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Los amos de la Red colonizan el arte

Compañías como Google, Yahoo o Twitter subvencionan la creación para afianzar su presencia en el sector cultural

Es una tendencia en vías de crecimiento

El Instituto Cultural Google en París.
El Instituto Cultural Google en París.

Nada en la fachada de esta espectacular villa decimonónica nos haría presagiar lo que encontraremos dentro, si no fuera por los barrotes en la reja de entrada, pintados con los colores corporativos, y por una pequeña placa pegada a la puerta, que reza “I’m feeling lucky” (Voy a tener suerte). La primera sede física del Instituto Cultural Google abrió sus puertas en diciembre unas calles por encima de la Ópera Garnier, en un lujoso local de 340 m2 pegado a la sede de la compañía en París. Una línea de apoyo al arte en general a la que ya se han sumado otras grandes corporaciones de la Red que han entendido que interesarse en la creación artística es una gran inversión. Ferias, laboratorios, mecenazgo, bienales, patrocinios, publicidad y demás formas de tomar posición en el arte contemporáneo.

La primera sede física del Instituto Google abrió en París en diciembre

En el interior del Instituto Cultural Google, pantallas gigantes escupen imágenes de resolución casi insultante, desde una máscara del primer neolítico hasta un lienzo de Chris Ofili, integrante de los Young British Artists. Cruzando una sala de reuniones, con aspecto de oficina ciencióloga, se accede a un laboratorio digno de una película Pixar, dotado de impresoras tridimensionales, cámaras fotográficas de 360 grados y una sala de videoconferencias que parece destinada al salto hiperespacial. “En continuidad con nuestra plataforma online, el laboratorio nos permitirá redoblar nuestro esfuerzo para facilitar el acceso a la cultura y contribuir a su preservación para las generaciones futuras”, declaró el vicepresidente de Google, Vint Cerf, al presentar el proyecto.

Son creaciones que seducen a un público en crecimiento.

dicen desde Zerol

Si se traduce su neolengua, el llamado Lab profundizará en lo que Google ya lleva haciendo desde 2011: digitalizar las obras de 400 centros de arte e instituciones culturales pertenecientes a una cincuentena de países, visibles en ese fastuoso museo virtual de 57.000 obras conocido como Google Art Project. Pero la compañía también va un poco más allá con este espacio pensado como punto de intersección entre el sector cultural y el de las nuevas tecnologías, que subvencionará la creación joven y acogerá coloquios sobre asuntos innovadores. El primero, previsto para este mes, estará capitaneado por Camille Morineau, artífice de la iconoclasta reordenación de la colección permanente del Centro Pompidou en 2009, que dedicó una planta entera a las mujeres artistas.

A partir de marzo, el laboratorio también acogerá a jóvenes artistas residentes, seleccionados por la plataforma 89plus, dirigida por dos nombres de reconocido prestigio en el arte contemporáneo: Simon Castets, recientmente nombrado director del Swiss Institute de Nueva York, y el supercomisario Hans-Ulrich Obrist, a cargo de la Serpentine Gallery en Londres. Los artistas tendrán que cumplir dos condiciones: haber nacido después de 1989 y desarrollar un proyecto relacionado con las nuevas tecnologías.

Arte para que lo disfruten todos

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La directora ejecutiva de Yahoo, Marissa Meyer, ha financiado The Bay Lights, costosa intervención luminosa del artista estadounidense Leo Villareal sobre el Puente de la Bahía de San Francisco, donde se puede ver hasta marzo de 2015.

Pero este encomiable proyecto también ha levantado suspicacias. Hay quien ve en esta nueva sede del Instituto Cultural Google una estrategia de seducción dirigida a las autoridades francesas, recelosas de los proyectos que la compañía desarrolla en su territorio. Conocida por sus ataques públicos a los gigantes de Internet, la ministra de Cultura, Aurélie Filippetti, anuló su asistencia a la inauguración en el último minuto, temerosa de que el gesto fuera interpretado como un apoyo incondicional a la empresa. “Pese a la calidad de los proyectos, no quiero servir de garante a una operación que no invalida ciertas cuestiones que debemos tratar con Google”, expresó Filippetti, citando “la equidad fiscal, la protección de los datos personales, la diversidad cultural y los derechos de autor”.

