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El músculo de un director listo

'Magic Mike', película de encargo de Steven Soderbergh alrededor del universo de los 'strippers' masculinos es la viva demostración de que al director se la trae al pairo la materia prima

Fotograma de 'Magic Mike', con Matthew McConaughey y Channing Tatum.
Fotograma de 'Magic Mike', con Matthew McConaughey y Channing Tatum.

Si alguna vez se preguntó qué puede hacer un director prestigioso, de los llamados mayores, frente a un material con valores comerciales, pero convencional en los planos artístico y narrativo, aquí tiene la respuesta: poco, muy poco, sobre todo si no se quiere acabar con los primeros atractivos (los comerciales) a base de forzar los segundos. Magic Mike, película de encargo de Steven Soderbergh alrededor del universo de los strippers masculinos, producida por su protagonista, Channing Tatum, e inspirada en sus propias experiencias antes de convertirse en actor, es la viva demostración de que al director de Sexo, mentiras y cintas de vídeo, Full frontal y Ocean’s eleven, por poner tres ejemplos extremos de su filmografía, se la trae al pairo la materia prima; él irá a lo suyo, la perfección técnica, casi siempre gélida, pero sin lograr variar los genes del material —casi nunca ha logrado el éxito con un producto complejo— ni tampoco subir demasiado el listón de la calidad en un relato de usar y tirar.

MAGIC MIKE

  • Dirección: Steven Soderbergh.
  • Intérpretes: Channing Tatum, Olivia Munn, Alex Pettyfer, Cody Horn, Matthew McConaughey.
  • Género: drama. EE UU, 2012.
  • Duración: 110 minutos.

Con un guión tan condescendiente como el del novel Reid Carolyn poco se puede hacer. Clásico como los habituales relatos de ascenso y caída de un mito deportivo nada acostumbrado al dinero, la lascivia y el éxito, aunque absolutamente convencional, el libreto acaba convirtiendo al mentor (otro rol clásico) en un misionero más que en un protector, y cada giro de guion viene provocado por una actitud que no se sostiene dentro del engranaje de personajes. Soderbergh, a través de su habitual director de fotografía (él mismo, disfrazado nominalmente con su seudónimo, Peter Andrews), huye del lujo, se refugia en unos tonos de color muy poco contrastados, casi sepias en las secuencias exteriores, y acude a unos cuantos cortes abruptos de montaje con los que despistar a los espectadores más académicos. Aun así, dirige la función como el excelente maestro de ceremonias del local de strip tease que interpreta un cada vez más maduro e inquietante Matthew McConaughey: con ritmo, marcando músculo y poniendo sobre la mesa mucha carne fresca. Resultado: película barata, de poco más de cinco millones de euros, taquillazo estadounidense, 90 millones recaudados. ¿Hay quien dé más?

Todo lo cual nos lleva a una última reflexión: ¿es realmente Soderbergh un autor mayor o simplemente un director más listo que brillante?