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FESTIVAL DE ALMAGRO

La verdad de las mentiras

'La verdad sospechosa' es una comedia de enredo y de crítica de costumbres con certeros diálogos

Juan Messeguer, en el papel del letrado en 'La verdad sospechosa', de Ruiz de Alarcón.
Juan Messeguer, en el papel del letrado en 'La verdad sospechosa', de Ruiz de Alarcón.

La buena estrella literaria de Lope ha eclipsado las de otros contemporáneos suyos de calidad no menor: precisamente al Fénix de los Ingenios lo detuvieron, acusado de reventar con violencia el estreno de El Anticristo, del mexicano Juan Ruiz de Alarcón, de quien la Compañía Nacional de Teatro Clásico, encabezada por Helena Pimenta, estrenó el jueves por la noche un airoso montaje de La verdad sospechosa, comedia de enredo y de crítica de costumbres de cuya buena estructura dramática, certeros diálogos y excelente diseño del personaje central dan buena prueba el que un editor la publicara a nombre de Lope, pensando que podía pasar por suya; que Pierre Corneille la refundiera, con otro título (Le menteur) y que Goldoni hiciera su propia versión, a partir de la del autor francés.

El espectáculo de Helena Pimenta juega la baza del marco que ofrece la imponente escenografía de Alejandro Andújar: dos altos muros que convergen en ángulo obtuso en mitad del fondo de la escena, los cuales, en cuanto se abren en ellos varias puertas (a dos alturas), caemos en la cuenta de que son una versión sintética, pasada por el expresionismo alemán, del fondo del escenario de los corrales de comedias; dan el mismo juego, pero crean la sensación de que sobre los personajes se cierne una amenaza, que se va perfilando más con las inquietantes siluetas que estos proyectan, los danzones de Arturo Márquez que acompañan como un karma las entradas de Lucrecia —y que tiñen de melancolía las transiciones—, y a la vista de la insatisfacción que arrastran el joven García, mentiroso compulsivo; don Juan, su rival, y Jacinta, la bella que ambos codician, quien, en la vigorosa interpretación de Marta Poveda, se revela como una mujer destemplada, sin potencial para hacer feliz a nadie.

LA VERDAD SOSPECHOSA

De Juan Ruiz de Alarcón. Versión: Ignacio Garcia May. Reparto: Joaquín Notario, Rafa Castejón, Fernando Sansegundo, Juan Meseguer, Marta Poveda, Pepa Pedroche, David Lorente, etc. Piano: Miguel Huertas. Compañía Nacional de Teatro Clásico. Hospital de San Juan, Almagro. Del 4 al 14 de julio.

Desmenuzando el texto en compañía de Ignacio García May, aquí en funciones de dramaturgista, Pimenta ha creído ver que por debajo de la comedia corre una veta dramática vigorosa (y que ese azaroso doble emparejamiento final es un aldabonazo trágico o casi); y va consiguiendo convencernos de ello a medida que el espectáculo avanza, a pesar de los hilarantes episodios de fabulación incontinente que padece el García de Rafa Castejón (por su físico frágil, la mentira en él semeja a una manera socorrida de escapar o de hacerse valer) y de la desopilante escena de cine mudo hablado que protagonizan el Don Juan de David Lorente, encaramado a un muro cual Harry Langdon, y la anhelante Jacinta de Poveda. En esta Verdad sospechosa acaba imponiéndose la melancolía.

El montaje tiene un empaque equivalente al que Pimenta hizo de La vida es sueño, la mayoría de cuyos intérpretes repiten aquí, con parecido éxito: Joaquín Notario, Fernando Sansegundo, Nuria Gallardo, Pepa Pedroche y Pedro Almagro brillan también en sus roles respectivos, y en la dicción del verso. La música, certeramente escogida por Ignacio García (que, con el vestuario, nos traslada a algún momento cercano al desastre colonial del 98), y la luz atmosférica de Juan Gómez Cornejo contribuyen a redondear la idea de la directora.

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