Hemos criado gallinas durante milenios, pero ¿qué sabemos de ellas aparte de que nos dan huevos?

El ave más numerosa del planeta tiene vida social, personalidad, memoria, comunicación y empatía, por lo que es importante conocer el impacto negativo de alterar sus dinámicas sociales

Sam, un animal que era un gallo en su mitad izquierda y una gallina en su mitad derecha.
Sam, un animal que era un gallo en su mitad izquierda y una gallina en su mitad derecha.Universidad de Edimburgo

La gallina es un ave doméstica no voladora que pone huevos y se come. Esto es básicamente lo que la mayoría sabemos sobre ella, pero no mucho más.

Es normal, ya que al ser un animal del que obtenemos beneficios, tendemos a mirarlo desde un punto de vista utilitarista y nos puede costar cambiar la perspectiva. No obstante, desde la ciencia se han investigado bastante a estas aves porque son sociales, fáciles de criar y se habitúan rápido a los humanos. Ya es hora de que el conocimiento existente sobre las gallinas vaya calando un poco más en la sociedad. Puede ser que de esta manera, les cojamos más simpatía y aprendamos a cuidarlas mejor.

Es conveniente comenzar la presentación por los orígenes. Las gallinas y gallos domésticos (Gallus gallus domesticus) provienen de un ave tropical, el gallo rojo (Gallus gallus), que habita libremente los bosques del Sureste Asiático. Si copulasen estas dos aves, tendrían descendencia fértil, por lo que la variedad doméstica se considera una subespecie de la salvaje. Los arqueólogos han encontrado fósiles de gallinas domesticadas tanto en China como en la India que tienen casi 10.000 años de antigüedad, pero un estudio genético indica que la domesticación pudo haberse producido hace unos 58.000 años, con un margen de error de 16.000 años. Es decir, decenas de miles de años antes de que se generalizasen la ganadería y la agricultura.

El estudio de fósiles de gallina en China e India los datan hace 58.000 años, decenas de miles de años antes de que se generalizasen la ganadería y la agricultura

Ser una gallina es una experiencia totalmente diferente a la de ser un humano. Para empezar, tienen un sentido más que nosotros: la magnetorrecepción. Como otras aves, poseen una brújula interna, pero ¿para qué iba a necesitarla una gallina? Al fin y al cabo, son aves no voladoras con un área de campeo relativamente pequeña, lo que no tiene nada que ver con las aves migratorias que necesitan viajar miles de kilómetros. Tenemos entonces que acordarnos del gallo rojo y su hábitat. Cualquiera que haya estado en un bosque tropical, con una vegetación tan densa que no deja ver el sol, sabe lo fácil que es perderse.

Su vista es excelente, como la nuestra, pero no miran igual. Utilizan el ojo derecho para los detalles pequeños como la comida y el izquierdo lo dedican a los nuevos estímulos, como los depredadores que puedan aparecer. Además, a diferencia de nosotros, también ven en el registro del ultravioleta. La luz artificial normalmente no emite en estas frecuencias tan altas. Para los humanos, esto no nos supone nada, pero sí que limitamos la visión de las gallinas cuando las privamos de luz natural y la sustituimos por luz artificial.

El oído también es un sentido importante para estos animales desde una edad muy temprana. De hecho, hay investigadores sugiriendo que, cuando los pollos aún están en el huevo, se comunican entre ellos mediante sonidos con el objetivo de eclosionar a la vez. En cuanto al olfato y al gusto, existe la idea de que las aves carecen de estos sentidos, pero es errónea, ambos sentidos están bastante desarrollados en las gallinas. Por ejemplo, usan el olfato para detectar a los depredadores, e incluso se ha propuesto que ellas mismas podrían liberar olores para alertar al resto del grupo de la presencia de un depredador.

Vista interior de la granja de gallinas reproductoras Curiola (Juneda, Lleida).
Vista interior de la granja de gallinas reproductoras Curiola (Juneda, Lleida).

