Crítica | Las altas presiones
Columna
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Vidas en derribo

Película a media voz, de frases entrecortadas, de ilusiones entrecortadas, de vidas entrecortadas

Itsaso Arana y Andrés Gertrúdix, en 'Las altas presiones'
Itsaso Arana y Andrés Gertrúdix, en 'Las altas presiones'

Otra forma de narrar. Otra forma de mirar. Quizá otra forma de vivir: la existencia, el cine. Tras la casi invisible Dos fragmentos / Eva (2012), Ángel Santos ha compuesto una segunda película con la brava amenaza de quedarse, una obra pequeña de aliento desarraigado sobre el regreso al pueblo, a la pequeña ciudad, al mundo de ayer que, en el estómago, es el mundo de siempre, un retrato (des)esperanzado de esa generación que ronda los 40 y que un buen-mal día partió hacia el éxito y acabó encontrando una cierta soledad.

Película a media voz, de frases entrecortadas, de ilusiones entrecortadas, de vidas entrecortadas, Las altas presiones hace referencia ya desde su título a la autoimpuesta exigencia; también, en un juego paradójico, a la Pontevedra donde se desarrolla, donde los paisajes parecen en proceso de deterioro o de derribo: las fábricas, las casas, hasta las barandas despintadas de calles y edificios. Y Santos articula una puesta en escena que, casi como en la polaca Ida, parece una metáfora técnica del proceso interior del protagonista, aprisionado por el plano, a veces con mucho aire por arriba, incluso desviado al extremo izquierdo de la pantalla, el del desequilibrio, cuando más perdido está. El reencuentro con los amigos como tabla de salvación o como embudo hacia el infierno, según se mire. Todo ello en una película donde las explicaciones sobre el pasado, y casi sobre el presente, son mínimas.

Aunque todo se entienda. Rondan los 40, y siguen tocando su rock para una quincena de fans en pisos o garitos destartalados. Ambicionaron, o simplemente experimentaron, y allí se quedaron. Para mal, para bien. Como en aquella canción de La Granja que, por edad, quizá cantaran a los 20, fueron “chicos rebeldes, de futuro prometedor, brillantes ilusiones que han quedado en nada, en una triste canción”. O en una triste, distinta y delicada película.

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