Era de alianzas

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Paddles On! es una venta de arte digital creada por Tumblr y la casa de subastas Phillips. Tras una primera experiencia en Nueva York volverá a celebrarse en Londres en mayo y las obras se expondrán en París.

El director del Lab, Laurent Gaveau, asegura no entender estas reticencias. “El proyecto responde a la misión que ha guiado a Google desde su creación: organizar y permitir el acceso a la información en Internet. No tendría sentido que la cultura y el arte quedaran al margen de esta empresa”, explica Gaveau, fichado por Google el verano pasado, cuando trabajaba en el Palacio de Versalles, donde se ocupó con éxito de los programas de nuevas tecnologías. Cuando abandonó su cargo, las visitas virtuales ya superaban a las reales. Que el Instituto Google no esté abierto al público, más que en contadas ocasiones, no ha contribuido a convencer a los escépticos. “No será una galería de exposiciones, sino un lugar de trabajo”, justifica el director. “Está pensado como un espacio de encuentro con artistas y con instituciones que nos quieran conocer mejor. Y en el que podamos vencer, cuando sea necesario, las reticencias que existen”, reconoce.

Para Gaveau, resulta “lógico” que una empresa dedicada a la innovación tecnológica responda a “la demanda creciente de los internautas por los contenidos artísticos”. Lo mismo argumentan los observadores de un panorama marcado por sinergias crecientes entre los gigantes de Internet y el mundo del arte. “Los avances tecnológicos han transformado todos los aspectos de nuestra cultura. Tiene sentido que la confluencia entre la tecnología y las artes crezca. Las compañías han visto el enorme potencial que existe en ese terreno”, afirma Janet Bishop, conservadora del Museo de Arte Moderno de San Francisco (SFMOMA). Cerrado por reformas hasta 2017, el centro acaba de comisariar un lujoso programa de arte contemporáneo, que se expone en las calles de Los Altos, en el corazón de Silicon Valley.

El museo encargó a nueve figuras de prestigio en el mundo del arte y la fotografía —entre ellos, Mike Mills, Alec Soth, Christian Jankowski o Jessica Stockholder— una serie de proyectos inspirados en la vida diaria en la privilegiada comunidad residencial que circunda a la meca digital. “Silicon Valley es conocido por muchas cosas, pero no necesariamente por la cultura. Nuestro programa ha cubierto un vacío”, añade Bishop. El proyecto habría contado con el apoyo económico de un misterioso grupo de inversión llamado Passerelle, detrás del que se encontraría, según The Wall Street Journal, uno de los fundadores de Google, Sergey Brin.

Las obras de Rafaël Rozendaal tienen 40 millones de visitantes en Internet

El museo se ha negado a confirmarlo, alegando que los donantes prefieren seguir siendo anónimos. Pero el proyecto es una prueba más del acercamiento de dos mundos que, hasta no hace tanto, preferían ignorarse el uno al otro. En el adinerado valle también se celebrarán este año dos nuevas ferias de arte: Silicon Valley Contemporary (en abril) y Art Silicon Valley (en octubre), que aspiran a seducir a los dirigentes de las puntocom que han empezado a configurar sus colecciones privadas o corporativas. Entre otros, “los dirigentes de Facebook, Google, Adobe o Cisco”, en palabras del presidente de la primera, Rick Friedman. “Invertir en arte permite que esas corporaciones establezcan un diálogo ajeno al producto que suelen ofrecer, de una forma sutil e intelectual. Comprar arte genera un valor para la compañía cuantificable a muchos niveles distintos”, opina por su parte Nick Korniloff, director de Art Silicon Valley.

