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OPINIÓN

Lo que podría ser o no ser

El anuncio por parte de investigadores de la Universidad de Leicester que confirma que los restos recientemente hallados corresponden a Ricardo III constituye un ejemplo más de cómo la ciencia aplicada (en este caso la antropología y la genética forense) es un complemento imprescindible en la resolución de enigmas históricos.

La historia como ciencia, con sus fuentes de conocimiento y sus métodos, necesita a menudo del apoyo de las ciencias aplicadas, desde las dataciones con el conocido carbono-14 hasta el ADN, del mismo modo que la medicina, aunque ciencia biológica, necesita del apoyo de técnicas físicas de imagen o de medicina nuclear.

Frente a aquellos que pueden creer que la historia está bien como está y que todo lo escrito es verdad histórica, las nuevas técnicas y los nuevos datos no dejan de poner en duda algunas de las afirmaciones que durante siglos han sido aceptadas como verdades absolutas.

En mi experiencia personal, el simple hecho de profundizar en la identificación de personajes históricos con equipos multidisciplinares coordinados por historiadores (como los casos de Doña Blanca de Navarra, el Príncipe de Viana, Cristóbal Colón...) pone de manifiesto que, lejos de la “verdad histórica oficial”, pueden subyacer enigmas donde sólo las ciencias experimentales aportan datos fehacientes y creíbles.

El equilibrio y la lógica de las investigaciones la deben marcar los historiadores. No soy ni puedo ser partidario de la revisión sistemática de todo lo que conocemos y aceptamos como verdades históricas, a no ser que los historiadores lo reclamen. Y no lo soy, entre otras cosas, porque la ciencia tiene sus limitaciones, porque no siempre el ADN, la antropología o la toxicología van a resolver el misterio que en la mente de algunos se pudiera plantear.

Mientras tanto, y a la espera por mi parte de leer los trabajos y metodologías científicas empleadas, los hallazgos sobre Ricardo III no dejan de ser un apasionante ejemplo más de cómo el conocimiento humano bien coordinado puede aportar datos objetivos a lo que de otro modo serían estériles discusiones teóricas sobre lo que podría ser o no ser.

José A. Lorente Acosta es catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Granada y Director de GENYO.

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