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crítica de 'siete psicópatas'

En un lugar (poco) solitario

McDonagh no basa la tensión ni el suspense de su relato en la suerte de sus personajes, sino en qué tipo de película acabará siendo su filme

Sam Rockwell y Colin Farrell, en un momento de filme. pulsa en la foto
Sam Rockwell y Colin Farrell, en un momento de filme.

En Escondidos en Brujas (2008), primer largometraje del dramaturgo reconvertido en cineasta Martin McDonagh, dos gánsteres irlandeses se veían condenados a una larga espera en la ciudad belga: un limbo que se iba transformando en antesala infernal donde lidiar con la culpa. En Siete psicópatas, otro espacio simbólico —un desierto diseñado como entorno ideal para el climático tiroteo en un thriller postarantiniano— hipnotiza a los dos personajes principales, perdidos en un fascinante laberinto narrativo: un guionista bloqueado (Colin Farrell) y su amigo e interlocutor, un secuestrador de perros con doble vida como asesino de asesinos (Sam Rockwell).

SIETE PSICÓPATAS

Dirección: Martin McDonagh.

Intérpretes: Colin Farrel, Sam Rockwell, Woody Harrelson, Tom Waits, Christopher Walken.

Género: comedia. Reino Unido, 2012.

Duración: 110 minutos.

Al igual que ocurría con su ópera prima, Siete psicópatas corre el riesgo de ser confundida como una fastidiosa derivación tarantinófila al modo de Amor del calibre 45 (1994), de C. M. Talkington, o Sin salida (1996), de Matthew Bright, cuando, en realidad, se trata de algo bastante más sutil y complejo. Si Escondidos en Brujas invitaba a pensar en Beckett y Pinter, Siete psicópatas sugiere una mirada sobre lo tarantiniano afín al posmodernismo lúdico de Charlie Kaufman.

“Estoy harto de las arquetípicas películas de psicópatas de Hollywood. No quiero que sea una película más llena de tipos con pistolas en la mano”, afirma el personaje de Farrell, antes de exponer su intención de escribir una película de acción budista, cuyo clímax final —¿a lo Kill Bill, Volumen 2?— sea un largo monólogo en lugar de un tiroteo. McDonagh no basa la tensión ni el suspense de su relato en la suerte de sus personajes, sino en qué tipo de película acabará siendo Siete psicópatas, guion escrito por el protagonista que irá infiltrándose en su propia cotidianidad. La zarandeada identidad de Siete psicópatas es, pues, el centro del espectáculo: una película que cuestiona la indefinición de sus personajes femeninos, su verosimilitud, sus formas de expresar la violencia… mientras Christopher Walken, Tom Waits y Harry Dean Stanton inmortalizan momentos en un extraño lugar donde el humor negro, el dolor existencial, la melancolía y el crepúsculo de los géneros se mezclan en eficaz armonía.