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Revista de verano
COMER Y BEBER LA VIDA

Los actores de la revolución en las viñas

Un grupo de enólogos apasionados han renovado el panorama español del vino y han cimentado su prestigio

Carlos Falcó, marqués de Griñón, y su hija Xandra, en su bodega de la finca Dominio de Valdepusa.
Carlos Falcó, marqués de Griñón, y su hija Xandra, en su bodega de la finca Dominio de Valdepusa.

Cada vez son mayores los elogios internacionales a la realidad vitivinícola española. Gran parte es mérito de un puñado de enólogos enamorados del viñedo, forjadores del vino de terruño. Técnicos para quienes el vino es ante todo un desafío creativo. Son capaces de recorrer regiones olvidadas buscando la viña perdida, la ladera imposible, el terreno árido de cal y arcilla. Gente que ha nacido entre tinas de fermentación y barricas de crianza, que ama el campo, que busca lo insólito, la expresión oculta de la tierra.

TELMO RODRÍGUEZ. Don Quijote de la enología. Considerado l’enfant terrible del vino español, es el paradigma del enólogo explorador. Su empeño consiste en elaborar vinos elegantes, frescos, personales y a precio económico. Su formación se inicia en Burdeos, con tres años trabajando en Cos d’Estournel. Continúa su entrenamiento en el Ródano. Durante 10 años trabaja en la finca familiar, Remelluri, hasta que en 1994 crea la Compañía de Vinos Telmo Rodríguez. Elabora casi un millón de botellas. Destacan Pegaso Barrancos de Pizarra (VT Castilla y León), Altos de Lanzaga (Rioja), Valderiz y Matallana (Ribera del Duero), Gago y Pago la Jara (Toro). O Molino Real (Málaga), una maravilla de elegancia y dulzor sutileza.

El enólogo Álvaro Palacios.
El enólogo Álvaro Palacios.

ÁLVARO PALACIOS. Evangelista de la máxima calidad. De fogoso verbo y espíritu comercial —ha sido vendedor de barricas—, es el creador del prestigioso L’Ermita (Priorat). En el Bierzo descubrió un lugar idóneo para su última aventura, esta vez acompañado de su sobrino Ricardo: Corullón, que con La Faraona muestra el esplendor de la Mencía. Su formación enológica en Burdeos se afina durante su estancia en Petrus, donde aprende una lección: lo importante es el terruño. A los 29 años abandona el negocio familiar, la bodega riojana Palacios Remondo, y se traslada al Priorat, donde inicia, en compañía de René Barbier y Josep Lluís Pérez, el nuevo Priorato. De vuelta a la bodega familiar, ha creado uno de los vinos con mejor relación calidad / precio de Rioja, el tinto La Montesa.

PETER SISSECK. Un danés en la corte del tempranillo. El rostro sonrosado y el pelo pajizo delatan el origen nórdico de Peter Sisseck. Ingeniero agrónomo y enólogo por la Universidad de Burdeos, es el creador del vino español más cotizado en el mundo, Pingus (su apodo de joven), elaborado al estilo de los vins de garage a partir de cuatro parcelas de viñedo muy viejo. Tras un amplio periplo profesional quedó atrapado por el embrujo de Ribera del Duero. Allí descubrió el tesoro de las cepas antiguas de la uva tinta fina (tempranillo). Y triunfó con su vino, pese al elevado precio (900 euros). Para Sisseck el fenómeno demuestra que España, con una de las concentraciones de cepas viejas más altas del mundo, tiene enormes posibilidades. Él predica con el ejemplo: la bodega pequeña es la más grande.

CARLOS FALCÓ. El señor de las uvas. Sevillano de origen, elegante y caballeroso, se debe a este ingeniero agrónomo por la Universidad de Lovaina (Bélgica) y graduado por Davis (California) la modernización de la viticultura española y la consolidación del concepto Vinos de Pago. Entre su labor pionera destaca la introducción en España de uvas tan significativas como syrah y petit verdot. O la implantación, en 1974, del riego por goteo en sus viñedos del Malpica de Tajo (Toledo), las espalderas Smart-Dyson (1994), las cubas ovoides hormigonadas... En 2003, Dominio de Valdepusa se convierte en la primera denominación de origen reconocida en el ámbito nacional y comunitario y concedida a una sola finca o pago.

Pingus, vino de Peter Sisseck.
Pingus, vino de Peter Sisseck.

SARA PÉREZ. Venus en el Monsant.Tiene la sonrisa permanente, espontánea, como su padre y maestro, Josep Lluís Pérez Verdú, el mago del Priorato. Sin apenas terminar la carrera de enología, aunque ella iba para bióloga, se convierte en elaboradora de tintos inmensos como Cims de Porrera y Vall-Llach. Aunque trabaja en la finca de la familia y es asesora de bodegas de Mallorca, Penedés, Bullas y Uriel-Requena, saca tiempo para sus propios proyectos, el más destacado de los cuales es Venus, una soberbia combinación de cariñena y syrah que muestra, como la diosa, un cuerpo voluptuoso, sensualmente mediterráneo, pero tocado por la gracia. Otra maravilla del genio familiar que no cesa.

PEPE HIDALGO. Ciencia con corazón. Pocos profesionales hay en España con la capacidad técnica, la comprensión vitivinícola y la amplitud de miras como el profesor Pepe Hidalgo Togores, doctor ingeniero agrónomo, enólogo y diplomado en Planificación de Empresas. Proyectista riguroso de bodegas y viñedos, su Tratado de enología sigue siendo un referente fundamental que se materializa en las más de 12 bodegas a las que asesora. Vinos como Condes de Albarei y Pazo Baión (Rías Baixas), Pazo Casanova y Guitián (Ribeiro), Cerrogallina (Utiel-Requena), Itsasmendi (Guetarika Txkolina), Olimpo Privilegio (VT de Castilla), Traslanzas (Cigales) o Cerrado de Cuzcurrita (Rioja) son buena muestra de su versatilidad y buen hacer.