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Cannes premia la travesía de tres adolescentes hacia Estados Unidos

El reparto de la película mexicana 'La Jaula de Oro' es reconocida por el jurado de Una cierta mirada

Rodolfo Dominguez, Brandon Lopez y Karen Martinez.
Rodolfo Dominguez, Brandon Lopez y Karen Martinez. EFE

Se está convirtiendo en una hermosa tradición para el cine en español. Hace unas horas los actores de La jaula de oro, de Diego Quemada-Diez, han obtenido el premio al mejor reparto de la sección Una cierta mirada, la otra gran pata del certamen de Cannes junto a la competición oficial. El año pasado, en línea con esta racha de victorias y cine de calidad, la gran triunfadora en Una cierta mirada fue la también mexicana Después de Lucía, de Michel Franco.

Han ganado el premio al mejor reparto, porque el jurado de Una Cierta Mirada solo tiene por obligación que dar un galardón, el de mejor película. El resto queda a su libre disposición y así en la pasada edición hubo premio ex aequo a mejor actriz y nadie logró el de mejor actor. Anoche el jurado, que presidía el cineasta danés Tomas Vinterberg, y en el que estaban dos latinos, el exhibidor, distribuidor y Presidente de la Academia de Cine Español Enrique González Macho y la directora del festival de Río de Janeiro Ilda Santiago. Completaban el quinteto dos actrices: la china Zhang Ziyi y la francesa Ludivine Sagnier. Ese jurado ha decidido entregar cinco galardones: premio del futuro para la estadounidense Fruitvale station, que ya ganó en Sundance; premio Un cierto talento al reparto de La jaula de oro; premio mejor dirección para el francés Alain Guiraudie por L’Inconnu du lac, Premio del jurado a Omar, de Hany Abu-Assad (director de Paradise now); y ganadora de Una cierta mirada o premio a la mejor película para una de las favoritas, L’Image manquante, del camboyano Rithy Panh, quien dedicó su galardón al cineasta iraní Jafar Panahí.

El trío de protagonistas, los guatemaltecos Karen Martínez y Brando López, de 17 años, y el mexicano Rodolfo Domínguez, de 16, se quedaron sentados en sus asientos —no entendieron el anuncio oficial en francés— hasta que el director les empujó a salir al escenario. Allí, Karen Martínez dedicó el galardón a “todas esas personas que pidieron que se contaran sus historias", las de los inmigrantes que tratan de entrar ilegalmente en Estados Unidos”.

Quemada-Diez llevaba varios días explicándoles lo importante que era haber llegado a Cannes, y la vez la posibilidad, muy real, de que no volvieran la vida. “Nunca les engañé: la película ha sido una gran experiencia, pero su vida va para otro lado”. Algo parecido contaba anoche Brando López: “Para mí esto es un reconocimiento muy importante, nunca pensaba estar aquí”. López y Martínez salieron de un casting de 3.000 adolescentes en Ciudad de Guatemala. Él enganchó al equipo con su desparpajo para el hip-hop y el breakdance, mientras que ella ya había trabajado en teatro callejero y obra de teatro social. En cuanto a Rodolfo Martínez, su elección se realizó en las montañas de Chiapas. En el escenario, Quemada-Diez agradeció la labor de su reparto: “El mundo hoy os ha dicho que vuestra voz es importante, que vosotros sois importantes, el mundo hoy os ha dicho que quiere que sigáis siendo como sois”.

No es el único premio ganado por la película mexicana rematada con dinero español, y cuyo guion ya ganó en 2010 una de las becas de Cinéfondation para participar en l’Atelier de Cannes. “Fue increíble, como si te tocaran con una varita mágica, desde luego, pero eso no garantizaba nuestra participación en un certamen posterior. El comité de selección es independiente”. La jaula de oro ganó además el galardón italiano Gillo Pontercorvo, que se otorga en el marco de Cannes, por contar con "compromiso social, vigor narrativo y frescura cinematográfica” una historia atemporal de un grupo de jovencísimos inmigrantes, así como una mención especial del premio François Chalais por “la fuerza de sus imágenes, la violencia de la verdad y la intensidad de las emociones de la historia trágica del viaje de tres adolescentes de Guatemala hacia el sueño americano”.

En este trío Quemada-Diez (Burgos, 1969) resume más de “600 testimonios de experiencias, así como mis propias experiencias y sentimientos”. “En 2003 viví dos meses en casa de Toño, un taxista de Mazatlán, que estaba al lado de las vías del tren y cada día les dábamos comida y agua a cientos de inmigrantes. Ahí empecé a hablar con ellos, a sentir que debía de contar esa historia. La vida es seca. Alguien se muere y debes de lidiar con la pérdida. Espero que la pantalla sea el espejo de la realidad que vivimos y a partir de ahí motivar un proceso de reflexión”. Los actores nunca leyeron el guion, sino que cada día, antes de empezar a filmar, el director les leía un poco de la secuencia —rodaron la película en orden cronológico, tal y como se desarrolla en la pantalla— para que ellos tuvieran “una experiencia vital”. “Así en muy poco tiempo la cámara se les hizo invisible”.

Quemada-Díez comenzó como asistente de cámara en 1995 en Tierra y libertad, de Ken Loach. “La película habla de la destrucción de una utopía, y nosotros queríamos resucitarla, llegar y cambiar a la gente. Vi que yo quería hacer ese tipo de cine. Y me empapé de su método. Por ejemplo, el rodaje en continuidad. El principio de la historia es el principio de la filmación. Así los actores tienen esa experiencia vital, no actúan. Tú creas situaciones y ellos reaccionan ante eso. Ken defiende la dirección invisible. Yo sentía que él hacía como magia”. Eso sí, ‘La jaula de oro’ no ha sido un rodaje complejo: “Tuve 120 localizaciones, 1.500 extras, en tres países, trenes, barcos, camiones… Cruzar más de diez estados de la República Mexicana. Ha sido muy duro. Aunque siempre pensé que si los inmigrantes sufrían el viaje, nosotros teníamos que vivirlo así”.