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La cultura de hoy la decide usted

Distintas iniciativas y plataformas ‘online’ apuestan por obras a la carta: es el público quien escoge qué película, concierto o exposición se realiza

Una imagen del documental 'La vida en llamas'.
Una imagen del documental 'La vida en llamas'.

Hace tiempo que El hombre tranquilo pasó por las salas. Prácticamente cualquiera que naciera después de 1952 o entonces solo fuera un bebé se la perdió. Sin embargo, para quitarse el capricho de ver a John Wayne luchando por amor en la gran pantalla no hace falta ni ser hijo de empresarios de salas ni firmar un cheque sustancioso. Porque desde hace unos meses en España hay varias páginas web que se dedican a saciar este apetito. Cualquier usuario puede volverse exhibidor: accede, escoge una película y un local del catálogo, establece fecha y hora del evento y, luego, cruza los dedos. Si su deseo es compartido por al menos tantos aficionados como para llenar el cupo de entradas exigido, habemus proyección.

"El proyecto nace del hartazgo. Muchísimas películas interesantes apenas tienen cabida en las salas o tan solo se quedan unos días", afirma Alberto Tognazzi, cofundador de Screen.ly, una de las webs para cine analógico bajo demanda, cuyo catálogo de 243 filmes hasta la fecha se reparte sobre todo entre indie, documentales y obras maestras de antaño, como El hombre tranquilo. Aunque la máxima de que "el cliente siempre lleva la razón" parece estar cundiendo en los demás ámbitos culturales. El consumidor estudia el menú que se le ofrece y elige lo que quiere donde quiere. Y el establecimiento tal vez no gane la garantía de aforo completo pero sí la certeza de llenar unas cuantas butacas.

Así, a través de la web Shows on demand se organizan conciertos de los músicos que el público solicita: Jorge Drexler, El Pescao y The Horrors fueron los primeros tres. Mientras, decenas de espectáculos de improvisación teatral por toda España dejan en manos del asistente desde el título de la obra hasta su género. Y la exposición España de moda, celebrada en el Museo del Traje de Madrid entre mayo y septiembre de 2014, convirtió al público en comisario de la muestra.

Experimentos con cine y teatro

LaZonaKubik es un laboratorio cultural en Usera, un barrio al sur de Madrid, donde los que experimentan son los vecinos. Este verano han montado un cine al aire libre con una programación elegida por ellos.

No solo de cine viven estos experimentadores. También meten el teatro en los tubos de ensayo. Diversos creadores trabajan durante unos meses sobre sus piezas y antes del estreno definitivo las presentan ante el público con el que dialogan al acabar la función. "Es un testeo esencial para continuar", asegura Julián Fuentes, director de Hard Candy, que habla de un personaje pederasta. "Habíamos trabajado con cierto pudor y le dimos un giro antes del estreno en el Teatro María Guerrero. El público nos pidió más fuerza, que no fuésemos mojigatos".

Juan Gutiérrez estaba preparando el discurso expositivo cuando pensó que algunas de las piezas podrían ser elegidas por los futuros visitantes y así mostrar, además de las colecciones de la institución, la intención de ser un espacio abierto, donde el espectador pone su granito de arena. De ahí que durante seis semanas se colgaran en redes sociales, con el hashtag #YoExpongoMT, imágenes de trajes de seis importantes diseñadores españoles, de Balenciaga a Amaya Arzuaga. El público votó sus prendas favoritas, que acabaron expuestas en la exposición.

Gutiérrez saca varias lecturas de esta experiencia: la elección del público, en la mayoría de las ocasiones, coincidió con lo que él hubiera seleccionado y hace un análisis en cuanto al gusto de la moda: "En España prima la sobriedad. La mayoría de lo escogido es de color muy neutro o negro". Gutiérrez asegura que esta fue solo la primera experiencia, que el objetivo es que se vuelva a repetir esta idea de comisariado compartido.

Al fin y al cabo, si el público en tiempos de crisis no va a la Cultura, será ella la que tenga que buscarle. "Hemos trabajado con herramientas de cine y queremos que nuestra película se vean en cines", agrega Olmo Figueredo González-Quevedo, productor del documental La vida en llamas, sobre el cuerpo de élite que se juega la vida para apagar incendios forestales en Andalucía. En un estreno tradicional, el filme acabaría probablemente quemado por los titanes de la taquilla, más aun ya que solo un 1% de las películas exhibidas cada año acaparan casi la mitad del público.

Así que Figueredo apostó por una fórmula distinta. Primero, una encuesta online para descubrir qué ciudades estaban más interesadas en La vida en llamas. Obtuvieron 3.366 votos y una top ten de urbes que trasladaron a la plataforma YouFeelm. Ahora los eventos están creados y solo esperan a que el público se comprometa a adquirir su entrada. Si la proyección llega a buen puerto, se cobra el dinero retenido. Si no, se devuelve.

El modelo, además, está abierto a toda la cadena cultural. Creadores, productores o distribuidores pueden proponer una proyección de su filme, así como un exhibidor puede promocionar su sala. Y hasta hay opciones para enriquecer el evento con algún extra, como una cerveza gratis o un coloquio con los creadores, por citar algún ejemplo de Screen.ly.

"Este sistema reduce la incertidumbre para el promotor, porque más o menos ya cuenta con cierta asistencia, no tiene que jugar a adivinar si en ese momento esa actuación es lo que le apetece a la gente, ni si va a tener que gastar más o menos en promoción", apuntaba hace unas semanas José Olivares, de Shows on demand, a este periódico. Hasta el mismísimo Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid decidió hacerles caso a sus aficionados. Guillermo Solana, director artístico del centro, dejó en manos de sus seguidores de Twitter la portada para el catálogo de la exposición Pissarro, en verano de 2013: ya que dudaba entre dos posibilidades, colgó ambas en esta red social. Así, se convirtió en la decisión colectiva de decenas de internautas. Perdón, de diseñadores.

Fe de errores

En una versión anterior de esta noticia la imagen que aparecía no era del documental 'La vida en llamas'.