Opinión
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Pero qué pesados con lo de ‘la cultura’

La ganadora, 'Blancanieves', es tan insólita como meritoria El de González Macho fue un discurso dotado de fuerza expresiva

El ministro de Cultura, José Ignacio Wert, durante la gala de la XXVII edición de los premios Goya.
El ministro de Cultura, José Ignacio Wert, durante la gala de la XXVII edición de los premios Goya.CRISTÓBAL MANUEL

Había visto ese efecto en los monólogos del teatro. También en los discursos más trascendentes de los líderes políticos. Consiste en la comunión absoluta que consiguen estos con los identificados receptores. El público interrumpe la función aplaudiendo enfervorizado una determinada frase que les ha tocado el alma y después continúa el espectáculo. Ocurrió en la gala de los Goya cuando Enrique González Macho afirmó: “El cine nos pertenece a todos”. Fue un discurso dotado de fuerza expresiva, bien escrito e interpretado. Siendo viejo amigo del autor y sabiendo como piensa (aunque sus opiniones y las mías sobre determinados temas difieran notablemente, lo cual provoca discusiones feroces de vez en cuando), sé que las palabras que salían de su boca eran sinceras, que cree en lo que dice, que sus certidumbres, sus miedos y sus protestas eran pensadas y sentidas. Tal vez termino ligeramente saturado de la machacona utilización del término cultura en su vibrante alegato, algo que se repetirá cansinamente a lo largo de la gala y que es la palabra totémica y sagrada que se repite ritualmente en todas las ceremonias de los Goya. Dudo que el cine me hubiera enamorado de niño si mis mayores me hubieran repetido continuamente que lo que consumía con arrobo se trataba en realidad de un hecho cultural. Tampoco estoy de acuerdo en su convicción de que cuando se pierde la esperanza uno se vuelve reaccionario. Yo creo que cuando eso ocurre se intenta sobrevivir a pesar de esa lamentable carencia o te cortas las venas. Andar faltado o sobrado de ella, no creo que sea progresista o reaccionario. Solo es triste. O desesperado. O lúcido.

Cómo no entender la denuncia de la intensa y desgarrada Candela Peña de que a su padre enfermo o agonizante la sanidad pública le negó las mantas y el agua en el hospital. La apocalíptica imagen puedes imaginarla en la sitiada Sarajevo o en la barbarie de Ruanda. Si eso ocurre actualmente como norma en los hospitales del Estado, existe la fundada posibilidad de que la gente exija el procesamiento inmediato de aquel que no cumplió sus promesas, pero ha cumplido con su deber, frase digna del Groucho Marx más inspirado o de los inventores del surrealismo, pero que en la justificativa boca del timonel de la patria solo provoca exceso de estupefacción y una mala hostia homicida. Y de acuerdo con el premio a la indignada. Su interpretación en Una pistola en cada mano es brillante.

Celebro que le hayan concedido el Goya de honor a esa actriz de raza y siempre veraz llamada Concha Velasco. Su monólogo, en el que contaba la afilada certidumbre de Antonio Gala de que si antes no había ganado un Goya era porque aparecía continuamente en la televisión, fue gracioso. No así el pedestre y hortera número coreográfico que le dedicaron a la chica de la Cruz Roja que después se hizo ye-ye. Hablando de gracia, la tenían, y mucha, las demandas dadaístas de Muchachada Nui desde el patio de butacas. No tuvo ninguna, pero si provocó notable rubor y vergüenza ajena la equivocación al conceder un premio. Ver los abrazos de los falsos ganadores y la posterior aclaración de que se había cometido un error, te aconsejaba cerrar los ojos y sentir piedad. No sentía ninguna afición a las dotes presuntamente cómicas y mordaces de Eva Hache, pero creo que está siendo una competente presentadora de los Goya.

Nada que objetar si me olvido de Naomi Watts al premio a esa excelente actriz llamada Maribel Verdú. Y seguro que Sacristán merecía que se lo hubieran otorgado hace tiempo. También, que es lo único que me despierta la atención en la tan pretenciosa como insoportable El muerto y ser feliz.

Hay que tener mucha fe en lo que quieres contar para sacar adelante esta Blancanieves muda y en blanco y negro. Es tan insólita como meritoria. Como es apreciable el logro de Bayona, despojarse de complejos y hacer una película al estilo de Hollywood (en lo bueno y en lo malo) como Lo imposible. Y lamento que no haya ganado El artista y la modelo, la película española que más me ha conmovido en mucho tiempo. También me gusta mucho la película de Alberto Rodríguez Grupo 7, un director poderoso, alguien que narra con lenguaje admirable historias que me interesan siempre.

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