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Las dos caras del Madrid verde

Martínez Almeida saca pecho de su política medioambiental tras la cumbre del clima mientras la oposición la tacha de “estrategia de "marketing" y "paripé"

Un tramo de la calle Alcalá con Gran Via, en Madrid.
Un tramo de la calle Alcalá con Gran Via, en Madrid.

El Ayuntamiento de Madrid tiene varias facetas con respecto a la política medioambiental. Hay un Almeida verde que defiende que su gobierno es “el primero que hace que Madrid Central se esté cumpliendo” o que reconoce que la zona de bajas emisiones “funciona”. En paralelo, otro alcalde promete eliminar el área de acceso restringido al tráfico o promueve rebajarla y mutilarla. Una dualidad que se aprecia también con respecto a la contaminación, al arbolado o a las basuras.

Esa incongruencias entre los anuncios de Almeida con respecto al cambio climático o la contaminación han avivado las críticas de la oposición, que describe la política verde municipal como “una estrategia de márketing”. Por su parte, Cibeles mantiene que sus medidas son “más ambiciosas” en la materia con respecto al Ejecutivo de Manuela Carmena. Para Greenpeace el Ayuntamiento practica “greenwashing”: defienden el clima con “palabras bonitas”, pero eludiendo “acciones reales”.

Durante la pasada Cumbre del Clima (COP25; celebrada en la capital entre el 2 y el 13 de diciembre), una fiebre verde invadió a los principales responsables municipales. En las intervenciones del alcalde —así como de la vicealcaldesa, Begoña Villacís, o el concejal de Movilidad y Medio Ambiente, Borja Carabante— sacaba pecho de su compromiso verde; las palabras “lucha”, “calidad del aire” o “medioambiente” salpicaron gran parte de sus discursos. "Las grandes ciudades tenemos que liderar este proceso de reducción de emisiones. Este equipo de gobierno está absolutamente comprometido con la sostenibilidad", ha declarado Martínez-Almeida. "Tenemos un compromiso con los ciudadanos [con respecto a la contaminación], es una cuestión de salud pública, eso no se discute", ha dicho Villacís.

“[El alcalde] Hace el paripé en la cumbre del clima, después de negarla [la emergencia climática]”, describe el PSOE madrileño en un vídeo. Solo dos semanas después del fin de la cita, el Ayuntamiento ha regresado a sus postulados anteriores: “Madrid Central no me gusta”, reconoció ayer Almeida en una entrevista en ABC. “Exigimos al Ayuntamiento que sea coherente con sus campañas propagandísticas”, reclaman desde la Plataforma en Defensa de Madrid Central, “y que cese en su empeño de desmontar las medidas contra la contaminación”.

El anteproyecto de presupuestos de PP y Cs —que ambos partidos van a intentar aprobar hoy con el apoyo de Vox en un pleno estraordinario— recoge que Movilidad y Medio Ambiente contará con una dotación de más de 1.400 millones de euros. Es la partida más alta de las cuentas municipales. “La movilidad, la contaminación y el cambio climático se han convertido en elementos clave de la agenda política de Madrid”, opina Inés Sabanés (Más País), concejal de Movilidad y Medioambiente con Carmena.

La ministra en funciones para la Transición Ecológica, Teresa Ribera y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, en la Cumbre del Clima que se celebra estos días en Madrid.
La ministra en funciones para la Transición Ecológica, Teresa Ribera y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, en la Cumbre del Clima que se celebra estos días en Madrid.

“Desde ahora, el nombre de Madrid va a estar ligado a la lucha contra el cambio climático”, declaró Villacís durante la COP25. También hizo gala de Madrid 360, la estrategia municipal para luchar contra la contaminación que busca sustituir no solo a Madrid Central —“una política fracasada en calidad del aire”, según Borja Carabante—, sino también al Plan A de calidad del aire. La vicealcaldesa describió Madrid 360 como un plan “puntero” y dijo que “supera al anterior con respecto a las restricciones”. “Es más ambicioso”, incidió el alcalde. A pesar de esas afirmaciones, Madrid 360 permitiría de nuevo el acceso de vehículos con etiqueta C al corazón de la urbe. “Si se aprueba, entrarán más coches al centro”, confirma Adrián Fernández, responsable de movilidad de Greenpeace.