Para finalizar con el mundo sensorial de las gallinas, es imprescindible mencionar el tacto, poniendo de manifiesto una práctica un tanto criticable desde el punto de vista del bienestar animal. Este sentido se encuentra principalmente en el pico, que lo utilizan para manipular el entorno al igual que nosotros empleamos las manos. Sin embargo, a menudo los criadores de gallinas se lo recortan para evitar que se picoteen las plumas. Dado que el pico contiene múltiples terminaciones nerviosas, lo más probable es que esta práctica les resulte tremendamente dolorosa, estresante e inhabilitante.

Es una suerte que el gallo rojo siga viviendo en estado salvaje, porque, entre otras cosas, podemos conocer su comportamiento social y hacer así un mejor manejo de la subespecie doméstica, incrementando su bienestar. Resulta que la gallina es el ave más numerosa del planeta, pero también la que peor vive. En las macrogranjas, donde a veces conviven 10.000 gallinas en un espacio reducido, son frecuentes los casos de canibalismo y autolesión. Esta vida que les damos no tiene nada que ver con la de sus parientes salvajes, cuyos grupos son mucho más pequeños.

La gallina es el ave más numerosa del planeta, y la que peor vive: en las macrogranjas se aglomeran 10.000 pollos por lo que son frecuentes los casos de canibalismo y autolesión

Las gallinas tienen una compleja vida social. Sus sentidos desarrollados les permiten tener un sistema de comunicación sofisticado, con más de 24 vocalizaciones diferentes. En condiciones naturales, tanto el gallo rojo como la subespecie doméstica, forman grupos mixtos de entre 2 y 15 individuos en los que hay una jerarquía fuerte. Al gallo más dominante, encargado de defender el territorio, le siguen de manera lineal el resto de machos y por último, las hembras. También interaccionan con individuos de otros grupos y, a veces, se producen intercambios que alteran la jerarquía. Cuando un grupo alcanza cierta estabilidad, se reduce el número de agresiones, comen más y ponen mayor número de huevos.

Es importante que conozcamos el impacto negativo que puede tener para las gallinas alterar sus dinámicas sociales. Un dato relevante para comprender su comportamiento es que ambos sexos son promiscuos. El objetivo de los machos es copular con el mayor número de hembras posibles y repeler al resto de gallos. En cambio, las gallinas son bastante más selectivas: cuanto mejor posicionados estén los gallos en la jerarquía, más les gustan. Cuando un macho poco dominante está forzando a una gallina y hay un macho dominante cerca, esta vocaliza para que acuda al encuentro y eche al subordinado, tomando así su lugar. Sin embargo, los machos menos dominantes también pueden tener oportunidades, porque las gallinas pasan por alto la jerarquía si las cortejan con suficiente comida.

La competencia entre los machos por fecundar a las hembras continúa dentro del cuerpo de éstas, ya que las gallinas pueden almacenar el esperma de distintas parejas durante dos semanas y son los pequeños espermatozoides los que compiten por fecundar los óvulos. Por otra parte, cuando son forzadas en la cópula y no cuentan con otro gallo que las libere, tienen un as en la manga: a menudo expulsan de su interior el semen de los machos menos dominantes y se guardan solo el de sus preferidos.

Esta solo ha sido una breve introducción al mundo de las gallinas y los gallos, que es mucho más complejo de lo que pudiera parecer. Podríamos añadir que muestran empatía hacia sus compañeros, tienen personalidades diferentes, las crías juegan si no están estresadas, poseen una memoria tan buena como muchos primates y sus hemisferios cerebrales están especializados, lo que les da una sofisticación mental singular. Pero, ante todo, son seres sintientes y la manera en la que les tratamos tiene relevancia moral.

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Sobre la firma

Laura Camón

Es comunicadora científica, graduada en Biología por la Universidad de Salamanca y Máster en Primatología por la Universitat de Girona.

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