Weeds, House, The good wife, Fargo, faltaría más), debuta en el cine con, precisamente, Cut Bank, una inyección de América profunda en forma de thriller, basada en un guión de Robert Patino que aúna cierto toque social con un enfermizo sentido del desbarre mental. Un libreto que quizá en otras manos podría haberse ensanchado en su camino hacia la gloria, pero que Shakman, puesta en escena convencional, ni un solo detalle de talento, e incluso algún subrayado para espectadores despistados (hasta tres planos detalle del bolsito azul que luego resulta clave, durante los primeros minutos de película), es incapaz de engrandecer.

De modo que son la rugosidad natural del sitio, tartas recién hechas, filetes a la brasa, jóvenes con ansias de tirar millas, traumas del instituto enquistados en el lado más romántico del cerebro, y el excelente reparto que guía nuestros pasos, los que conceden a la película el suficiente atractivo como para dirigirte con soltura hasta la sorpresa final, perversa en su vuelta de tuerca a aquella América pintada por Norman Rockwell.

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