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obituario

Enrique Meneses Miniaty, maestro de periodistas

El fotógrafo madrileño vivió en Francia, Portugal, Egipto y Estados Unidos

Viajó como reportero por India, Oriente Próximo, Cuba y África

Enrique Meneses, retratado durante la inauguración de una exposición sobre Cuba en diciembre de 2008.
Enrique Meneses, retratado durante la inauguración de una exposición sobre Cuba en diciembre de 2008.

A las once de la noche del lunes día 21 de octubre de 1929, en la madrileña calle Príncipe de Vergara número 45, nació Enrique Meneses Miniaty, periodista que por decisión paterna estaba predeterminado a ejercer como abogado. Poco después de las once de la noche del pasado día 6 de enero, falleció en el hospital de La Paz, donde había ingresado muy poco antes. Perteneciente, según sus propias palabras, a ese colectivo de "hombres y mujeres que se abrazaron a una profesión como otros toman los hábitos y hacen votos de castidad. Una profesión en la que de nada sirve sentarse detrás de una mesa y escribir folios y folios, sino que hay que ir a buscar la información donde ésta se encuentra, entre otras razones porque el fotoperiodista, además de escribir su propio texto, hace sus propias fotos, y no se puede fotografiar nada desde una habitación de hotel".

Maestro del fotoperiodismo (aunque siempre me decía que no era maestro de nada), vivió en Francia, Portugal, Egipto y Estados Unidos y viajó como reportero por India, Oriente Próximo, Cuba y África, ese continente que amó y que lo atrapó para siempre, como queda reflejado en sus memorias Hasta aquí hemos llegado: “Hace más de 50 años que África y yo mantenemos una relación sentimental que solo la muerte puede terminar. Meneses, como Kapuscinski, uno de los más grandes periodistas polacos, tomó numerosas fotos en ese continente. De allí procede una de las más queridas por él: un neolítico caminando hacia el futuro, portando sólo sus armas. Le siguen la mujer con las pertenencias, únicas y mínimas, sobre la cabeza y su hijo a la espalda. Y el perro. "Ahora – decía Meneses - África se deshace. Se está vaciando de riquezas y sólo abunda en cayucos y en fotos de dolor y muerte".

Creó su propia agencia, Fotopress, y más tarde el programa A toda plana para Televisión Española. Luego formaría parte del equipo de Los reporteros.

Meneses, solitario muchas veces y soñador siempre, que es lo que separa a los que viven intensamente de los que solo pasan por la tierra, fue compañero de grandes reporteros de los años cincuenta y sesenta, como Sharok Hatamí, Cesare Dante Vacchi, Gordon Tunney, Jean Roy, quien murió junto a David Saymour, uno de los fundadores de la mítica agencia Mágnum cuando cubrían la guerra del Canal de Suez; Pedrazzini o los españoles Miguel de la Quadra y Cuco Cerecedo, que compartieron con él ese tipo de periodismo arriesgado, imaginativo y comprometido. En la actualidad apenas sí se pueden contar a todos los auténticos reporteros con los dedos de ambas manos, como nos dejó dicho Julio Fuentes, muerto en Afganistán por la sinrazón y el fanatismo. En el oficio de reportero internacional y de riesgo han cambiado pocas cosas. Ellos siguen escribiendo las páginas más importantes de la degradación humana y regando con su sangre numerosos campos de batallas. No quieren ser maestros de nada y su formación, afortunadamente, no se aprende en las aulas.

