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CRÍTICA | CAMINANDO ENTRE LAS TUMBAS

Las sombras del ‘noir’

Liam Neeson, en un momento de 'Caminando entre las tumbas'. pulsa en la foto
Liam Neeson, en un momento de 'Caminando entre las tumbas'.

En el cine negro siempre fue más importante el cómo que el qué, la atmósfera que la trama, la desesperanza que la verosimilitud, el retrato de personajes que la acción. Y mucho de ello hay en Caminando entre las tumbas, segundo largo del experimentado guionista amante del negro más clásico Scott Frank (Morir todavia, Un romance muy peligroso), que ya desde su inicio remite, incluso en el tipo de fotografía, grano duro, tufo a amargura, a ciertas películas de Sidney Lumet iluminadas por Andrzej Bartkowiak. No llega a tales alturas, pero el carisma de Liam Neeson, en un personaje que ya interpretó Jeff Bridges en 8 millones de maneras de morir, otra de las novelas de Lawrence Block adaptadas por el cine, y la sequedad en la puesta en escena de Frank, configuran un muy digno thriller con aliento de serie B en la era del blockbuster hiperbólico.

CAMINANDO ENTRE LAS TUMBAS

Dirección: Scott Frank.

Intérpretes: Liam Neeson, David Harbour, Adam David Thompson.

Género: thriller. EE UU, 2014.

Duración: 114 minutos