Ni patentes, ni firmar estudios: las científicas reciben mucho menos reconocimiento por su trabajo

Las mujeres tienen un 13% menos de posibilidades de rubricar las investigaciones de sus grupos y un 59% menos de figurar como autoras de una patente, según un estudio que analiza la producción científica de 130.000 investigadores

La biofísica Yulia Pushkar trabaja en convertir la fotosíntesis en energía.
La biofísica Yulia Pushkar trabaja en convertir la fotosíntesis en energía.Purdue University/Rebecca McElhoe

La ciudad italiana de Milán ha inaugurado estos días una estatua dedicada a la astrofísica Margherita Hack. Se trata de la primera vez que se reconoce de este modo en Italia a una científica. Un ejemplo de hoy mismo del escaso reconocimiento que reciben las científicas, ignoradas históricamente en los galardones más importantes. Pero más allá de premios y monumentos, hay una distinción más relevante que se les está hurtando: el de figurar como autoras de su propio trabajo. Las mujeres científicas reciben mucho menos crédito que sus compañeros, en todas las categorías, tanto si son investigadoras principales como si son una currante más del laboratorio. Algunos estudios lo apuntaban y, ahora, un nuevo trabajo aporta sólidas pruebas.

La revista Nature publica hoy un macroestudio que ha desmenuzado la composición de casi 10.000 grupos de investigación, formados por 129.000 personas, y lo ha cotejado minuciosamente con las publicaciones científicas realizadas durante un periodo de cuatro años. Analizaron cuántas personas del equipo se convierten en firmantes de esos estudios y descubrieron que las mujeres suponen solo el 35% de las autorías de sus grupos, a pesar de que representaban prácticamente la mitad de la fuerza laboral, el 48%.

“La brecha es grande y persiste en todos los campos de investigación y en todas las etapas de las carreras científicas”
Julia Lane, Universidad de Nueva York

“Descubrimos que la brecha es grande y persiste en todos los campos de investigación y en todas las etapas de las carreras científicas. Es aún mayor cuando se trata de publicaciones de alto impacto”, asegura la investigadora Julia Lane, de la Universidad de Nueva York. En la carrera científica, el número y la calidad de las publicaciones que se firman como autor es fundamental: son los renglones con los que se construye el currículum y el crédito con el que se aspira a proyectos y financiación.

En el estudio contaban con el rol que cada investigador e investigadora desempeñaba y el proyecto en el que trabajaba, por lo que las diferencias no pueden explicarse por el puesto concreto, ya que el problema se repetía en todos los rangos: las mujeres tenían menos probabilidades que los hombres de firmar, ya fueran personal de la facultad, estudiantes de posgrado, investigadoras posdoctorales, personal de investigación o estudiantes universitarias. La brecha era particularmente pronunciada en las primeras etapas de sus carreras: únicamente 15 de cada 100 mujeres estudiantes de posgrado constan como autoras de un estudio, en comparación con 21 de cada 100 entre los estudiantes de posgrado masculinos.

Mayor brecha en las patentes

Al analizar las probabilidades de figurar como firmante de un trabajo científico, las mujeres tenían un 13% menos de posibilidades que sus compañeros. Pero el problema es mucho mayor cuando se centraron en el mundo de las patentes, que dan acceso a otro tipo de beneficios: las mujeres tienen un 59% menos de posibilidades de figurar como coautora de una patente.

Otros dos estudios se han fijado en los últimos años en la discriminación de las mujeres en la concesión de patentes. En 2018, un estudio de la Universidad de Yale concluyó que las solicitudes presentadas por investigadoras tienen un 21% menos de probabilidades de ser concedidas. En 2021, un estudio publicado en Science mostró que el porcentaje de patentes biomédicas concedidas a mujeres está anclado en un escaso 16% del total.

