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62ª BERLINALE

Las faltas de 'Dictado'

La película de Antonio Chavarrias es el único filme español a competición en la Berlinale. Bárbara Lennie, lo mejor de una obra muy floja

El director Antonio Chavarrias, y los actores Barbara Lennie, Mágica Pérez y Juan Diego Botto, de izquierda a derecha. Ampliar foto
El director Antonio Chavarrias, y los actores Barbara Lennie, Mágica Pérez y Juan Diego Botto, de izquierda a derecha. AP

El día ha arrancado bien en Berlín. Los hermanos Taviani, siempre imprevisibles han arrancado las sonrisas del respetable con Cesare deve morire su preciosa historia sobre unos presos del sur de Italia dispuestos a representar Julio Cesar, el clásico de William Shakespeare, aunque para ello tengan que superar obstáculos más largos que la Gran Muralla China.

Los Taviani logran un retrato costumbrista que es al mismo tiempo divertido y cándido, un retrato de máximos que se agradece, empeñados como están algunos en considerar el cine como un cursillo acelerado de criptografía. Sorprende, gusta y le hace olvidarse a uno de que afuera hace mucho frío (literal y metafóricamente).

Después ha llegado la película alemana Bárbara, que al parecer también ha gustado a la concurrencia y lo ha hecho por méritos propios que no por razones de índole localista. Finalmente, y cuando se escriben estas líneas estará a punto de empezar la premiere en Berlín del único filme español a concurso: Dictado.

El filme de Antonio Chavarrías, al que se ha concedido un espacio tan privilegiado como el del sábado noche, trae consigo una gran noticia y algunas no tan buenas.

La primera es la reafirmación de que la madrileña Bárbara Lennie, a sus 27 añitos, sería capaz (ella solita) de cargar un elefante sobre sus –anchas, profesionalmente hablando- espaldas. Lennie, auténtica correa de transmisión de Dictado, pone su naturalidad al servicio de un personaje que es un dardo envenenado y consigue ser lo más brillante de una película que no le llega al ombligo. Gracias a la actriz, deliciosa retrato de la serenidad, Dictado parece que tiene menos faltas de ortografía. El resto, pues bueno. Para empezar lo de la historia con niño/a que huele a azufre, aspirante a Satanás de andar por casa, empieza ya a ser un poco cansina (en pocas semanas se estrena We need to talk about Kevin, otra de chaval con vocación de villano) y si el guion hace aguas, el tono naufraga y el malo flojea, lo que queda es una colección de escenas a balón parado, donde los protagonistas parecen encajonados en sus roles respectivos (con la salvedad, antes mencionada, de Lennie) y que aburre por reiteración. No es que sea mala, es que es muy floja y a ratos torpe. Los sustos (?) no asustan, la tensión brilla por su ausencia (en una cinta que juega a ser atmosférica la cosa es preocupante) y el clímax, aquel momento donde todo el peso de la trama cae sobre el espectador, parece una lluvia de confeti. Al final a uno le queda la impresión de que Dictado debería ser otra cosa… pero no lo es. En cuanto al otro protagonista de la cinta, Juan Diego Botto, pues le hemos visto torear en mejores plazas y con mejor capote, para que nos vamos a engañar. Eso sí, en la Berlinale, en competición oficial, y en sábado noche. Que les quiten lo bailao.

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