La actualidad se explica mejor a través de un ‘collage’

El dibujante Agustín Sciamarella inaugura hoy dos exposiciones en Madrid con algunas de sus caricaturas de personajes famosos

El dibujante Agustín Sciammarella.
El dibujante Agustín Sciammarella.Bernardo Pérez

A diferencia de los escritorios del entorno, el suyo tiene iluminación propia, decenas de papeles de todos los colores y hojas listas para perder la blancura. Desde ese taller de artista, rodeado de gente que se ocupa de las palabras, Agustín Sciammarella (Buenos Aires, 1965) “interpreta” a personajes del arte, la política o los deportes para las páginas de EL PAÍS. En dos décadas, sus retratos psicológicos se han convertido en referencia en la prensa gráfica española. Desde hoy, una muestra de 200 de ellos (Veinte años en El País) puede ser vista en la sala de exposiciones del antiguo Hospital de Santa María de la Rica, en Madrid. Allí también se exhibe su muestra Cervantes y Cervantes, con dibujos de los 38 ganadores del premio más importante de la literatura hispanohablante.

“La caricatura tiene que llamar la atención sobre algo: una conducta, una sonrisa, un gesto. Luego, hacer hincapié en algún momento preciso del tiempo. Y ahí entra la fantasía”, explica Sciammarella. Más allá de “buscar lo humano” en el personaje, el dibujante quiere expresar el contexto de la situación que está viviendo. Así dibujó a un Carlos Fabra cuyas gafas espejaban rejas en el momento en que una investigación judicial le acercaba al banquillo, en 2010, y los dientes sobresalientes del futbolista Ronaldo dentro de un balón de fútbol cuando el brasileño se transformó en 2006 en el máximo goleador de los mundiales de fútbol. Hace el paréntesis de que ninguna caricatura es definitiva: “Hoy dibujas el personaje de una manera y de repente cambia la situación. Eso ocurre sobre todo en la política.”

La caricatura tiene que llamar la atención sobre algo: una conducta, una sonrisa, un gesto

El trabajo es completamente manual. Desde que llegó a Madrid y en EL PAÍS “hicieron caso” de la carpeta de dibujos que enseñó en busca de empleo, su estilo se desarrolló desde el blanco y negro hacia los colores. En los años 90 solía trabajar principalmente con el rotulador sobre el papel. Con el tiempo, fue incorporando nuevas técnicas. Hoy lo suyo es principalmente el collage, pero puede cambiar la técnica de acuerdo a lo que necesita expresar. “Si hablamos de políticos corruptos, intento que eso sea leído en el material, como papeles rotos”, ejemplifica. “Cuando pego el papel, lo hago de tal modo que exprese los trazos como arrugas y ojeras. Lo utilizo como parte del dibujo.”

El oficio es de los que va contra el reloj. El tiempo que tiene para dibujar es igual y diferente cada día: el que queda hasta el cierre del periódico. Cuando Rajoy nombró a sus 13 ministros, Sciammarella recuerda haber tenido no más que “un par de horas” para dibujarlos a todos. Un trabajo hecho siempre a mano. El ordenador entra en la etapa final, pero para nada más que escanear la ilustración y guardarla. Nada de retoques digitales.

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