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Falafel de Colombia para ArtDubai

América Latina desembarca con 35 artistas en la mayor feria de arte contemporáneo de Oriente Próximo

El príncipe heredero de Dubái, Mohamed bin Rashed al Maktum, hace una fotografía a un niño durante su visita a la exposición.
El príncipe heredero de Dubái, Mohamed bin Rashed al Maktum, hace una fotografía a un niño durante su visita a la exposición. efe

América Latina ha desembarcado en ArtDubai, la mayor feria de arte contemporáneo de Oriente Próximo, que abre sus puertas este miércoles y que dedica su espacio experimental a esa región del mundo. De la mano de Luiza Teixeira de Freitas, 35 artistas de todo el continente muestran sus trabajos y ponen a prueba la tolerancia y los gustos de un público muy aferrado a sus ideas locales. En total, la muestra, en la que participan 92 galerías de 40 países, acoge a medio millar de autores.

"Estaba en Cali (Colombia), buscando información para la exposición, cuando Óscar Muñoz, director del colectivo artístico Lugar a dudas, me invitó a comer y al abrir el menú, allí estaba el falafel", recuerda Teixeira de Freitas en referencia a esa albóndiga de garbanzos popular en todo Oriente Próximo. "Resulta que su mujer es siria y sus hijos han abierto un kiosco árabe", añade.

Fue entonces cuando esta brasileño-portuguesa de abuela libanesa encontró lo que estaba buscando: puentes entre América Latina y el mundo árabe. En ese momento se dio cuenta de que la gran distancia entre ambos lugares se reduce a través de elementos culturales, visuales o físicos. Sin duda, no es casualidad que haya más descendientes de libaneses en Brasil que en el propio Líbano o que Chile tenga una de las mayores comunidades de palestinos en la diáspora.

"Uno ve, siente e incluso huele los parecidos", subraya Teixeira de Freitas, que traza vínculos entre la comida, la gente, la lengua y, por supuesto, el arte.

Eran los ingredientes perfectos para Marker, el espacio experimental de ArtDubai que le había encomendado Antonia Carver, la comisaria de la feria. Teixeira de Freitas ha desarrollado un proyecto multidisciplinar que incluye una sección dedicada a publicaciones de artistas que comparten la editorial Tijuana de São Paulo y The State de Emiratos Árabes Unidos; instalaciones de arte sonoro de María Qurioga y Marina Buendía; una muestra de cine seleccionada por Videobrasil; el museo en un pen-drive de La Ene de Buenos Aires, y quizás lo más sorprendente para Dubái, un programa de performance de la mano de la colombiana María José Arjona.

Hay más descendientes de libaneses en Brasil que en el propio Líbano y Chile tiene una de las mayores comunidades de palestinos 

"Es increíble la curiosidad que ha suscitado", destaca Arjona, quien sabe lo mucho que atrae como novedad su propuesta en esta región del mundo.

La artista, que trabaja con el cuerpo, se ha propuesto reinterpretar performances históricos con la ayuda de jóvenes artistas reclutados in situ, mediante una audición a la que acudieron 11 voluntarios. Los siete seleccionados, incluido un emiratí, asistieron a un taller en el que les explicó la técnica y los objetivos. Para todos es su primer contacto con esta forma de expresión y a pesar de su enorme voluntad, Arjona ha tenido que hacer algunos ajustes.

"Hay que adaptarse a la situación local", señala mientras uno de los voluntarios realiza su espectáculo sobre un pedestal. Mientras ella pasó ocho horas encaramada cuando presentó la pieza durante su estancia en el Watermill Center de Robert Wilson en Nueva York, los jóvenes que participan en la recreación hacen turnos de una hora.

No es la única diferencia. Sobre una mesa cercana, Arjona ha dispuesto una colección de libros que recorren la historia del performance. Al pasar las páginas, algunas están unidas con clips. Es una forma discreta de evitar que los curiosos se topen con imágenes que podrían herir la sensibilidad local bien por su crudeza o por ser demasiado explícitas. Nadie las ha censurado. Los organizadores le indicaron que mientras no estuvieran expuestas, no había problema, pero la artista ha preferido evitar malos entendidos.

"He curado mucho la exhibición para suscitar un punto de curiosidad que permita el diálogo; pero sin un contexto puede suscitar un rechazo", explica Arjona, convencida de que es necesario un aprendizaje.

Los límites a la libertad de expresión planean sobre cada feria o exposición de arte que se celebra en esta parte del mundo. Sin embargo, son más los gustos de los potenciales clientes los que determinan las obras que ofrecen los galeristas. Algo que parece estar cambiando.

"El coleccionista de esta zona está madurando y busca algo más que temas locales", señala Jal Hamad, de la galería madrileña Sabrina Amrani, que por tercer año consecutivo acude a ArtDubai. Significativamente, en esta ocasión también ha optado por un artista latinoamericano. En su espacio exhibe los dibujos y las estructuras del brasileño afincado en España Marlon de Azambuja, quien con paciencia explica al visitante su proceso creativo.

Para tender los puentes culturales, los asistentes pueden probar el falafel de Colombia en la cafetería de la feria.