Lane explica por email que, si bien hay numerosas evidencias episódicas, pretendían realizar el primer estudio a gran escala que analizara el fenómeno. La anécdota más conocida es que Francis Crick y James Watson obviaron la contribución decisiva de Rosalind Franklin al descubrimiento de la estructura del ADN: ellos ganaron el Nobel de Medicina y ella quedó fuera. Es lo que se llama el efecto Matilda, que fue denunciado en una exitosa campaña por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

Rosalind Franklin en el siglo XXI

“Las pruebas generadas a partir del análisis descrito en este documento sugieren que Rosalind Franklin está lejos de ser la única en no recibir crédito por su trabajo”, señala el estudio. Y concluye: “Los datos presentados aquí son consistentes con la noción de que las diferencias de género en la ciencia pueden reforzarse a sí mismas: que el destino experimentado por Rosalind Franklin y otras como ella desanimó a numerosas investigadoras potencialmente de alto impacto a ingresar en la ciencia”.

La idea de que esta discriminación desanima a las mujeres al lastrar sus carreras está presente en los resultados de este estudio que publica Nature. Este trabajo también contó con una encuesta a 2.400 científicos y entrevistas en profundidad para entender mejor los mecanismos que provocan esta discriminación. “Las reglas para asignar reconocimiento con frecuencia no eran claras y, a menudo, las determinaban investigadores de alto nivel”, concluyen.

“El investigador principal puede premiar a un miembro del equipo con la coautoría del estudio e ignorar al otro”
Raviv Murciano-Goroff, Universidad de Boston

Lo explica Raviv Murciano-Goroff, de la Universidad de Boston, quien también participa en este estudio: “Incluso si dos personas contribuyen con la misma cantidad de trabajo a un proyecto, el investigador principal puede premiar a un miembro del equipo con la coautoría del estudio e ignorar al otro. Según los resultados de nuestra encuesta, las científicas tienen 10 puntos porcentuales más de probabilidades de sentir que sus contribuciones se han ignorado en comparación con sus colegas masculinos”.

En concreto, el 43% de las mujeres y el 38% de los hombres señalaron que habían sido excluidos de la autoría de algún trabajo, y el 49% de las mujeres aseguran que su contribución se minusvalora, frente al 39% de los hombres. La semana pasada, Science Advances publicó una encuesta realizada entre 25.000 investigadores y científicas de EE UU, cuyas conclusiones coinciden con la actual: los hombres blancos heterosexuales disfrutan de privilegios en sus carreras científicas que se convierten en obstáculos en el caso de las mujeres LGBT, de minorías raciales y con discapacidades, en el otro extremo del espectro.

En las entrevistas, las investigadoras plantearon problemas reales como quedarse fuera de artículos científicos que hubiera podido firmar: “Mi carrera hubiera sido bastante diferente con esos dos artículos de Nature”. Del mismo modo, otra científica asegura: “Haberme quedado fuera de trabajos en los que yo era uno de los dos líderes principales ha perjudicado enormemente mi carrera como investigadora y mi oportunidad de obtener ascensos, trabajos y subvenciones”.

Los datos usados en el Nature pertenecen a grupos y científicos de instituciones estadounidenses. La investigadora Julia Lane reconoce que no sabe hasta qué punto se pueden extrapolar a todo el mundo. “Todo lo que está disponible en la mayoría de los países son anécdotas”, lamenta, “será necesario que otros países inviertan en datos similares”. Pero añade: “Hicimos un trabajo preliminar en España que demostró que era posible crear una infraestructura de este tipo con bastante facilidad, igual que en Francia”.

En España, se publicaron en 2019 los datos de una encuesta sobre la discriminación en el ámbito científico: el 46% de las encuestadas afirmó que ser mujer las perjudicaba en su carrera, mientras solo el 10% de los hombres opinó igual. El 79% de los hombres pensaba que hay igualdad de trato entre sexos en sus departamentos, frente al 55% de las mujeres.

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Sobre la firma

Javier Salas

Periodista con quince años de experiencia. Especializado en información científica, tecnológica y medioambiental, desde 2014 forma parte del equipo de MATERIA, la sección de ciencia de EL PAÍS. En 2021 recibió el Premio Ortega y Gasset por uno de sus trabajos sobre la pandemia de covid. Antes, trabajó en Informativos Telecinco y el diario Público.

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