Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
SILLÓN DE OREJAS

Sobre estrellas y estrellados

'Servicio completo' (Anagrama) de Scotty Bowers es un volumen de chismografía sexual por arrobas

En 'Breve historia del mundo contemporáneo', Juan Pablo Fusi traza un completo panorama de la historia global desde la “era de la revolución” hasta lo que llama “revolución de 1989”

Sobre estrellas y estrellados

En De cine. Aventuras y extravíos (Galaxia Gutenberg), una recopilación póstuma de ensayos acerca de algunos de los directores que “particularmente me maravillan”, Eugenio Trías (1942-2013) aclara indirectamente por qué considera que el cine es el único arte verdaderamente total, wagneriano. Trías, cuyo Vértigo y pasión (Taurus, 1998), un sugerente ensayo en torno a la célebre película de Hitchcock, aún deslumbra como ejemplo cabal de integración de crítica filosófica y hermenéutica cinematográfica, nos ofrece en su último libro algo mucho más valioso que un mero canon personal: el testamento de un apasionado amante del cine provisto de aparejos teóricos que le permiten explicarse y explicarnos qué es lo que hace que algunas de nuestras películas favoritas sean tan grandes. Por lo demás, desde los pioneros Vachel Lindsay y Hugo Münsterberg —que empezaron a reflexionar sobre la esencia del cine cuando todavía era silente— a pensadores de ahora mismo como Deleuze y Badiou, pasando por clásicos como Rudolp Arnheim (El cine como arte, Paidós, 2008), André Bazin (¿Qué es el cine?, Rialp, 2012) o el aún activo Edgar Morin (El cine o el hombre imaginario, Paidós, 2001), filósofos y teóricos de las más diversas escuelas y filiaciones no han cesado de pensar acerca del cine y de quiénes lo hacen. Morin, por ejemplo, supo analizar en Les stars el significado profundo del star system, descifrando lo que las estrellas más populares, a la vez ídolos y mercancías, revelaban acerca de los espectadores, de sus anhelos y ansiedades. La crónica chafardera de la peripecia de esas celebridades continúa proporcionando combustible no sólo al insaciable mercado del “corazón”, sino a un nutrido subgénero literario del que Hollywood, Babilonia (Tusquets), de Kenneth Anger, publicado en 1965, constituye uno de los clásicos. A él querría parecerse, sin duda, Servicio completo (Anagrama; distribución en octubre), de Scotty Bowers (en colaboración con Lionel Friedberg), convenientemente subtitulado ‘La secreta vida sexual de las estrellas de Hollywood’. Pero, a pesar del caluroso prólogo de Román Gubern, Servicio completo acaba resultando tedioso en su prolija relación de felaciones, coitos (anales o no), orgías sexuales y promiscuidades de los famosos. El autor, empleado en su juventud en una estratégica estación de servicio de Hollywood Boulevard, actuó como Celestino de estrellas y celebridades, proporcionando parejas (homo o heterosexuales) a gentes como Tyrone Power (aficionado a la coprofagia, como Charles Laughton), Spencer Tracy, Bob Hope, Cole Porter (“podía mamar treinta pollas, una detrás de otra”), Cary Grant, George Cukor (otro amante de las felaciones), Vivien Leigh, Somerset Maugham, Katharine Hepburn (a la que afirma haber proporcionado 150 mujeres diferentes), Rock Hudson, los duques de Windsor (“esencialmente él era gay y ella bollera”), Montgomery Clift, Anthony Perkins, el exquisito editor Alfred A. Knopf o el director del FBI, J. Edgar Hoover (al que le gustaba disfrazarse de “reinona”), entre otros muchos. El propio Scotty —cuya narración intercalada de su iniciación sexual en la época de la Gran Depresión y de su paso por los marines es lo más interesante del libro— presume de habérselo montado con Walter Pidgeon, Cole Porter, Vincent Price, Edith Piaf, Vivien Leigh o Spencer Tracy, a quien describe como un amante fuera de serie. En fin, chismografía sexual por arrobas, lo que termina resultando soporífero. Ah, y salvo el recientemente fallecido Gore Vidal, uno de los máximos defensores del libro, todos los “retratados” ya estaban muertos cuando Bowers lo publicó, lo que le ha evitado pleitos como los que tuvo que afrontar en su momento Kenneth Anger. Por lo demás, advierto a los amantes del morbo hollywoodiense que el libro carece deliberadamente de índice onomástico, por lo que los interesados deberán leérselo (al menos en diagonal) si les priva saber de qué pie (sexual) cojeaba cada quien. Finalizo el capítulo cinematográfico recomendando a los amantes de la serie Breaking Bad el reader que sobre ella acaba de publicar Errata Naturae, y en el que colaboran, además de diversos especialistas en comunicación y lenguaje fílmico, filósofos como Iván de los Ríos o Greg Littmann y escritores o periodistas como Enrique Vila-Matas o Chuck Klosterman.

Relecturas

Dos reediciones, dos centenarios y otras tantas relecturas breves e intensas, y muy diferentes entre sí. Las muchachas de Sanfrediano (Impedimenta), de Vasco Pratolini (1913-1991), quizás el más comprometido con la estética social-realista de aquel brillantísimo grupo de narradores italianos de posguerra (Vittorini, Pavese, Calvino, Moravia) que con tanta intensidad fueron leídos por los escritores españoles de la generación del “medio siglo”, cuenta la venganza que traman cinco muchachas contra el donjuán del pueblo, un tipo con aire de Robert Taylor (un ídolo también aquí para las chicas del primer franquismo) que las ha camelado sucesivamente y enfrentado con sus ardides. El fogonero (Nórdica), de Franz Kafka, publicado (en vida de su autor) hace ahora un siglo, terminó siendo el primer capítulo de la inacabada novela El desaparecido, publicada póstumamente (1927) por Max Brod con el título de Amerika. En este Bildungsroman de estructura casi picaresca y marcada influencia de Dickens, Kafka relata la peripecia del joven Karl Rossman, enviado a América por sus padres por haber tenido un hijo con la criada que le había seducido. El relato está ilustrado por Max (sí, el mismo) en una gama de colores limitados que a mi entender hace referencia a la bendita pantalla de plata del mejor cine en blanco y negro. Y ya que hablamos de Kafka, ¿a qué espera Galaxia Gutenberg para publicar el IV volumen (Correspondencia) de las Obras completas del escritor, prometido a finales del siglo pasado?

Fusi

La fórmula “historia mínima”, ideada por El Colegio de México y adoptada por Turner para sus coediciones con dicha editorial, tiene algo que ver en el éxito de la Historia mínima de España, de Juan Pablo Fusi, que ha conseguido vender más de 12.000 ejemplares en su primer año y se ha convertido en un manejable vademécum de referencia para estudiantes e interesados en la historia: síntesis rigurosa a cargo de especialistas que sean, también, buenos comunicadores, algo no siempre abundante en el mundo académico. Con mimbres parecidos, Galaxia Gutenberg acaba de publicar Breve historia del mundo contemporáneo, en la que Fusi, uno de nuestros más prestigiosos historiadores de filiación conservadora, traza un completo panorama de la historia global desde la “era de la revolución” (Hobsbawm) hasta lo que llama “revolución de 1989” (el derrumbe del comunismo) y el triunfo de la globalización. Una síntesis, desde luego, basada en la selección y en la interpretación, dos elementos esenciales para esa “precisión” imprescindible en la indagación de lo que el autor denomina “la esencia misma de los hechos históricos”. Si quieren repasar las raíces del mundo en que vivimos, aquí tienen una sugerente y rigurosa propuesta.