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COLUMNA

La conciencia del Tercer Reich en ‘El tambor de hojalata’

La muerte de Günter Grass me coge desprevenido, incapaz de reaccionar. Solo lentamente me voy dando cuenta de lo que él significaba para mí. Por eso, cuando me piden anécdotas o recuerdos no sé qué decir.

Hace algún tiempo escribí una especie de guía para leer a Günter Grass. Creo que sigue siendo válida y que es lo mejor que podría escribir ahora. Quizá falte en ella solo el aspecto humano: Grass tenía una personalidad tan extraordinaria que se hacía querer y admirar por todos. Y yo no era una excepción.

El siguiente es un fragmento del pasaje dedicado a El tambor de hojalata, y que incluí en aquella guía, hace algún tiempo:

Evidentemente, El tambor de hojalata, una de las novelas más importantes, no de la literatura alemana sino de la literatura universal.

Grass la escribió en un piso pequeño y malsano de París, donde vivía con su mujer y sus dos hijos gemelos. Allí fue donde imaginó a Oskar Matzerath, el niño que en un momento dado decide dejar de crecer, un enano, un loco sexualmente obseso, un criminal... en cualquier caso una especie de conciencia del Tercer Reich que, con sus redobles, destruye todo orden marcial. Grass, reconocidamente, se inspira en la novela picaresca española y, más de cerca, en el Simplicius Simplicissimus alemán, inspirado a su vez en ella.

El libro, aparecido en Alemania en 1959, fue publicado en español en México en 1963 por la benemérita editorial Joaquín Mortiz. En España, por blasfemo y pornográfico, estuvo prohibido hasta que en 1978, coincidiendo con un sonado viaje de Günter Grass a Madrid, lo editó Alfaguara, en la traducción de Carlos Gerhard (hermano, por cierto, de un gran músico, Robert, más conocido en el extranjero que en España).

Medio siglo después, en 2009, también Alfaguara publica otra traducción (a cargo de quien firma estas líneas). El nuevo texto, sin querer suplantar al anterior, corrige errores, reelabora pasajes y goza de la ventaja de haber contado con el apoyo y consejo del propio Grass, que llevó a sus traductores a Danzig en 2005 para mostrarles sobre el terreno los lugares de la acción y aclararles cualquier duda. Ambas traducciones existen también en libro de bolsillo. En realidad, El tambor de hojalata es un libro de aventuras maravillosamente escrito y, en algunos pasajes, roza anticipadamente lo que hoy se calificaría de realismo mágico.

La llamada “trilogía de Danzig” se compone del Tambor y de otras dos novelas: El gato y el ratón (1961) y Años de perro (1963), ambas traducidas asimismo al español por Carlos Gerhard. La primera es una especie de novela breve que en un momento dado se separó de El tambor de hojalata, madurando por su cuenta. Su protagonista, Joachim Malke, es un muchacho alemán como tantos otros, a punto de ser llamado a filas, cuya característica más acusada es poseer una enorme nuez o bocado de Adán que lo acompleja. Cree solucionarlo si consigue la preciada Cruz de Hierro que, colgada de su cuello, ocultará su defecto. Grass recupera en su novela personajes y ambientes de El tambor y utiliza en él sus recuerdos de auxiliar de la Luftwaffe. Para su crítico más feroz, Reich-Ranicki, El gato y el ratón figura entre lo mejor que Grass ha escrito nunca.

En cuanto a Años de perro, no es un libro fácil pero señala el punto más alto de lo que pudiera llamarse el Grass “experimental”. Reeditada en Alemania el pasado año con fantásticos grabados de su autor, este no vacila en considerarla su mejor novela. El libro toma como pretexto la anécdota de un perro pastor que regala a Adolf Hitler la ciudad de Danzig y, mediante tres personajes narradores, va dibujando el retrato de toda una época. Salman Rushdie dice que, como escritor, aprendió en esa novela algo importante: “Cuando lo hayas logrado una vez, empieza otra vez desde cero y hazlo mejor”.

* Miguel Sáenz es el traductor de Günter Grass al español.

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