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La orquesta alemana que quería viajar a España

La Sinfónica de Bamberg llega a San Sebastián con el apoyo económico de su ciudad

Patrick Alfaya, director de la Quincena Musical de San Sebastián, en el Kursaal donostiarra, el pasado julio.
Patrick Alfaya, director de la Quincena Musical de San Sebastián, en el Kursaal donostiarra, el pasado julio.

Bamberg tiene una catedral románica donde reposa su famoso jinete, está enterrado el papa Clemente II y cuenta con una gloriosa universidad. Sus 70.000 habitantes viven tranquilamente entre sus restos medievales bávaros como en un cuento, ajenos a las primas de riesgo pero no sordos a las dificultades del Sur.

La pequeña ciudad alemana también está orgullosa de su orquesta. Esta gira y gira por todo el mundo pero muy poco por España. En el sur de Europa la cosa anda apretada y ya nadie dispone de tanto dinero para conciertos como antes. Pero ahí entra el rescate. Una asociación de amigos de la orquesta aportó 30.000 euros para que sus músicos viajaran a San Sebastián a encarar la recta final de la Quincena Musical Donostiarra, que se cierra mañana domingo, casi como una formación residente.

Todos contentos, pues. Los miembros de la orquesta, los organizadores de la Quincena y el público de la ciudad, que va a llenar los tres conciertos que la formación dirigida por Jonathan Nott ofrece desde el jueves en el Kursaal. Pero nada hubiese sido posible si la asociación de amigos de la orquesta, con 1.200 miembros, no hubiese ayudado.

En estos tiempos de recortes, presupuestos anoréxicos, cierres de instituciones culturales e incertidumbre general, comienzan a moverse iniciativas activas a favor del arte. "Tampoco es habitual este tipo de ayudas, pero empiezan a proliferar y habrá más", cree Christian Zacharias. El gran pianista alemán que colabora con la orquesta habitualmente y ha protagonizado el primer concierto de la formación en San Sebastián, donde interpretó el Segundo de Brahms. "Hay que entender cómo viven el arte. En esa ciudad, cuando nos encerramos a ensayar, nada nos distrae, existe una concentración total en la música".

"Cuando ensayamos, nada nos distrae", dice el pianista Christian Zacharias, que colabora habitualmente con esta formación

Una concentración y un ensimismamiento que viene a ser parte de la profunda identidad cultural alemana. "En nuestro país, el Estado da fondos para sostener 133 orquestas. Es algo único, aunque desde la reunificación hasta hoy hayan desaparecido 35", asegura Wolfgang Fink, el intendente de la orquesta. "Todavía vivimos con la seguridad de ser protegidos por nuestros Gobiernos, aunque esto pueda ir cambiando. También nos sentimos con la obligación de aportar donde se necesite".

La Sinfónica de Bamberg, como él cuenta, es una formación de refugiados. Fue creada en 1946, tras la guerra, con músicos provenientes en su mayoría de Praga. Eso fue conformando una fusión entre la cultura musical bohemia y la alemana que le dio un carácter único. "Desde entonces, la identificación con sus habitantes ha sido total", afirma Fink. "Pero también como muestra de lo que es la ciudad en el mundo, somos una de las orquestas que más giras hacen en Alemania", agrega.

Menos en España, donde estuvieron 30 años sin aparecer. "Hemos vuelto a partir de 2010 y nos empeñamos en venir a San Sebastián, pero el dinero no llegaba bien y ahí fue fundamental la aportación de los amigos de la orquesta", afirma.

Mano tendida al sur

La mano tendida del Norte al Sur en este caso ha sido un hecho. Un ejemplo llegado desde el mundo de la cultura y el arte, del que quizás pudieran tomar nota los responsables políticos. Jonathan Nott, el director titular británico de la orquesta actualmente, lo celebra. Él se ha encargado de flexibilizar su historia y hacerles entrar en repertorios más contemporáneos. De eso dan muestra estos días en San Sebastián con tres programas en los que se escucha la contundencia de Brahms, los colores etéreos, acuíferos y fantasmales de Debussy o el sinfonismo crepuscular mahleriano. "No me costó nada llevarles hacia otros repertorios, simplemente convencerles de que porque un compás empiece de una manera no tiene por que acabar igual".

Nott entró en el 2000 para tomar el relevo de Eugen Jochum. No nota el paso del tiempo. "Eso es que aún nos queda energía para hacer lo que hacemos juntos, disfrutar y seguir creyendo en la música como un hecho profundo, que si bien es aire sonoro y no más, resulta un aire irrepetible, que marca el resto de nuestra vidas".