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REPORTAJE

Un tirador franquista dispuesto a todo

Un exultrafondista y vigilante de seguridad quería matar al presidente Sánchez por su decisión de exhumar los restos del dictador

Pedro Sánchez, este miércoles, en La Moncloa. En vídeo, el portavoz de los Mossos.

Los Mossos eligieron la forma más segura para detener a Manuel Murillo Sánchez: en la calle. Temían que en su casa hubiese armas. Lo que no imaginaban es el arsenal que encontraron al registrar su piso de Terrassa (Barcelona): cuatro rifles de precisión, un fusil de asalto militar, un subfusil ametrallador y 16 armas cortas. Sus compañeros del club de tiro de Terrassa aseguraron este jueves que era un tirador mediocre. “¿Qué significa eso? ¿Que no hubiese dado en el blanco?”, ironizan fuentes de la policía catalana.

Manuel Murillo, de 63 años, fue detenido el pasado 19 de septiembre acusado de querer matar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, según avanzó Público. A través de diversos grupos de Whatsapp, manifestó su “clara intención, voluntad” de acabar con la vida del dirigente político. Tenía pensado cómo hacerlo, solo necesitaba un poco de ayuda logística, subrayó el inspector portavoz de los Mossos, Albert Oliva. Personas que le facilitasen la agenda del presidente, que le ofreciesen un piso al que huir una vez le hubiese matado... Apoyo, en definitiva.

Murillo había decidido pasar a la acción después de que el Gobierno anunciase su intención de exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos, para evitar que siga siendo un lugar de culto. Consideró que Sánchez había cruzado todas las líneas, según explican fuentes policiales, que le definen como un “nostálgico” del franquismo. Y lo manifestó de forma “explícita” y cada vez “de manera más pública” en las redes sociales. Murillo es hijo del último alcalde franquista de la ciudad de Rubí, también en Barcelona, Manuel Murillo Iglesias.

Una de las personas a las que le contó sus planes es una dirigente local del grupo de ultraderecha Vox. La mujer no dudó en acudir a la policía catalana con los audios y los mensajes que le había enviado Murillo. Los Mossos tardaron muy poco en detenerle, menos de una semana, según indican fuentes policiales. Su profesión, vigilante de seguridad en activo con licencia de armas, sus aficiones, tirador profesional, también con licencia, y sus escasos vínculos emocionales, sin hijos, pareja o amigos muy cercanos, hicieron temblar a los Mossos. “Murillo no tenía nada que perder”, indican esas mismas fuentes. “En las redes, dice que está dispuesto a sacrificarse por España y que no le importan las consecuencias, como su detención o la prisión”, contó el portavoz de Mossos.

Personalidad obsesiva

Fuentes policiales le describen como una persona obsesiva y meticulosa, algo que se plasma en sus logros como ultrafondista. Murillo fue un atleta de élite cuando se acercaba ya a la cuarentena. Ganó en cuatro ocasiones la competición española de 100 kilómetros entre 1993 y 1996, cuando tenía 37 años. También compitió a nivel internacional y participó en seis ediciones de la copa del mundo de su especialidad. En la actualidad, Murillo sigue siendo un buen deportista, con unos hábitos de vida sanos, y sin ningún antecedente policial por actos violentos.

Su decisión de querer matar al presidente Sánchez sorprendió enormemente a su entorno. El detenido se movía en diversos grupos de Whatsapp de distintas sensibilidades, donde se hablaba de la vertebración del Estado, indican fuentes policiales, pero ninguno de ellos era un grupo secreto que conspirase para cometer atentados contra miembros del Gobierno, o para cometer delitos de cualquier otra índole. Nadie de su entorno se ofreció a ayudarle y los Mossos tampoco han encontrado ninguna vinculación de Murillo con grupos de ultraderecha. Vox se apresuró a aclarar este jueves que no militaba en su partido. “Su voluntad de acción era estrictamente individual”, insistió el inspector Oliva, lo que se conoce como un lobo solitario.

Los planes del detenido no tenían una fecha concreta, sencillamente estaba lanzando las redes para llegar al presidente, según la policía catalana. Pero Mossos ve complicado que hubiese podido acercarse realmente a Sánchez, que cuenta con su propio equipo de seguridad.

Desde su detención, Murillo está en prisión acusado de los delitos de conspiración para atentar contra autoridad con uso de arma, amenazas graves, tenencia ilícita y depósito de armas, municiones y explosivos y un delito de odio, según informó el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). Su abogado intentó lograr que le dejasen en libertad y recurrió a la Audiencia Nacional, alegando que “sus manifestaciones deben interpretarse en el contexto de la problemática política ocurrida en Cataluña”. También pretextó que su madre y su hermana, que viven en el mismo edificio de la calle de Pearson de Terrassa, son dependientes. Pero él mismo admitió que una persona las cuidaba.

El tribunal ha considerado que lo más apropiado es que siga encarcelado. “No le ha cabido duda al instructor [juzgado de instrucción 3 de Terrassa] de la seriedad del propósito del investigado de llevar a efecto el crimen planeado por el mismo, proponiendo el modo de llevarlo a cabo, el material con el que cuenta para ello, sus habilidades como tirador, lo certero que sería para privar de la vida a su objetivo, recabado solo para asegurar su propósito información sobre el momento y el lugar en que se realizaría”, razona el tribunal, que cree que existe un evidente riesgo de fuga si le deja en libertad. El club de tiro de Terrassa le ha expulsado. Algunos de sus allegados le defienden: “Para mí sigue siendo el gran campeón que siempre has sido”.

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