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Quince años en la voz de los ganadores

Ganadores de otras ediciones del premio de novela con más proyección en América Latina relatan su experiencia

El premio Alfaguara de novela cumple hoy 15 años. Desde 1998 la literatura de Manuel Vicent, Clara Sánchez, Tomás Eloy Martínez o Laura Restrepo ha viajado, de la mano de la editorial, por todos los países hispanohablantes para dar a conocer la mejor novela escrita en español. Algunos de los ganadores de anteriores ediciones explican qué significó para ellos ganar el premio de narrativa con mayor proyección en España y América latina, y en qué cambió sus vidas, a nivel personal y literario.

Sergio Ramírez, (Nicaragua, 1942): Ganó el premio en 1998 por la novela Margarita está linda la mar. Fue la primera edición, hace 15 años, y compartió el galardón con Eliseo Alberto (Cuba, 1951 - 2011). “El premio me dio lectores en primer lugar, toda una gama muy variada que alcanzó aún a la gente no comprometida con la literatura, los lectores comunes y corrientes a los que todo escritor aspira, aunque a veces reniegue de ellos. El premio me hizo lo que yo quise siempre ser, un escritor profesional, dedicado a la literatura y todo lo que la rodea, viniendo como venía de un difuso campo que incluía la vida política como parte de mi vida. Puedo decir sin dudas que lo disfruté intensamente, aunque fue una verdadera prueba de fuerza, cerca de cuatrocientas entrevistas de prensa en ocho meses, en veinte países, con lo que tuve que aprender a hacer variaciones sobre el mismo tema, como en la música. Fue el primero de todos los premios Alfaguara, un premio compartido con Eliseo Alberto, compañero inolvidable de aquella aventura, y ahora ejerzo con gusto el papel de decano de los Alfaguara. Fue el concurso de mi vida, y el último. Jamás volví a participar en otro, ni lo haré más”.

Clara Sánchez (Guadalajara, 1955). Ganó el premio Alfaguara en 2000, por Últimas noticias del paraíso. "El premio llegó a mi vida en el momento perfecto. Llevaba años publicando y el ganarlo me abrió las puertas a más lectores, me abrió a América latina, supuso un reconocimiento, prestigio, y esa palmadita en la espalda que los escritores tanto necesitamos. Mi carrera ha ido creciendo y en este recorrido he encontrado más lectores, he tenido otros premios, soy muy leída en otros países, incluso de otras lenguas, como Italia. Aun así me da vértigo porque estos 12 años se me han hecho cortísimos. Es cierto que los premios te dan tranquilidad y te permiten seguir escribiendo. Es como no estar asomada completamente al vacío, saber que ahí hay unas personas que están esperando a que se publique tu trabajo. Escribiría de todos modos, pero todos necesitamos, como calor humano, ese apoyo”.

Manuel Vicent (Castellón, 1936). Es el único autor que ha ganado el premio Alfaguara de novela dos veces. La primera en 1966 por Pascua y naranja. Entonces el premio, que había fundado un año antes Camilo José Cela, estaba dotado con 200.000 pesetas. Cuando la editorial pasó a manos del grupo Santillana, el segundo año que se celebró, en 1999, volvió a ganarlo por Son de mar, que más tarde adaptaría Bigas Luna al cine.

La primera vez que lo gané era el primer libro que publicaba, y supuso la posibilidad de seguir escribiendo y entrar en el mundo literario. La segunda vez, significó la confirmación de que este premio literario hace posible que se vendan libros. La ventaja principal del Alfaguara de novela es que tiene la mirada puesta en América, y eso es una forma de salvar las distancias y entrar en el mundo latinoamericano. Así que el premio del ’99 fue más una ventaja para el propio libro que para mí mismo”.

Antonio Orlando Rodríguez (Cuba, 1956). Se alzó con el premio Alfaguara de novela en 2006, por Chiquita. "El premio Alfaguara de Novela 2008 le dio una mayor resonancia a mi trabajo en la literatura para adultos y me permitió dialogar con lectores de toda Iberoamérica, lo cual fue sumamente gratificante y enriquecedor. Tuve la oportunidad de escuchar opiniones, sobre mi novela Chiquita, de personas muy diferentes: desde un vendedor de perritos calientes en una feria del libro hasta un extraordinario poeta o una liliputiense de carne y hueso de 18 años. Guardo el mejor de los recuerdos de la maratónica gira promocional y de cada una de las sedes de Alfaguara que me acogió durante ella. Ganar el premio me ratificó en la certeza de que, a pesar de los pesares, la ficción continúa siendo un espacio de libertad y de encuentro para la gente".

Juan Gabriel Vásquez (Bogotá; 1973). El escritor colombiano consiguió el premio el año pasado gracias a El ruido de las cosas al caer, que le ha llevado a conocer mundo para él antes desconocidos: Ahora puedo decir que conozco Latinoamérica, antes del premio tenía una noción muy incompleta del continente. Los viajes, la cantidad de gente que uno conoce, me han dado una visión mucho más nítida de mi continente. Eso ha sido la consecuencia más provechosa. El conocimiento de América latina, que hasta ahora había sido mero material literario, que conocía solo a través de la literatura. Pero hay otra derivación muy positiva después del premio: Ahora me toca luchar más con la vida para escribir, es más difícil encontrar tiempo ahora, por la cantidad de cosas que el premio llena tu agenda. Y me resulta muy satisfactorio, porque sigo sacando tiempo para escribir aun así, lo que refuerza mi vocación literaria".

Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977). Se alzó con el Alfaguara de novela en 2009 por El viajero del siglo. "Aunque siempre he pensado que la vida nos la cambian los libros, y la experiencia de la escritura, y no los premios, sí que un premio como este cambia radicalmente el modo en el que tus libros alcanzan a los lectores. Recuerdo que lo que más me impactó tras ganar el Alfaguara fue esa temible, pero a la vez inolvidable, gira por cada país de habla española. Siempre digo que ese es el premio dentro del premio. Y por agotadora que fuese, la posibilidad de comparar casi simultáneamente las realidades políticas y culturales tan distintas, casi en autostop frenético. En mi caso la gira se convirtió además en una experiencia de escritura, porque iba haciendo un cuaderno de viajes, Cómo viajar sin ver (Latinoamérica en tránsito). El libro dentro del libro. Esa experiencia vale mucho más que el dinero, que igual que viene se gasta. La gira dura unos 6 meses con algún que otro intervalo para resucitar al autor".

También es una maravilla conocer a la gente de la Alfaguara de cada país, que están unidos por la editorial, pero cada uno le da su acento, su toque más local. Me encantó la experiencia de conocer a los trabajadores de Costa Rica, Bolivia o Guatemala”.

Santiago Roncagliolo (Lima, 1975). Premio novela Alfaguara en 2006 por Abril rojo. Es el premio que más presencia tiene a ti en América latina, en mi caso implicó ir a todos los países. El mío era un libro muy político y ese fue un año muy electoral en todo el continente. Sin duda es un premio que me consolida mucho, aparte de que aprendes mucho haciendo la gira. En mi caso me hizo pasar rápidamente de ser escritor novel a veterano, de esos que ya están en la retina de la gente. Alfaguara y yo somos como un viejo matrimonio, somos una pareja y nos conocemos muy bien. Eso hace que nuestra relación sea muy fluida, y estar con esta editorial es como estar en casa”.