Bill Gates, en cambio, no entiende que no se prefiera apoyar la salud

Ambas ferias se sumarán a una bienal algo más veterana, Zero1, que desde 2006 intenta colocar Silicon Valley en el mapa del arte contemporáneo. Sus responsables entendieron que el arte ha sido una inversión inteligente en las últimas dos o tres recesiones. Y que los jóvenes millonarios que dirigen el sector digital son más sensibles al arte más novedoso que a las formas más tradicionales. “Son compañías que buscan lo nuevo, lo diferente y lo más avanzado. El arte digital lo es. Seduce a un público cada vez más extenso, joven y cool. No es extraño que Silicon Valley se interese por el arte justo ahora”, apunta la portavoz de Zero1, Sarah Beth Nesbit.

La excepción a la regla responde al nombre de Bill Gates. El fundador de Microsoft aseguró en una reciente entrevista al Financial Times que no entendía a quienes prefieren donar dinero a un museo que a curar enfermedades que provocan la ceguera. Los gigantes de Internet responden, con sus actos, que el ciego debe de ser él. La directora ejecutiva de Yahoo, Marissa Mayer, financió parte del proyecto The Bay Lights, del artista Leo Villareal, formado por 25.000 puntos de luz dispuestos sobre el Puente de la Bahía de San Francisco hasta marzo de 2015. Costó 8 millones de dólares (5,85 millones de euros), una suma más que considerable que también contribuyó a sufragar Mark Pincus, fundador de Zynga, líder de los juegos online. Por su parte, el máximo responsable de Twitter, Jack Dorsey, se encuentra entre los impulsores que financiaron Artsy, la plataforma social destinada a coleccionistas y aficionados al arte.

Afianzar la presencia

Los amos de la Red colonizan el arte

Posicionarse en el arte permite a las empresas afianzar su presencia en un sector que sigue creciendo. El máximo responsable de Twitter, Jack Dorsey, se encuentra entre los impulsores que financiaron Artsy, la plataforma social destinada a coleccionistas y aficionados al arte.

Posicionarse en el arte permite a las empresas afianzar su presencia en un sector que, por mucho que se anuncie el apocalipsis, sigue creciendo año sí y año también. El año pasado, la plataforma de microblogging Tumblr celebró la primera edición de Paddles On!, una venta de arte digital en colaboración con la prestigiosa casa de subastas Phillips, que ha abrazado el mismo posicionamiento estratégico: mover ficha en el sector, todavía poco concurrido, de la última creación artística. JWT, agencia referente en la observación de tendencias de consumo, ha apuntado que el arte digital terminará de explotar en 2014. Hace pocos meses, un cuadro en monocromo estrictamente negro realizado con una impresora de inyección de tinta, a cargo del artista Wade Guyton, se vendió por 1,2 millones de dólares (876.000 euros) en una subasta en Christie’s.

Los gigantes de Internet no harían más que seguir ese paso. “El MoMA recibe cerca de tres millones de visitas cada año. Un número considerable, pero superado por las obras interactivas creadas por el artista Rafaël Rozendaal, descubiertas por 40 millones de visitantes al año en Internet. Estas corporaciones han entendido que interesarse por el arte es, ahora más que nunca, una inversión inteligente”, concluye la comisaria de Paddles On!, Lindsay Howard, que este año repetirá la experiencia con dos citas en Londres y en París. Todo apunta que no serán las últimas.

Proyectos en expansión por el mundo

El Instituto Cultural Google acaba de abrir su primera sede física en París: un laboratorio de creación que financiará proyectos artísticos que necesiten el apoyo de las nuevas tecnologías. Además, seguirá nutriendo la Google Open Gallery. El museo ampliará su colección permanente de videojuegos, que permite visualizar virtualmente 57.000 obras de 400 museos de todo el mundo.