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Positano premia a Alicia Alonso por toda su carrera

El español Sergio Bernal obtiene el trofeo de 'Bailarín Emergente en la Escena Internacional'

La bailarina cubana, Alicia Alonso, en 2010. Ampliar foto
La bailarina cubana, Alicia Alonso, en 2010.

Uno de los certámenes de ballet más prestigiosos del mundo, Positano/Léonide Massine, cumplía en 2012 su 40ª edición, y el comité organizador, con su director artístico al frente, Daniele Cipriani, decidió afianzarle su carácter internacional y hacer de la gala en el escenario de la Playa Grande de Positano, frente a la mítica Isla Li Galli que perteneció primero a Massine y luego a Rudolf Nureyev, un acontecimiento de esos que se recuerdan mucho tiempo y una serie de actros cubriendo todo el fin de semana de actividad de la danza en la costa amalfitana (exposiciones, filmes, coloquios). Entre otros cambios, Cipriani y el especialista de danza Alfio Agostini, director de la revista BALLET2000 y presidente del jurado, decidieron crear una mesa relacionada con los críticos de los diarios más destacados del planeta, en palabras de Agostini, “más que un jurado al uso, una mesa de discusión científica capaz de objetivar el premio hacia la excelencia” y luego concluyó: “piénsese si es y será importante la función de los críticos, que la historia del ballet ha podido ser escrita con cierto detalle desde el siglo XVIII gracias a las crónicas y recensiones de los periodistas y críticos especializados”. Agostini defendió encendidamente los periódicos en papel y su relación con la cultura.

Entre los premiados, la gran revelación ha sido un español, Sergio Bernal, de 21 años, recientemente asimilado con nivel de solista por el Ballet Nacional de España, que obtuvo el galardón de “Bailarín emergente en la escena internacional”. En la gala del sábado, Bernal bailó la Farruca del Molinero de El sombrero de tres picos (en la tradicional coreografía de Antonio Ruiz Soler) y una versión sintetizada de Bolero de Maurice Ravel con coreografía de Paco Pozo.

El premio a la carrera recayó en Alicia Alonso, de 92 años, la mítica artista cubana considerada un mito viviente de la danza y catalogada por la prensa italiana en este caso como “la ballerina cerniera” [la bailarina bisagra] pues fue una de las últimas en bailar ese Sombrero de Tres Picos con Massine y también la única que creó un ballet en los salones de la isla Li Galli, pero con Nureyev, y en la torre sarracena remodelada 60 años atrás por Le Corbusier: una leyenda sobre otra. Entre los otros premiados estaban la petersburguesa Uliana Lopatkina, considera hoy la mejor bailarina clásica del planeta; el alemán Friedemann Vogel; el italiano Alessio Rezza; el francés Julián Favreau; la japonesa Rihoko Sato y la cubana Yolanda Correa, que es estrella en la Ópera de Oslo. El galardón a una compañía de autor fue para el norteamericano William Forsythe y el premio especial a la formación de la danza fue a manos de otra otrora gran bailarina y hoy gran maestra, la romana Anna Razzi, directora del Escuela de Ballet del Teatro San Carlo de Nápoles, la más antigua de Italia y que este año cumple 200 años. Razzi escogió a un graduado suyo para representarla en la gala, el napolitano Luca Giaccio (hasta hace poco bailarín de la compañía de Víctor Ullate en Madrid y ahora destacado en la Ópera de Roma), que hizo La muerte del cisne de Michel Descombey. En la misma función Lopátkina bailó otra Muerte del cisne, la canónica de Mijail Fokin, una curiosa confrontación de la estética clásica con las tendencias modernas.

Alicia Alonso en el mismo acto recibió la Medalla de Oro de Roma, que le había concedido dos días antes el alcalde la capital italiana, Gianni Alemanno. Alonso, haciendo gala de humor y micrófono en mano dijo al final de la velada: “me estáis colmando de felicidad, lo saben hacer muy bien, por algo sois italianos”.

La mesa ha estado compuesta por Anna Kisselgorff (The New York Times), Leoneta Bentivoglio (La Repubblica), Jean-Pierre Pastori (La Tribune de Genéve), Valeria Crippa (Corriere della Sera) y René Servin (Le Figaro) y Roger Salas (El País)