Lo que enseñan las viejas letrinas

Una investigación analiza el microbioma intestinal medieval a partir del análisis de heces en antiguos retretes de Jerusalén y Riga

Recreación de una letrina inglesa de mediados del siglo XIV.
Recreación de una letrina inglesa de mediados del siglo XIV.PETER DUNN (GETTY)

Hace cientos de años, un montón de ciudadanos medievales sintieron la llamada de la naturaleza e hicieron sus necesidades fisiológicas en unas letrinas de Riga y de Jerusalén. Allí quedó para siempre una buena muestra de su interior biológico, en esa oscuridad de los retretes en la que nadie quiere indagar. Hasta ahora, cuando un equipo de científicos ha recuperado las heces para investigar el microbioma intestinal de aquellas gentes remotas.

El microbioma es el material genético de la microbiota, el conjunto de organismos microscópicos (sobre todo bacterias) que viven dentro o sobre los seres vivos y que hacen posible nuestra vida. Pesan hasta dos kilos y se encuentran en muchas partes del cuerpo, pero sobre todo en el aparato digestivo. Vitales en la digestión, pueden tener relación con enfermedades gastrointestinales, la obesidad, la diabetes e incluso con la ansiedad y la depresión. Por ello, su estudio es una activa rama de la ciencia actual.

Esta nueva investigación demuestra que también se puede determinar el microbioma intestinal de personas del medievo mirando en el que era su váter, cuando normalmente el ADN arqueológico se extrae de huesos o dientes, mejor conservados.

Y no solo eso. “Mediante el microscopio óptico hemos identificado huevos de varias especies de parásitos en los sedimentos”, dice Kirsten Bos, del Instituto Max Planck de Historia Humana, una de las líderes del estudio. Ello demuestra que “estas estructuras físicas pueden sobrevivir cientos de años y revelan información sobre los parásitos intestinales que habitaban las entrañas de los pueblos medievales”, añade. Analizando esas viejas letrinas se pueden conocer las enfermedades de la época, muestras de la dieta (a partir del polen de plantas, semillas preservadas y fragmentos de huesos de animales) o qué basura se arrojó a ellas (cerámica rota, objetos de vidrio y otros desechos domésticos).

Diversidad

¿Por qué de las distintas letrinas medievales de las que quedan restos el equipo estudió esas dos en concreto? “Las elegimos porque eran comunales, del mismo período (siglos XIV-XV), pero de lugares alejados, por lo que las diferencias podrían indicar una variación geográfica en el microbioma en el pasado”, responde Piers D. Mitchell, de la Universidad de Cambrigde, otro de los investigadores. El hecho de que sean anteriores a la Revolución Industrial también podría evidenciar diferencias con el microbioma moderno, tal vez por los cambios en la alimentación.

El ADN humano es una molécula bastante resistente. Los especialistas recabaron todo el que había en las dos letrinas y luego, por comparación, fueron determinando el origen de cada uno. “Al comenzar esta investigación, estaba segura de que encontraríamos mucho ADN ambiental en el sedimento de la letrina, ya que parecía barro”, dice Bos. “Incluso me preocupaba que el ADN moderno fuera tan abundante que terminaría siendo todo lo que detectaríamos a nivel molecular. Pero luego, felizmente, no fue así”.

¿Es ese microbioma como el nuestro? “Depende de lo que se entienda por nuestro”, explica Susanna Sabin, igualmente investigadora del Max Planck. Los microbiomas humanos varían entre individuos y comunidades por muchos factores, como la dieta o el empleo de antibióticos. “Aun así, hemos encontrado de todo: características del microbioma tanto propias de individuos de civilizaciones industriales como de grupos de cazadores recolectores”, concluye Sabin.

Para contextualizar mejor su trabajo y conocer cómo ha variado el microbioma con el tiempo y la llegada de los estilos de vida modernos, hará falta comparar los datos con próximos estudios en otras letrinas y con heces fosilizadas, los coprolitos. Una mina de oro genético al fondo a la derecha de los siglos.

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