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El caso de Cuauhtémoc Blanco enfría las expectativas del feminismo en México

El movimiento confirma que el poder “sigue en manos de hombres” y busca nuevas formas de lucha ante una paridad institucional que se revela insuficiente

Cuauhtémoc Blanco
Carmen Morán Breña

El caso del diputado morenista Cuauhtémoc Blanco, que gracias al poder masculino en el Congreso ha evitado el desafuero que le pondría ante la justicia por la denuncia de intento de violación contra su hermanastra, ha echado un buen cubo de agua fría sobre las expectativas de las feministas en este sexenio. El espectáculo en la Cámara baja, donde se concedió la palabra al acusado y recibió el apoyo de algunas diputadas morenistas no ha impedido ver el fondo del asunto: la alta política sigue en manos de hombres que negocian sus acuerdos sin que la representación paritaria pueda hacer nada por evitarlo. Tampoco han servido las declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum argumentando que son cosas de las Cámaras y de los partidos políticos. El feminismo en México sigue fuerte y sabe que falta mucho por hacer para que sus reivindicaciones toquen tierra más allá de las leyes que amparan la igualdad. Pero otra certeza se abre camino en el movimiento: con la paridad en las instituciones no es suficiente. La lucha tiene que transitar otros caminos.

No hay día en que el famoso techo de cristal no deje ver su armazón de cemento, raíz del descontento que de tarde en tarde nubla las esperanzas de las feministas. Casi seis meses ya desde que la primera mujer en la historia tomara posesión como presidenta, dos acontecimientos señalados han enfriado los ánimos del feminismo, este de Cuauhtémoc Blanco y la negativa del Congreso a aprobar una iniciativa contra el nepotismo tal cual la presentó la presidenta. A principios de este mes, los barones morenistas y los del partido Verde impidieron que la medida presidencial entrara en vigor en 2027, como pedía Sheinbaum. La llevaron al 2030. “Eso con el anterior presidente no habría pasado”, asegura Martha Tagle, consultora en Género y Derechos Humanos, además de exdiputada. Los nombres de Ricardo Monreal y Adán Augusto López, jefes de las bancadas morenistas de diputados y senadores, el de Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado y el de otros líderes de partidos aliados se dejaron ver como el gran muro masculino contra el que podría estrellarse la propia presidenta. Todos ellos y alguno más, como el hijo del expresidente, Andrés Manuel López Beltrán, protagonizaron otro gesto a recordar, sacándose una foto dando la espalda a Sheinbaum en un acto oficial.

“Hay desánimo”, continúa Tagle, “por lo de ayer [de Blanco] y porque no vemos cambios sustanciales en estos meses”, afirma. “Pero ya se sabe que las feministas somos insistencialistas”, ríe, “y encontraremos nuevas maneras de lucha, habrá que seguir con la Academia, con el activismo, con la prensa, tenemos que dar otros pasos. Sigue haciendo falta el feminismo de las calles. Nos ha quedado claro que la llegada de una mujer y la paridad en las instituciones no supondría un cambio automático”, dice. A pesar de todo, es pronto para condenar un sexenio: “Todavía estamos a tiempo de enderezar el rumbo”, sostiene Tagle, quien pertenece a la red Mujeres en Plural.

Pero el regusto del caso Blanco ha sido amargo, porque el poder político, en lugar de desaforar al diputado para que enfrente la justicia, sin más, “ha decidido investigar a ver si la causa [por intento de violación] contra él estaba bien o mal sustentada, cuando eso no es lo que les corresponde”, señala Patricia Olamendi, integrante de Todas México y Mujeres en Plural. “¿Está acusado? Sí. ¿Ante la autoridad conveniente? Sí. Pues póngase a disposición de los jueces. La víctima no tiene por qué pagar las consecuencias del mal funcionamiento de las fiscalías, ella acudió donde debía acudir”, sigue Olamendi. De todo ello infiere una de las realidades más terribles contra las que luchan las mujeres en todo el mundo: “No nos creen, a las víctimas no las creen, siguen sin creerlas”.

El mensaje que ha lanzado la Cámara, añade la feminista, “es muy desagradable porque va en contra de la política de seguridad de las mujeres”. “¿En qué país siete de cada 10 mujeres declaran haber sufrido violencia de género. En cuál hay más de 10 muertas de promedio al día?”. La seguridad sigue siendo una de los grandes pendientes de México, pero así como estas últimas semanas ha habido un gran despliegue contra la delincuencia del crimen, las feministas no acaban de ver un programa similar para proteger a las mujeres. “Seguimos conformes con que haya una Secretaría de las Mujeres, pero creemos que no tiene capacidad para abordar este asunto, que debería estar en la de Seguridad”, afirma Olamendi.

Desánimo, decía Tagle. “Preocupación”, dice Olamendi. No cree que se pueda todavía afirmar que el movimiento está en guerra contra la presidenta, ni mucho menos, pero sí echa en falta alguna declaración más aguerrida. “La presidenta se ha comprometido a apoyar a las mujeres, pero lo ocurrido con Blanco genera escepticismo sobre cuánto se podrá avanzar en la agenda feminista, porque el problema de las mujeres debe ser una emergencia nacional”, afirma. “Sheinbaum no puede decir que es cosa del Congreso y que no se puede meter, claro que se puede meter, ella es la presidenta. Todos se meten donde no deben, pues ella también puede”, dice. “Lo que ha quedado claro es la calidad de quienes dirigen las Cámaras”, añade. “Eso sí ha generado mucho enojo”.

Recién inaugurado el mandato, Sheinbaum hizo un gesto a las mujeres llevando de inmediato a la Constitución el derecho a la igualdad sustantiva y a una vida libre de violencia, dos pilares fundamentales, así como la creación de la Secretaría de las Mujeres, “un paso adelante” que eleva la interlocución en este asunto. “El problema es cómo se va a materializar eso, cómo se va a garantizar, porque hay poco presupuesto”, dice Olamendi, quien lamenta que el Sistema Nacional de Cuidados, también fundamental para la independencia femenina, haya arrancado con timidez, apenas 1.000 centros de infancia, por falta de presupuesto. Lo mismo opina Tagle, que espera que las medidas del papel salten a los hechos, a las políticas activas.

Tagle ve con buenos ojos el papel que representa en la lucha la secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández, una mujer criada en la cuna del feminismo, pero el escándalo de Cuauhtémoc Blanco, dice, deja al descubierto cómo cualquier asunto se puede partidizar. “El poder lo siguen ejerciendo los hombres. Y sí, hay un enorme problema con las fiscalías, pero pues habrá que cambiarlo”. A Blanco le ha salvado el desafuero porque los diputados se han agarrado a una investigación mal instruida por la Fiscalía de Morelos, al mando entonces de Uriel Carmona, un controvertido personaje que la presidenta ha calificado de estar al lado de los feminicidas y de tirar contra Blanco por intereses oscuros. Todo ello puede ser, pero, dicen las feministas, la que ha quedado de nuevo a los pies de los caballos ha sido la víctima. Sheinbaum confía, así lo ha dicho en la Mañanera de este miércoles, que el nuevo fiscal estatal encauce este caso con mejor fortuna para la denunciante. En eso confían también las feministas y mantienen con el Gobierno, todavía, la misma cautela que expresaron al inicio de este mandato.

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Sobre la firma

Carmen Morán Breña
Trabaja en EL PAÍS desde 1997 donde ha sido jefa de sección en Sociedad, Nacional y Cultura. Ha tratado a fondo temas de educación, asuntos sociales e igualdad. Ahora se desempeña como reportera en México.
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