Harrison Ford: “No me confundáis con el tipo que aparece en la pantalla”

Harrison Ford presenta en Madrid su última película, ‘El juego de Ender’ El actor repasa anécdotas, personajes y claves de su carrera

Harrison Ford, recibiendo un homenaje por su carrera el pasado 4 de octubre en Zúrich
Harrison Ford, recibiendo un homenaje por su carrera el pasado 4 de octubre en Zúrichvittorio zunino celotto (getty images)

Reina la tensión en la galaxia. La Estrella de la Muerte del malvado Imperio amenaza con desintegrar a los últimos baluartes de la resistencia. Y un puñado de rebeldes vela sus naves espaciales para que la esperanza no se apague. Todo está listo para una batalla final a golpes de espadas láser, hiperespacio y tiroteos espectaculares. En medio de la calma que precede la tormenta, de repente, un coche amarillo pasa a toda prisa (contemporánea, no galáctica) y se lleva por delante a uno de los héroes de los buenos. ¿Qué sería lo siguiente? Seguramente, el despido del guionista. “Desde luego Han Solo no iba a morir atropellado por un taxi”, se ríe el hombre que interpretó ese mítico papel, Harrison Ford (Chicago, 1942). Pero, más allá de la broma, el actor desvela que sí quiso e imaginó otro final para la trilogía de La guerra de las galaxias: “Pensaba más bien en una muerte heroica. Creía que, a esas alturas del filme, la máxima utilidad de Han era darle la oportunidad a otro de los personajes principales de ir más a fondo emocionalmente gracias a su sacrificio”.

Afortunadamente —o no— George Lucas no le hizo caso. De ahí que Han Solo terminara vivo y, ahora, listo para reincorporarse a los próximos capítulos de la saga. El primero, el Episodio VII, se estrenará en 2015. ¿Y qué hará en él Han Solo? “¿Habla conmigo? Buen intento. No tengo respuestas”, contesta Ford, con otra sonrisa. Lo cierto es que su regreso a La guerra de las galaxias está prácticamente confirmado, aunque el actor se niega desde hace meses a ofrecer más detalles a este propósito. A veces, en todo caso, uno no tiene muy claro si el actor va a añadir algo más y cuando. Sus susurros pausados hacen complicado entender dónde terminan sus respuestas, o distinguir entre un silencio incómodo o la espera de la siguiente pregunta.

Más fácil, sin duda, es que Ford hable de la razón por la que se encuentra en Madrid. Promociona su última fatiga, El juego de Ender, una película de ciencia ficción que se estrena el viernes 8 de noviembre y en la que interpreta a un coronel que busca formar al futuro salvador del planeta. “El proyecto contaba con gente ambiciosa de manera positiva. Y era un personaje interesante, distinto a lo que había hecho antes”, relata el intérprete.

Antes, en realidad, Ford ha hecho de todo. Ha sido un aventurero con látigo, sombrero y un miedo esquizofrénico a las serpientes, un policía a caza de replicantes o un abogado sin escrúpulos golpeado por la amnesia. Curiosamente, la misma enfermedad que sufre Ford con sus películas malogradas: “Nunca aspiro a hacer un trabajo malo, pero si los he hecho tengo la sensatez de callármelos y olvidarlos”. De ahí que, obviamente, el actor tampoco acceda a nombrar su peor (y, de paso, también el mejor) papel: “¿Por qué se lo diría? ¡Usted va a decírselo a más gente! De todos modos esa elección le corresponde a los espectadores”.

Los estadounidenses, en concreto, en una encuesta del año pasado, le escogieron como el mejor actor para interpretar al presidente. Su mandatario de Air Force One acabó derrotando al Morgan Freeman de Deep impact y al Bill Pullman de Independence day. “Porque se pegaba con otros tipos y pilotaba aviones. Estaba basado en hechos reales”, bromea Ford, que es piloto habitual de avionetas y helicópteros.

¿Trabajos malos? Si los he hecho, tengo la sensatez de callármelos”

De hecho, hay otro aspecto en el que personaje e intérprete se parecen: James Marshall era un presidente que mostraba claramente cómo podía ser útil. Y sobre ese pilar Ford considera que ha levantado toda su carrera: “No hay que pensar en uno mismo, sino centrarse en cómo seguir siendo útil, en el plató, para los directores, para los demás”. La otra palabra que el actor repite a menudo a lo largo de la charla es “ambición”. Por ella se alejó del cine durante un tiempo tras American graffiti y se dedicó a la carpintería: “Estaba construyendo mi carrera, no aceptando todos los papeles que se me cruzaban por el camino sino escogiendo los que podían llevarme donde quisiera”. Y por ella, también, cuenta que desde el minuto quiso una trayectoria duradera y no meteórica.

Y lo ha conseguido, quizás incluso demasiado. Porque ser el protagonista de Blade runner o Indiana Jones permite ver cosas que los humanos no creerían pero también te obliga a adentrarte en el templo maldito —para Ford— de las estrellas. “Odiaba ser famoso, perder la intimidad. El talento básico del actor es la empatía, ser capaz de entender cómo se siente la gente. Y cuando vi que en vez de observar me convertí en objeto de observación lo detestaba”. Con el tiempo, sin embargo, Ford sostiene que ha aprendido a aceptar y usar la fama. Y a separar los dos mundos. “Este es mi negocio, me da dinero y es como me gano de vivir. Lo amo, pero representar a un personaje es mi trabajo. No me confundáis con el tipo que aparece en la pantalla”. No será un Indiana Jones o un Rick Deckard. Pero, bueno, es Harrison Ford.

Sobre la firma

Tommaso Koch

Redactor de Cultura. Se dedica a temas de cine, cómics, derechos de autor, política cultural, literatura y videojuegos, además de casos judiciales que tengan que ver con el sector artístico. Es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Roma Tre y Máster de periodismo de El País. Nació en Roma, pero hace tiempo que se considera itañol.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS