_
_
_
_

El nepotismo y Cuauhtémoc Blanco marcan los límites de Morena contra la corrupción

La mayoría oficialista en el Congreso congela la petición de desafuero contra el exfutbolista, ahora diputado federal, y desfigura la ley contra las dinastías políticas por interés de sus socios

Cuauhtémoc Blanco durante la sesión ordinaria de la Cámara de Diputados, EL 11 DE FEBRERO 2025.
Cuauhtémoc Blanco durante la sesión ordinaria de la Cámara de Diputados, EL 11 DE FEBRERO 2025.Mario Jasso/Cuartoscuro
Pablo Ferri

Morena vuela en el Congreso sin resistencia alguna, una nave espacial en el vacío interestelar. No hay oposición que valga, en minoría total. En el seno de la formación guinda se hace y deshace, en perfecta coordinación con sus socios, siempre atentos a los deseos silenciados de la mayoría. El caso de la petición de desafuero contra el diputado federal Cuauhtémoc Blanco, y el parcheo a la ley contra el nepotismo y la reelección, ilustran el paradigma reinante, inaugurado hace algunos meses con la discusión por la reforma judicial y su dramático desenlace, protagonizado por los Yunes, familia de tradición panista que acabó con sus huesos en Morena.

“La política es optar entre inconvenientes”, ha dicho este miércoles la presidenta, Claudia Sheinbaum, sobre la ley contra el nepotismo y la reelección, iniciativa que ella misma mandó al Congreso, y que debía entrar en vigor en 2027, al menos parcialmente. Con los cambios impuestos en el Senado, lo hará en 2030, rezago que alivia el nerviosismo de cargos públicos oficialistas y sus pretendidos herederos, que aspiran a puestos de elección popular en 2027, cuando se renuevan decena y media de gubernaturas y otros tantos cargos.

Parece que el inconveniente elegido no ha gustado a la mandataria, que ha dicho que el pueblo vería mal la continuidad de dinastías políticas, ya en 2027. Tampoco a la dirección de Morena, que este miércoles, en respuesta a su grupo parlamentario, ha anunciado que cambiará sus estatutos “para no presentar propuestas de familiares” en 2027, y tampoco en las elecciones locales de este verano.

Otra historia es el Congreso. Cuidar la unidad de la coalición es mantra en Morena, sutil en el cuidado de sus socios, el Partido Verde y el Partido del Trabajo, principalmente, apoyo labrado durante los años del expresidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024). Así lo ha expresado el presidente de la Mesa del Senado, Gerardo Fernández Noroña, personaje importante del movimiento, abonado últimamente al pragmatismo. Fue Noroña quien explicó que el rezago de la ley respondía a una petición del Verde, que tiene interés en que la esposa del actual gobernador de San Luis Potosí, ambos de su formación, le suceda en 2027. “[La norma] va a entrar en vigor en 2030, ¿cuál burla?”, ha dicho Noroña.

La petición del Verde funciona en realidad como excusa, porque incluso al interior de Morena hay cuadros felices de la postergación de la entrada en vigor de la ley contra el nepotismo. Este martes, por ejemplo, el senador morenista Félix Salgado Macedonio, padre de Evelyn Salgado, gobernadora de Guerrero, celebraba el cambio en la norma con una publicación en sus redes, “¡Hay toro!”, que recordaba a sus tiempos de campaña en el Estado, en 2021. Entonces, el tribunal electoral tumbó la candidatura del padre por un tema de gastos en precampaña, en medio de un escandaloso ruido de fondo, por las denuncias en su contra por violación, abuso y acoso.

Salgado salió entonces de la contienda y, mientras tanto, ganó una senaduría. Ahora aspira de vuelta al gobierno de Guerrero, caso parecido al de la familia Monreal –sin acusaciones de violación de por medio– que ha construido su feudo de poder en Zacatecas, con incursiones en Ciudad de México. Los Monreal, con Ricardo al frente, han defendido la norma contra el nepotismo estos días, al mismo tiempo que uno de los hermanos, Saúl, ha confirmado sus aspiraciones a suceder a otro de los hermanos, David, en la gubernatura de Zacatecas.

Esta adecuación pragmática a las necesidades políticas del momento responde a un esquema tan antiguo como la luz de las estrellas. Morena no ha inventado nada, pero prometió ser distinto, de ahí que se miren con lupa sus artimañas. En el pasillo de las polémicas pendientes aguarda ahora la petición de desafuero contra Cuauhtémoc Blanco, exfutbolista, exalcalde de Cuernavaca, exgobernador de Morelos, y ahora diputado federal. Depende de quién lo cuente, la petición de desafuero responde a la denuncia de su media hermana por intentar violarla mientras era gobernador, o a la persecución política del exfiscal de Morelos, Uriel Carmona, destituido fulminantemente tras la presentación de la petición ante el Congreso, hace unas semanas.

Sea como sea, el caso es que la Cámara de Diputados debe resolver la petición de desafuero, llamada oficialmente juicio de procedencia, misiva que ha llegado en primera instancia a la Sección Instructora, órgano legislativo que debe recomendar al pleno desaforar o no a Blanco, para que sea o no juzgado. Tres semanas han pasado desde que llegó la petición a la Cámara, tiempo en que el asunto no ha avanzado un milímetro. La Cámara ha devuelto la petición a Morelos por pequeños defectos de forma. La gravedad de la acusación deja poco espacio de maniobra a la sección instructora, también a la fiscalía de Morelos, que ahora dirige un fiscal cercano a la gobernadora, Margarita González.

Ocurre que tanto el gobierno de Morelos como la Sección Instructora están en manos de Morena y sus aliados. Ahora en las filas de la formación guinda, el diputado Hugo Eric Flores, presidente del órgano, es el viejo líder del partido evangélico Encuentro Social, antiguo aliado del obradorismo. Flores fue precisamente quien capitaneó la llegada de Blanco al gobierno de Morelos en 2018. Luego se pelearon y ahora Flores acusa a Blanco de ladrón, como poco. Todo parecería indicar que nada detiene a Flores y sus aliados en la sección, para recomendar al pleno el desafuero de Blanco, pero el pragmatismo se impone de momento.

En cuanto a la gobernadora, su gabinete ha presentado denuncias estas semanas por malversación en los años de Blanco al frente del Gobierno local. González ha insistido en que no taparán a nadie, pero la falta de noticias sobre la petición de desafuero, que la Cámara de Diputados ha devuelto a la fiscalía local, supuestamente para subsanar pequeños errores, elevan las dudas sobre sus intereses. Morena tiene la última palabra, con Blanco y con el nepotismo. En sus manos está que el pragmatismo no se imponga a la pulcritud de su ideario original.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Pablo Ferri
Reportero en la oficina de Ciudad de México desde 2015. Cubre el área de interior, con atención a temas de violencia, seguridad, derechos humanos y justicia. También escribe de arqueología, antropología e historia. Ferri es autor de Narcoamérica (Tusquets, 2015) y La Tropa (Aguilar, 2019).
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_