El mayor éxito, o el más conocido y admirado de Enrique Meneses, que siempre practicó la polivalencia, imprescindible en su forma de vida profesional, fue su exclusiva mundial tras conseguir retratar y convivir varios meses con los rebeldes de Fidel Castro y Che Guevara en Sierra Maestra. Antes de ser expulsado de Cuba pasó por las cárceles de Batista y montó una operación de depurado espionaje para sacar sus películas fotográficas de la isla. En aquella época era tan difícil hacer un reportaje como hacerlo llegar al medio para el que se trabajaba. Y ahí radica la diferencia fundamental entre el ayer y el hoy del periodismo internacional. En estos momentos, gracias al satélite, casi podemos hacer llegar la información en tiempo real. Antes había que especializarse en horarios y enlaces entre trenes, barcos, aviones o cualquier otro medio de transporte que ofreciera la posibilidad de hacer llegar las fotos

Estuvo presente también en la marcha sobre Washington, encabezada por Martin Luther King y su sueño, luego arrebatado por la muerte. A esa época le debemos sus magníficas fotos de la manifestación y de actores como Paul Newman, Marlon Brando, Burt Lancaster, Charlton Heston y Sydney Poitier, además del propio Luther King, entre otros muchos.

Trabajó, fundamentalmente, para la revista Paris Match, que junto con la estadounidense Life, representaron al mejor fotoperiodismo de todos los tiempos. También lo hizo para la emisora Radio Europa número 1, de París, y para Prensa Española (ABC y Blanco y Negro). Fue director de la revista mensual española Lui, de donde pasó a Playboy como editor ejecutivo.

Autor de numerosos libros, entre otros, Fidel Castro, publicado en España, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania y Japón; Nasser, el último faraón; y Escrito en carne, que es, en palabras del propio Meneses, un canto a la profesión periodística y un adiós a la aventura en su sentido más puro. Escribió también algunos ensayos, como La bruja desnuda y Seso y sexo, obras que provocaron numerosas polémicas, y Hasta aquí hemos llegado, un apasionante relato autobiográfico que debería ser de obligada lectura para los futuros profesionales del periodismo. Ha exhibido su obra fotográfica de forma individual y colectiva con exposiciones como Sierra Maestra, Mis 60 y Cien Miradas de Enrique Meneses, de la que se editó un libro con el mismo título, y de las que me enorgullezco haberlas coordinado y de haber sido el comisario.

Meneses llegó muy temprano a un convencimiento: "El mundo era mi casa y sintiéndome en todas partes en mi hogar no veía por qué debía darme escalofríos escuchar un himno o ver ondear una bandera".

Perteneció a la etapa del "cazador", la de los aventureros-periodistas o periodistas-aventureros. No éramos dioses, ni mucho menos, y, a nuestro modo – pero sólo a nuestro modo – éramos unos caballeros.

Vivió el periodismo intenso en una época en la que éste penetraba por todos los poros y exigía del individuo un sentido de la responsabilidad absoluto (aunque, en lo demás, fuésemos irresponsables), una fortaleza física y un lenguaje internacional del avasallamiento -en loor de la sacrosanta información-. Entrábamos pegando patadas a puertas que hubiesen disminuido a un ser normal porque éramos "los ojos y los oídos, la voz y el gesto del mundo". Ha dejado en marcha la fundación que lleva su nombre y su televisión Utopía.

Estuvo casado con Bárbara Montgómery, con quien tuvo una hija, Bárbara, y tras enviudar formó pareja con Annick Duval, quien junto a sus hijos Anne-Isabelle y Ricardo le acompañaron hasta el final

Enrique Meneses Miniaty, ha mantenido intactos hasta el final la capacidad de soñar y la voluntad de vivir, esos ingredientes vitales que separan a los jóvenes viejos de los viejos jóvenes. Aconsejaba a las nuevas generaciones de periodistas que no pierdan nunca el entusiasmo, la paciencia, la curiosidad, la humildad y el respeto, porque éstos han sido, son y seguirán siendo la clave de este oficio bello y muy peligroso.

No concebía el mundo sin Internet y hasta hace muy pocos días siguió trabajando en su blog, aunque – decía – “uno no debe fiarse, ha de investigar, confirmar siempre y buscar el equilibrio”.

Diego Caballo Ardila es profesor de Fotoperiodismo en la Universidad San Pablo-CEU y redactor jefe de edición gráfica de la agencia Efe.

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