_
_
_
_
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La fuente de todas las historias

En 'Decamerón', unos muchachos se reúne a olvidar la muerte contándose historias

Dice Boccaccio que escribió su Decamerón para los afligidos, y que nadie necesita más consuelo que las mujeres, sometidas a su madre y a la autoridad de los hombres de la casa, encerradas, sin la posibilidad varonil de salir a dar vueltas, cazar, pescar, jugar y mercadear.

Giovanni Boccaccio, ciudadano de Florencia, cortesano, burgués del siglo XIV, hijo de mercader, dirigió su gran libro a las mujeres, un centenar de cuentos para entretenerse en los malos tiempos.

Más información
Fortuna de Giovanni Boccaccio
La casa de Boccaccio
'De dioses, mitos y literatura' por CARLOS GARCÍA GUAL

Estamos en la peste de 1348, días de disolución universal. La vida social se derrumba. Y entonces una elegida sociedad de siete muchachas y tres muchachos se reúne en las colinas a olvidar la muerte contándose historias, cantando, bailando, comiendo y bebiendo bien.

No hablan de lo que han vivido, sino de lo que alguna vez oyeron, y Boccaccio oye a sus diez personajes, todas las voces, todas las músicas, cien y unas historias de amores gratos y amargos con protagonistas de distintas edades, ideas, clases, religiones, épocas y tonos, tontos y listos, valientes y pusilánimes, mezquinos y generosos. Quienes fabulan son jóvenes maduros que no se dejan seducir por fantasías: mantienen una pura fraternidad mientras tratan de tentaciones y pecados. La pasión motor de sus cuentos es el amor vivo, la atracción física, más poderosa que el sueño del amor cortés de los caballeros y las damas de los castillos legendarios. El Decamerón es carnal, vida contra la peste: el corazón y el ingenio, el desprendimiento y la gratitud, la sonrisa y la risotada contra la pesadez, la tacañería y la estupidez desinteresada o interesada.

El secreto parece estar, según Boccaccio, en sabérselas entender con la fortuna, que baraja sin orden “las cosas que estúpidamente llamamos nuestras” y es la fuente de todas las historias. El juego de los deseos cruzados al azar nunca ha sido mal tema de conversación. Y contarse cuentos no es mal remedio en tiempos malditos en los que ni para la gente de orden es vergonzoso hacer las cosas más extrañas: “Andar con las bragas en la cabeza”, dice literalmente Boccaccio.

Justo Navarro es poeta, novelista y traductor.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Babelia

Las novedades literarias analizadas por los mejores críticos en nuestro boletín semanal
RECÍBELO

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_