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COLUMNA

Herencia mixta

La operación desarrollada y conocida ayer podrá ilustrarnos sobre muy diversos aspectos de la cultura celtibérica

Tres de los cascos de bronce de origen supuestamente celtíbero subastados en Christie's el 25102012. Ampliar foto
Tres de los cascos de bronce de origen supuestamente celtíbero subastados en Christie's el 25/10/2012.

Los celtiberos, gracias a su contacto con otros pueblos peninsulares, como tartesios e iberos, asimilaron a lo largo del I milenio antes de Jesucristo elementos de procedencia mediterránea, del armamento al torno de alfarero, del urbanismo a la escritura. Así alcanzaron una cultura material perfectamente diferenciada de la de los celtas centroeuropeos, que justificaría el carácter mixto —celta e ibero— aludido por los autores clásicos.

Aunque los primeros estudios sobre los celtiberos se remonten a la tradición erudita de los siglos XV a XVIII, el despegue de la investigación arqueológica se ha producido a partir de los años ochenta del siglo XX, al incrementarse las excavaciones de necrópolis, poblados o grandes núcleos urbanos. De forma paralela, también las actuaciones incontroladas contra el patrimonio arqueológico celtibérico han crecido al mismo preocupante ritmo. No está de más el recordar las remociones furtivas en la necrópolis de Numancia en 1993, con la destrucción de un buen número de sepulturas, o la aparición de un espectacular conjunto de cascos de tipo hispano-calcídico en algún lugar del término municipal de Aranda de Moncayo (Zaragoza), probablemente uno de los hallazgos más destacados de la arqueología celtibérica en los últimos años.

Se trata de un depósito integrado por un número indeterminado de cascos, todos del mismo modelo, que debe considerarse como una creación genuinamente hispana, quizá celtibérica, como resultado de una intensa participación mercenaria en el sur de Italia. Al parecer, los cascos aparecían aplastados intencionalmente, lo que apunta a un depósito ritual, cuya trascendencia solo ahora empezamos a valorar.

La operación desarrollada y conocida ayer puede suponer un vuelco fundamental en la investigación de este excepcional hallazgo, al tiempo que podrá ilustrarnos sobre muy diversos aspectos de la cultura celtibérica.

Alberto J. Lorrio es catedrático de Prehistoria de la Universidad de Alicante.