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ANÁLISIS i

Un ‘president’ amortizado

El independentismo tendrá que asumir más pronto que tarde que no solo no tiene la “mayoría social” que tanto ha predicado; tampoco la tiene ya para gobernar el día a día

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el Parlament.
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el Parlament. EFE

La moción del Parlamento catalán instando a Quim Torra a convocar elecciones o someterse a una cuestión de confianza no derribará el Gobierno de la Generalitat de manera inmediata. Tampoco pondrá fin a la alocada huida hacia delante de su presidente vicario. Pero puede tener un efecto político de mucho mayor calado. El independentismo tendrá que asumir más pronto que tarde que no solo no tiene la “mayoría social” que tanto ha predicado los últimos años. Tampoco la tiene ya en el Parlamento. O al menos no la tiene para gobernar el día a día de Cataluña. Y además no puede dar la culpa de ello a la Justicia por más que esta impida que voten los cinco diputados procesados o huidos que se han negado a designar un sustituto. La CUP, a quien el independentismo institucional siempre ha considerado como el hijo gamberro pero imprescindible, tampoco da crédito ya a la estrategia de Torra. Y con ello la supuesta mayoría queda definitivamente rota.

El sucesor de Carles Puigdemont se encuentra solo y rodeado de unos socios, Esquerra Republicana, que ya han activado sin apenas disimular la cuenta atrás electoral. Apenas un reducido y decreciente núcleo de aduladores siguen apoyando al presidente, y lo hacen con la mirada puesta en Waterloo, esperando la señal que les hará modificar la apuesta a la primera de cambio. Y mientras tanto, poco importa que en Cataluña no haya presupuesto desde hace dos años, que las listas de espera en los hospitales crezcan sin cesar o que nadie aporte soluciones a uno de cada tres dependientes.

Otra cosa es si la oposición será capaz de aprovechar la debilidad del Govern. Hasta ahora no lo ha hecho y ha permitido que el independentismo ocupara todo el espacio político catalán con solo el 47% de los votos. Ciudadanos, el primer partido de Cataluña, también tiene algo que ver con esta situación. Y es que, de la misma forma que el independentismo saldrá mal parado el día que tenga que presentar un balance de éxitos y fracasos de casi siete años de proceso soberanista, los resultados del primer partido de la oposición también presentan serias lagunas. Ciudadanos, la formación en la que confiaron más de un millón de catalanes para reconducir el proceso de independencia, no ha sido capaz de utilizar su posición preeminente en el Parlament para trazar una estrategia alternativa que genere apoyos más allá de sus filas. Poco ha hecho en la cámara más allá de copiar, y amplificar, la exagerada gesticulación del independentismo. Y al final ha tenido que ser el PSC, al que muchos daban por desahuciado, quien encabece una maniobra como la de ayer que, por más que solo sea simbólica no deja de evidenciar que Torra ya no tiene crédito.

El president podrá continuar unos meses más gracias al combustible emocional que sale a borbotones del juicio del procés pero todos en el Parlament, incluidos sus fieles, saben que Torra está ya en tiempo de descuento.

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