El cambio climático eleva el riesgo de contagio de virus entre especies

La migración de los animales al ritmo del calentamiento podría provocar más de 15.000 nuevos eventos de transmisión vírica

Murciélagos frugívoros en su migración anual hasta el parque nacional de Kasanka, en Zambia.
Murciélagos frugívoros en su migración anual hasta el parque nacional de Kasanka, en Zambia.Future Publishing (Future Publishing via Getty Imag)

Al menos 13 especies, desde murciélagos a gorilas, son huéspedes del virus del ébola. Su distribución geográfica —y, por tanto, las zonas de riesgo potencial de contagio— se limita a áreas de la parte occidental de África central. Pero espoleadas por el cambio climático, se están moviendo a nuevos territorios llevando sus patógenos con ellas. Un estudio publicado el jueves en Nature estima ahora que estos animales tendrán hasta 3.695 nuevos contactos con otros mamíferos de nuevas regiones del continente. Estos encuentros provocarán más de un centenar de eventos de transmisión vírica. Los autores de esta investigación han hecho este mismo cálculo para miles de mamíferos que están migrando y creen que el peligro de una nueva pandemia no dejará de aumentar en las próximas décadas.

La ciencia viene demostrando una doble (y hasta triple) respuesta de los animales al calentamiento global provocado por el cambio climático. Muchas especies están migrando hacia latitudes más acordes con su óptimo térmico (temperatura a la que están acostumbradas). Otras se están desplazando a las áreas más elevadas de su entorno huyendo del calor (o hacia las profundidades marinas en el caso de los peces). Esta reorganización geográfica de los seres vivos estaría abriendo nuevas vías a la propagación y contagio de los virus. Por un lado, porque pone en contacto a especies que antes no compartían espacio. Por el otro, porque muchas de ellas están emparentadas genéticamente, lo que facilita el salto vírico entre ellas. Este aumento del riesgo es lo que han investigado un grupo de científicos combinando los escenarios climáticos esperados en lo que queda de siglo, la evolución de los rangos térmicos y los movimientos de 3.870 mamíferos organizados clasificados por su cercanía genética.

Entre el 96% y el 98% de las especies compartirán espacio con al menos otra con la que antes no lo hacían en los próximos 50 años. Este trabajo prevé que se produzcan hasta 316.000 nuevos encuentros entre mamíferos que no coinciden ahora. De ellos podrían emerger hasta 15.311 eventos de transmisión de virus entre una especie y otra.

El biólogo Colin Carlson, autor principal del estudio publicado en Nature, investiga la conexión entre cambio climático y emergencia de enfermedades infecciosas en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos). Hace una comparación que recuerda al posible origen de la actual pandemia de coronavirus: “La analogía más cercana es con los riesgos que vemos en el tráfico de vida salvaje”, dice Carlson. “Nos preocupan estos mercados [de venta de animales salvajes] porque juntar animales enfermos en situaciones no naturales crea oportunidades para procesos de emergencia, como sucedió con el SARS, que saltó de los murciélagos a las civetas y luego de las civetas a los humanos”, añade, para concluir: “Pero lo de los mercados ya no es algo tan especial; en un escenario de cambio climático, esos procesos serán la norma en la naturaleza en casi todas partes”.

“Las especies se mueven hacia los polos, pero lo hacen juntas, así que no se topan con otras nuevas”
Colin Carlson, biólogo de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos

En efecto, el aumento de los eventos de transmisión de virus entre especies se producirá en cualquier parte del planeta. La mayor parte del riesgo se concentra en el sudeste asiático, África subsahariana y el sur de América, aunque también se esperan eventos en Europa occidental y el norte de América. La concentración en las regiones tropicales parece contradecir el sentido de las migraciones animales hacia latitudes más altas atestiguadas por otros estudios. Carlson reconoce que este resultado les sorprendió “por completo”, pero le ve cierta lógica: “Las especies se mueven hacia los polos, pero lo hacen juntas, así que no se topan con otras nuevas”. Esto es, el movimiento hacia latitudes más altas no implica un mayor riesgo de contagio de virus, porque el número de nuevos encuentros es relativamente bajo, ya que se mueven en paralelo especies que ya compartían espacio. Pero el otro gran movimiento es altitudinal, es decir, movimientos más locales a zonas elevadas. Ahí es donde se encuentran especies de distintas áreas. Por eso sus resultados indican que la emergencia de nuevos contagios se está dando en las áreas más elevadas de los trópicos. “Cuando pueden moverse horizontalmente y llegar a las montañas por distintos lados, es cuando es posible que se encuentren por primera vez”, detalla en un correo.

La filogenia, la cercanía genética, es un factor clave en la capacidad de un virus para saltar entre especies. Cuanto más se parecen en sus genes dos animales, más probable que el patógeno encuentre acomodo en nuevos huéspedes. Greg Albery, investigador de la organización EcoHealth Alliance y coautor del trabajo, destaca, sin embargo, que la mayor parte del riesgo lo aporta el movimiento de los animales a otras zonas. “La filogenia es en realidad un determinante más importante que la geografía en términos de influencia, pero no cambia. Las especies nunca cambian su grado de cercanía [genética] en la escala de tiempo ecológica que nos interesa [de 2020 a 2070], pero sí cambian en sus distribuciones geográficas”, detalla en un correo.

Los autores del trabajo destacan que el cambio climático ha superado a otras alteraciones antropogénicas que tradicionalmente afectaban al riesgo de contagios entre especies y, en última instancia, a los humanos. La deforestación, la agricultura y la extensión de la urbanización, además de reducir las distancias, introducen desequilibrios que facilitan la emergencia de eventos víricos. Para reducir el peligro, proponen acompasar los sistemas de vigilancia de enfermedades en la naturaleza con estudios en tiempo real de los cambios en el entorno que se estén produciendo.

El problema es que, incluso reduciendo las emisiones y el ritmo del cambio climático, igual ya es tarde para frenar los cambios de rango geográfico. Lo argumenta Albery: “La razón es que ya están migrando, y lo han estado haciendo desde hace un tiempo. Seguirán haciéndolo por un tiempo más porque incluso nuestros mejores esfuerzos solo retrasarán el calentamiento en lugar de revertirlo, por lo que seguirán teniendo la motivación para moverse”.

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Sobre la firma

Miguel Ángel Criado

Es cofundador de Materia y escribe de tecnología, inteligencia artificial, cambio climático, antropología… desde 2014. Antes pasó por Público, Cuarto Poder y El Mundo. Es licenciado en CC. Políticas y Sociología.

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