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Paseo por el Mercado de Cine del festival, el más grande del mundo

Tiburones de tres cabezas o proyectos de Terrence Malick: de todo cabe en Cannes

La actriz Jane Fonda (con gafas) y el productor Harvey Weinstein, en el centro de la imagen, en el Mercado de películas de Cannes.
La actriz Jane Fonda (con gafas) y el productor Harvey Weinstein, en el centro de la imagen, en el Mercado de películas de Cannes. Getty Images

Puede que solo haya un lugar en el mundo comparable al gran bazar de Estambul, y ese es el mercado del cine de Cannes. No solo ocupa los bajos del Palacio del Festival, sótanos que se extienden por debajo del casino adyacente y se prolongan hasta la playa, sino que se dispersa por los apartamentos de la rue de Antibes, la calle principal de Cannes, y sobre todo en los bloques que dan al paseo de la Croisette: en todos los balcones, y desde luego, fácilmente llega al medio millar de stands, hay pancartas con nombres de productoras y proyectos. Hay casi 12.000 participantes, más de 5.500 películas.

En Cannes hay productores a la búsqueda de dinero, distribuidores que visionan películas para su posterior proyección en su país en salas, televisiones o Internet, compañías que venden sus largos ya acabados… Hay todo tipo de productos y compraventas posibles. Y así surgen ante los visitantes imágenes que parecen imposibles. Como que el mítico productor portugués Paolo Branco –responsable de bastante cine de autor en su país y en Francia-, camino del stand de su productora Alfama, pase por delante del puesto de The Asylum, la compañía creadora de un cine de evasión delirante: su último éxito ha sido la saga Shaknado, la de los tiburones que se propagan en tornados (la tercera parte se estrena el próximo 15 de agosto) y en su catálogo ofrece delirios como Mercenaries, que copia el concepto Los mercenarios, pero con mujeres (Zöe Bell, Vivica A. Fox, Kristanna Loken y Brigitte Nielsen), 3-headed shark attack (eso es, un tiburón con tres cabezas se mete con Danny Trejo) o a la aberrante Flight World War II, en la que un moderno avión 757 viaja en el tiempo y acaba en mitad de la Batalla de Inglaterra en 1940: en el cartel arriba se puede leer “basada en hechos reales” y abajo “La batalla más grande que jamás ocurrió”.

Otras preguntas que asaltan al curioso que pasea por el Mercado: ¿cuántas productoras asiáticas existen en la faz de la Tierra? ¿Alguien se cree que Jennifer Lawrence ha protagonizado una nueva película titulada The poker house (en realidad, la filmó en 2008)? ¿Cuántas películas ha protagonizado Dolph Lundgren en los dos últimos años –según IMDB, una quincena, según los carteles del mercado, un centenar)? ¿Se hacen películas en todos los países del mundo? Porque stand posee hasta una compañía armenia. Hay gigantes que ocupan considerable espacio como el Studio Canal + o los estadounidenses IM Global. Wanda Group, la todopoderosa empresa china que reina no solo en su país, sino que posee desde cadenas de cine en Estados Unidos hasta el madrileño Edificio España, aprovecha esta edición para mostrar cómo serán sus enormes estudios en Qingdao: 200 hectáreas que le convertirán en el más grande del mundo. El vídeo de presentación apabulla.

Hay espacio para todos: en un rincón aparece el Doc Corner, dedicado a empresas especializadas en este género. Por un pasillo Mariana Rondón, directora de Pelo malo, Concha de oro en San Sebastián, habla de desgravaciones fiscales en Venezuela. Un cartel habla de una película sobre la historia real de los mineros chilenos encerrados en el fondo de la Tierra: se llama Atacama’s, y es la versión pobre de Los 33, la película que cuenta el mismo hecho con más dinero y con Antonio Banderas, Mario Casas, Juliette Binoche, Rodrigo Santono y Gabriel Byrne en su reparto. Porque otra cosa que muestra el gran bazar de Cannes es que de la misma historia se pueden hacer infinidad de películas… y que solo hay que decidir si adquirir la buena o la versión barata.

En las revistas del sector queda claro, primero, que Europa sigue sumergida en su crisis, y después, que al menos el negocio va recuperando fuerzas. El humor ha mejorado. Y cualquiera se puede embarcar en el próximo rodaje de Terrence Malick, en la nueva aventura de ciencia-ficción de Luc Besson (Valerian, con Dane DeHaan y Cara Delevingne) o en The Coldest City, una de espías con Charlize Theron. Dos de las películas que más ruido están haciendo son Callas, en la que Noomi Rapace dará vida a la diva de la ópera, y Colossal, de Nacho Vigalondo –presente al final de esta feria- en la que Anne Hathaway encarna a una mujer común y corriente que descubre que sus actos están encadenados a las acciones de un monstruo gigante que destroza a su vez Japón.

Y en esa tormenta de celuloide, que cierra mañana, también hay espacio para los españoles. Los distribuidores siguen quejándose de precios altos, de que no hay películas interesantes disponibles. Hace una década se pagaba lo que los vendedores pedían. Hoy, cuando España ha pasado como mercado de consumo cine del puesto quinto al decimotercero, las ofertas son a la baja. Carreras para ver Louder than bombs, de Joachim Trier, que parecía la película evento del certamen, y que finalmente ha caído como un soufflé. Ofertas por The lobster, de Giorgos Lanthimos, por la que se piden cifras imposibles de asumir por un distribuidor español. Como explica uno de ellos, “por mucho que me guste, Canino la vieron 21.000 personas y Alps, 7.900”, explica, enseñando los datos anotados a mano en su agenda, sobre las películas previas del griego. Por algunas de esos grandes títulos de la sección Oficial, los vendedores piden 250.000 euros. La contraoferta: 25.000. “España es como es”.

El stand de los vendedores españoles se levanta en su lugar habitual. Allí, casi pared con pared, están Filmax, DeAPlaneta, Cine en España –la representación institucional y por tanto la de mayor tamaño-, y las agencias de ventas Latido y Film Factory. Ya hay pases de Truman, de Cesc Gay, con Ricardo Darín y Javier Cámara, llamada a ser una de las grandes películas españolas de 2015 y a participar en el certamen de San Sebastián. O se muestran imágenes de Barca dreams, el documental de Jordi Llompart sobre el F. C. Barcelona. “Ya no hay ventas inmediatas, sino que haces el contacto y luego negocias a la vuelta con calma”, dicen desde Latido. Buen ambiente, negocios lentos.

Fuera siguen las carreras para ver proyecciones en los cines cercanos a la rue de Antibes, donde se realizan los pases de Mercado. Cafés y reuniones de no más de media hora para plantear acuerdos. En los alrededores del Palacio, los precios se disparan: el alquiler de un penthouse llega a los 180.000 euros por esta quincena, aunque por 30.000 ya hay apartamentos decentes. Por cierto, algunos residentes han empezado a prohibir en sus edificios esos alquileres por el tamaño de la publicidad. Desde el Palais hasta el hotel Martínez, La Croisette es un único anuncio de cine. Ahora toca comprar o vender.

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