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CRÍTICA

Humanismo de cloaca

'Redención' no es la película más agradable de ver un sábado por la tarde, pero su propuesta formula un nuevo claroscuro sobre la vulnerabilidad humana

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Tiene mérito abrir una película con una secuencia de violencia extrema, arbitraria y brutal y cerrarla habiendo logrado que todo espectador sienta compasión por el personaje que ha ejecutado esa violencia. En los primeros minutos de Redención —es una pena que el título en castellano de Tyrannosaur desvele el secreto de su motor narrativo—, Joseph, el personaje encarnado, con volcánica visceralidad, por Peter Mullan, mata a su perro a patadas en el curso de una violenta borrachera. Joseph es un sujeto a la deriva, una rabia andante que no puede librarse de sus propios impulsos auto-destructivos y que, como ilustraba simbólicamente el cartel original de este debut en el largometraje del actor y director Paddy Considine, parece atrapado por la fuerza gravitatoria del yacimiento de culpa, de dimensiones tiranosáuricas, que alimentó en el pasado. Una tienda dedicada a recoger material de beneficencia y suministrarlo entre los más desfavorecidos será el particular purgatorio en el que Joseph encontrará su posible camino a la salvación, encarnado en la piadosa responsable del lugar (Olivia Colman), que también parece ser la superviviente de sus propios naufragios.

REDENCIÓN

Dirección: Paddy Considijne.

Intérpretes: Peter Mullan, Olivia Colman, Eddie Marsan, Paul Popllewell, Ned Dennehy.

Género: drama. Reino Unido, 2011.

Duración: 94 minutos.

En Rendención, Considine amplía y expande, junto a los actores reincidentes Peter Mullan y Olivia Colman, su cortometraje Dog altogether (2007), que fue premiado en los festivales de Venecia y Edimburgo y en las convocatorias de los BAFTA y los premios del cine independiente británico. El cineasta asimila la modulación extrema de la tradición realista británica, que él mismo conoció de primera mano como actor a las órdenes de Shane Meadows, aplicándole el rigor formal de quien, en el fondo, tiene plena consciencia de no estar haciendo cine social, sino espiritual. La trama de Redención acaba revelando la luz en un personaje oscuro y la oscuridad en un personaje luminoso, convirtiendo a ambos en interlocutores ideales en esa zona de permanente claroscuro que es la vulnerabilidad humana.

Habrá quien acuse de tremendismo a Considine y es cierto que Redención no es la película más agradable de ver un sábado por la tarde, pero su propuesta formula un nuevo humanismo en las aparentes cloacas de lo cotidiano.