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CRÍTICA | El secreto de Adaline

Joven e imperecedera

Tiene el aspecto de los clásicos y huele a best-seller literario pero se queda a medio camino

Fotograma del 'Secreto de Adaline'.
Fotograma del 'Secreto de Adaline'.

Tiene el aspecto de los clásicos, huele a best-seller literario para determinado público femenino y su tema, de un atrevimiento tan disparatado en sus razonamientos como atractivo en su relación con la naturaleza del amor, podría haber dado lugar a múltiples reflexiones, pero El secreto de Adaline se queda a mitad de camino de todo ello. Entre El retrato de Dorian Gray y El curioso caso de Benjamin Button, la cuarta película del joven Lee Toland Krieger, inédito hasta ahora en España, se asienta en la odisea de una mujer anclada para siempre en la veintena larga de edad, en la hermosura, la clase y el conocimiento, a través de los años, de las décadas, aunque también en la imposibilidad del amor y la pasión en compañía. El secreto de su poder es el trauma de su soledad.

EL SECRETO DE ADALINE

Dirección: Lee Toland Krieger.

Intérpretes: Blake Lively, Michiel Huisman, Harrison Ford, Ellen Burstyn, Kathy Baker.

Género: romance. EE UU, 2015.

Duración: 112 minutos

Con un aire en el tratamiento de la luz a las películas más delicadas de Clint Eastwood, fía toda su riqueza al romanticismo y al enorme glamour de estrella antigua que posee Blake Lively, pero la doble apuesta la empequeñece, porque tampoco es que estemos ante ese volcán de emoción de obras, en cierto modo semejantes, como Jennie (William Dieterle, 1948) y El fantasma y la señora Muir (Joseph L. Mankiewicz, 1947). Que el instante en que más se acerque a una ponderación elevada sobre el paso del tiempo, tanto personal como social o histórica, sea una partida de Trivial dice mucho de su (poca) ambición. Si no se piensa mucho, se ve con cierto agrado. Si se escrutan sus posibilidades, se derrumba.

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