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CRÍTICA: 'RUNNER, RUNNER'

Apostando a la baja

No parece que este tercer largometraje de Furman aporte demasiadas razones para reivindicarle, por lo menos, como competente director de actores

Fotograma de 'Runner, Runner'. pulsa en la foto
Fotograma de 'Runner, Runner'.

En su anterior trabajo, El inocente (2011), Brad Furman se enfrentaba a la adaptación de la obra de un peso pesado del neo-noir como Michael Connelly y salía un tanto trasquilado de la operación: las ingenuidades de su puesta en escena y los subrayados de guion acababan devaluando el material de partida, pero, en el conjunto, comenzaba a apuntarse la redención profesional que Matthew McConaughey finalmente ha materializado en Mud y, al parecer, en Dallas buyers club. Aunque un actor tan discutido —y discutible— como Ben Affleck afronte en Runner, Runner un cierto cambio de registro, no parece que este tercer largometraje de Furman aporte demasiadas razones para reivindicarle, por lo menos, como competente director de actores. Aquí, el material de partida, un guion bastante rutinario de Brian Koppelman y David Levien —ocasionales colaboradores de Steven Soderbergh— tampoco puede presumir del pedigrí Connelly y se revela como la rutinaria aplicación de una ecuación arquetípica, cuyas cifras son el tipo imantado por la atracción de lo oscuro, la mujer fatal y el mafioso. Si esto fuera una película de Lynch o una novela de J.G. Ballard, esas tres cifras trascenderían en funciones psicoanalíticas —el Yo, el Ello y el Súper-Yo—, pero Runner, Runner pertenece a ese tipo de productos cada vez más habituales: la película sin ápice de inconsciente.

Runner, Runner

Dirección: Brad Furman.

Intérpretes: Justin Timberlake, Ben Affleck, Gemma Arterton, Anthony Mackie, Oliver Cooper, Michael Esper, Christina George.

Género: thriller.

Estados Unidos, 2013.

Duración: 91 minutos.

Furman y su tándem de guionistas conjugan su juego de tópicos en el nuevo contexto de las apuestas online, con la impunidad de las nuevas mafias de lo virtual en los consabidos paraísos fiscales. Justin Timberlake encarna al joven cachorro que se meterá en la boca del lobo intentando financiar su carrera universitaria con el dinero ganado a golpe de click: he ahí un hilo del que tirar para señalar la absoluta inoperancia de la película. Preguntarse por la lógica de un sistema que aboca al estudiante universitario a hipotecar su futuro a través del endeudamiento hubiese sido lo propio en un film noir con verdadero sentido ético.