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PENSAMIENTO

Secesión imposible

Manuel Medina ha escrito un libro clave para entender el freno europeo al independentismo

Albanokosovares celebran en las calles de Pristina la declaración de independencia de Kosovo de Serbia.
Albanokosovares celebran en las calles de Pristina la declaración de independencia de Kosovo de Serbia.

Existen libros que son no solo importantes sino que aparecen en el momento oportuno. Si, además, están escritos por especialistas avalados por una larga trayectoria académica y política su significación aumenta considerablemente. En el avispero político actual creado por el “independentismo”, “secesionismo” o “nacionalismo” catalán (dejo al lector el cuidado de adoptar el concepto que más le agrade), El derecho de secesión en la Unión Europea, de Manuel Medina Ortega, es de lectura obligada no solo para los políticos de la piel de toro sino también para los ciudadanos. Cuantos más, mejor. De Cataluña y del resto de España.

Catedrático, hoy jubilado, de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense, Medina Ortega fue diputado socialista en la Transición y más de veinticinco años diputado en el Parlamento Europeo. Vicepresidente del Grupo Parlamentario del Partido Socialista Europeo. Trabajó en numerosas comisiones, entre ellas las de Asuntos Políticos, Jurídicos, Institucionales y de Mercado Interior. Presidente de la delegación para los países sudamericanos y miembro de otras relacionadas con Asia, el Magreb y algún país de la CEI. Autor de abundantes informes. El de las vacas locas, elaborado con un diputado alemán democristiano, hizo tambalearse a la comisión. Su conocimiento de los entresijos del proyecto europeo es envidiable, tanto en la teoría como en la praxis.

En lenguaje sencillo, exento de tecnicismos, Medina aborda en este libro el hoy tan de moda tema de la secesión de una parte del Estado desde una perspectiva histórica comparada, política y jurídica. Centrado en el caso de la Unión Europea, también explora las vicisitudes de los procesos secesionistas en los siglos XIX y XX y, en particular, su tratamiento en el Derecho Internacional como consecuencia de la descolonización.

Sus argumentos no causarán sorpresa a numerosos expertos. Sí, probablemente, al lector manipulado y desinformado por las pasiones políticas e ideológicas que ha despertado el caso catalán. Basándose en el principio fundamental de que la Unión Europea es, en la terminología del Constitucional alemán, un Staatenverbund (es decir, una construcción que liga a los Estados en una especie de cadena cuya solidez última depende de la de sus eslabones individuales), Medina explica las razones políticas que subyacen al relevante hecho jurídico de que la Unión no pueda reconocer el derecho a la secesión de una parte constitutiva de cualquiera de sus Estados miembros. Este queda sometido al arbitrio de los diferentes ordenamientos constitucionales. Aun cuando se prevea hoy en el caso escocés, en virtud de las peculiaridades del sistema británico, una eventual secesión de Escocia acarrearía irremisiblemente su salida de la Unión y la pérdida para los ciudadanos escoceses de su calidad de ciudadanos europeos. Nada de lo que haya dicho el Gobierno escocés, seguido por algunos teorizantes independentistas catalanes, todos interesados en endulzar la píldora de la secesión a sus votantes, puede salvar tal situación.

Pese a lo que se ha dicho, una eventual separación de Escocia acarrearía irremisiblemente su salida de la Unión Europea

La doctrina es obviamente aplicable al caso catalán.Con la diferencia fundamental, cuyos efectos son también oscurecidos por motivos no menos comprensibles, de que el ordenamiento constitucional español no prevé la secesión de ninguna de las partes del territorio. Si esta no se ajustara a tal ordenamiento las instituciones de la Unión no podrían reconocer sus resultados.

El libro que comentamos también aborda el supuesto, esgrimido en las escaramuzas ideológicas y políticas, de una supuesta “legalidad catalana” basada en el “derecho a decidir” de los catalanes sobre su propio destino. Este enfoque no tiene cabida en el ordenamiento de la Unión Europea. Tampoco en el Derecho Internacional de la época posterior a la descolonización en el cual prima la defensa de la integridad territorial frente al derecho a la libre determinación. Es ilustrativo que, desde su establecimiento en 1945, Naciones Unidas no haya admitido a ningún nuevo Estado miembro ante la oposición del Estado-matriz fuera de los casos de descolonización.

Medina presta particular atención al caso de Kosovo y subraya que para permitir un acuerdo entre los jueces la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya renunció a resolver la mayor parte de los problemas que plantea la separación de una parte del Estado, aun teniendo en cuenta las condiciones radicalmente diferentes que se daban en aquella situación. Kosovo sigue en el limbo.

Dos son los casos más destacables en la perspectiva de una eventual secesión de Cataluña: el de Quebec, muy estudiado, y el menos conocido de la secesión, ya efectuada, del cantón del Jura. En ambos los procesos políticos se han llevado a cabo con el máximo respeto al ordenamiento constitucional de los países afectados, Canadá y la Confederación Helvética. En ningún momento suministran apoyo para una eventual “secesión unilateral” en el caso catalán.

La ONU no ha admitido a ningún nuevo Estado miembro ante la oposición del Estado-matriz fuera de los casos de descolonización

El autor pasa revista a las distintas declaraciones de portavoces de la Comisión Europea (incluidos su presidente, la comisaria responsable y la secretaria general) que han dejado claro, en términos nada ambiguos, la postura de la Unión. De destacar es una doctrina mantenida sin la menor contradicción y que ya fue enunciada hace diez años por Romano Prodi: “Una nueva región independiente (…) se convertirá en un tercer Estado en relación con la Unión y, desde el día de su independencia, los tratados ya no serán de aplicación en su territorio”. Ello implica la necesidad de renegociación entre el nuevo Estado, caso de querer adherirse a la Unión, y la aplicación de la regla de la unanimidad para su admisión. No puede haber continuidad de una Cataluña independiente en la Unión.

Parece mentira que un proceso de eventual secesión como el que lideran Alex Salmond y el Scottish National Party pueda sostener todavía hoy lo contrario. En los burladeros de Bruselas circula, por lo demás, la especie de que el Gobierno escocés ya renunció hace tiempo a dar a conocer el dictamen que sobre el tema se afirma encargó a un importante bufete bien relacionado con las instituciones. Por algo será.

El libro se fundamenta en una literatura en alemán, catalán, español, francés e inglés de más de ochenta títulos. La ausencia, querida, de notas a pie de página facilita la lectura. En resumen, un libro indispensable para quien quiera decir algo más que eslóganes políticos o ideológicos.

Por lo demás, otro de los colegas de Medina, el profesor Gregorio Garzón, exmiembro del Servicio Jurídico de la Comisión Europea y exjurisconsulto del Parlamento Europeo, no hace mucho que, según informaciones de Internet, expuso tesis parecidas a las de Medina en su comparecencia ante el Parlamento de Cataluña. Solo quienes quieren engañar a otros se engañan a sí mismos.

El derecho de secesión en la Unión Europea. Manuel Medina Ortega. Fundación Alfonso Martín Escudero / Marcial Pons. Madrid, 2014. 239 páginas. 23 euros.