La idea del PP no solo es una de las más cuestionadas de la estrategia, sino que no termina de convencer a su socio de Gobierno. Si hace unos meses, Villacís cuestionaba en público la medida y anunciaba su intención de convencer a Almeida para retirarla; el pasado viernes su partido votó en el pleno, junto a PSOE y Más Madrid, a favor de blindar Madrid Central y no permitir el acceso de más vehículos contaminantes. “Cs está al 99% de acuerdos con Madrid 360”, afirmó después la vicealcaldesa.

Confirma sus palabras que a pesar de esa discrepancia con el acceso de las etiquetas C, las dos derechas están promoviendo alargar la moratoria a los vehículos más contaminantes de algunos colectivos (transportistas o padres y madres de alumnos que estudian en centros de la zona); ampliar el horario de acceso de las motos; o cambiar el perímetro de Madrid Central, reabriendo varias calles a la circulación. Según adelantó el Ayuntamiento, esas rebajas a se discutirán el próximo jueves, en la última Junta de Gobierno del año.

“En cuanto ha terminado la COP25, han dicho que van a reducir Madrid Central. Además, quieren hacerlo con nocturnidad y mientras celebramos las Navidades”, resume Rita Maestre, portavoz de Más Madrid. Durante el fervor verde de la cumbre, Almeida anunció la renovación total de la flota de EMT para 2025 —luego matizó sus palabras y explicó que a partir de ese año solo se adquiriría vehículos cero emisiones—; habló de peatonalización de calles; o de zonas cero emisiones. Las dos primeras propuestas ya habían sido contadas con anterioridad.

Por su parte, Villacís apostó por el bosque metropolitano, una aportación de su partido para impulsar la creación de un cinturón verde de 75 kilómetros alrededor de la ciudad. Para ello van a plantar 100.000 árboles y esperan que en 12 años esté listo. La medida también estaba anunciada aunque Villacís desvelo detalles en la cumbre del clima, como que las plantaciones arrancarán el año que viene “en el arco del sureste, en los distritos de Vicálvaro y Villa de Vallecas”. Allí hay menos árboles per capita que en el norte. Aunque los colectivos ecologistas confirman que existe un desequilibrio con respecto a las zonas verdes entre el norte y el sur, desde Greenpeace defienden una “verdadera política forestal urbana” que vertebre la ciudad.

Con la COP25 el Ayuntamiento instaló un letrero vegetal: “Madrid Green Capital” (Madrid capital verde), se podía leer junto a la puerta de Alcalá. Esa denominación se usa para reconocer a las ciudades europeas que destacan por sus políticas medioambientales. Madrid no tiene la distinción. La oposición habló de apropiación y de lavado de imagen. Greenpeace intervino en el letrero que pasó a decir: “Madrid Grey Capital (Madrid capital gris). Según explicaron en un comunicado, lo hicieron para “denunciar la inacción del Ayuntamiento para luchar contra el cambio climático”.

Más atascos que hace un año y el problema de la basura

“Madrid sigue sucio”, sentencian desde el PSOE. Los problemas de la ciudad con respecto a la gestión de los residuos no se han solucionado porque no se han cambiado los contratos. Unos acuerdos que se firmaron “a la baja”, durante la crisis y que el Ayuntamiento se ha comprometido a reformular aunque todavía no ha dado detalles. “Yo todavía no he sacado una foto de la basura en Madrid”, dice la exconcejala Inés Sabanés, “y los problemas persisten”. “Por otro lado, ahora mismo hay muchos más atascos”, continúa. Aunque el Ayuntamiento no publica datos sobre los indicadores de tráfico desde agosto, eldiario.es consiguió los brutos. Tras analizarlos concluyó que el tráfico había aumentado en octubre. La Fiscalía de Medio Ambiente investiga esa subida.

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