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crítica de 'somos gente honrada'

Un fardo en la basura

La película es un buen ejemplo de historia que, hoy mismo, nos podría definir como país

Unax Ugalde, Miguel de Lira y Paco Tous, en el filme. pulsa en la foto
Unax Ugalde, Miguel de Lira y Paco Tous, en el filme.

Quiosquero de periódicos y promotor inmobiliario. No parecen profesiones con un gran presente ni futuro inmediato, así que no resulta extraño que hayan sido las elegidas por Alejandro Marzoa, director de Somos gente honrada, para dotar de enjundia a los protagonistas de su notable largo de debut, y para acabar hablando de nuestra penosa situación: un país económica, social y moralmente al borde del precipicio, que sin embargo aún no ha perdido la capacidad para reírse (y eso, a mucha honra, también es muy nuestro). Un tono al que se apunta Marzoa con una película que, a pesar de su título, no remite al Jardiel Poncela de Los ladrones somos gente honrada, sino al humorismo de corte humanista del José María Forqué de la sensacional Un millón en la basura (1967).

Miembro del escalafón más bajo de aquella sociedad, el barrendero José Luis López Vázquez podría ser el padre inspirador de los dos parados de Somos gente honrada, que se topan en la playa con algo mucho más contemporáneo que una cartera llena de dinero: un fardo de cocaína. Interpretados con sentimiento, cercanía y gracia por Paco Tous y Miguel de Lira, los dos personajes son pura picaresca española, ayudados por los muy reconocibles secundarios: desde el policía cuyo mayor acto de valentía ha sido colocar dedos en tinta y papel para la renovación del DNI, hasta el honrado ciudadano que en la fiesta de cumpleaños de su hija, y en su chalet con piscina, recibe a los nuevos capos de la droga para hacer negocios. Desolación infinita, cutrez alarmante, cabreo perpetuo, risa de matiz acongojante.

SOMOS GENTE HONRADA

Dirección: Alejandro Marzoa.

Intérpretes: Paco Tous, Miguel de Lira, Unax Ugalde, Marisol Membrillo, Manuela Vellés.

Género: tragicomedia. España, 2013.

Duración: 95 minutos.

Con la lotería como maldición, esa que puede sacar lo peor de un ser humano, y un guion en el que las secuencias, gracias a elipsis y cortes por delante y por detrás, parecen muy ajustadas, la película es un buen ejemplo de historia que, hoy mismo, nos podría definir como país. Más casos, cada día, en su telediario habitual.

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