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Locura por el pollo picante

El chef del restaurante Cebo, que acaba de obtener su primera estrella Michelin, muestra su inquietud por el misterio, su pasión por los tatuajes y su afición a coleccionar zapatillas

El cocinero Aurelio Morales, en Parterre del Retiro. Ampliar foto
El cocinero Aurelio Morales, en Parterre del Retiro.

Aurelio Morales (Alcalá de Henares, 1982) es cocinero. Tras su paso por elBulli, Tickets, Comerç 24 o AbAC, llegó en 2016 a Cebo, en el hotel Urban (Carrera de San Jerónimo, 34). Desde su cocina consiguió el pasado noviembre su primera estrella Michelin.

1. Ambigú. Hace tiempo, tenía un restaurante, La Almadraba, en Alcalá de Henares, ciudad en la que nací [en 1982]. Lo llevaba con un amigo, que inauguró este espacio, donde todo está muy bueno. (Cervantes, 7)

2. Parque de El Retiro. Sé que es muy típico, pero para mí es un lugar clave en mi vida. Vivo cerca y siempre voy solo porque acudo a desconectar, a retirarme: ando, me tomo un té verde frente al estanque, medito, creo nuevos platos... Es el lugar en el que reflexiono sobre cómo lo estamos haciendo en el restaurante. Apartado es la única manera de darte cuenta de los errores.

3. Nike Serrano. Es mi tienda favorita del Barrio de Salamanca. Soy un fanático de las zapas en general —las colecciono [un sneakerhead]—, pero desde hace años me he vuelto un psicópata de Nike: tengo 40 ó 50 pares. Además, me gusta ver las tiendas de Serrano aunque no me pueda comprar nada. (Serrano, 19)

4. El rincón de Pang Pang. Para mí es el mejor chino de Madrid. Está muy cerca del trabajo y siempre que voy, hay mucha gente china comiendo; señal de que todo lo hacen muy bien. La olla de pollo picante, una receta de la región de Sichuán, es una locura. (Ventura de la Vega, 19)

5. Fruterías Gold Gourmet. Me gusta pasarme porque siempre te puedes encontrar alguna sorpresita en forma de setas, verdura, conservas... Hay productos de mucha calidad. Suelo ir al de Platea, en Colón (Goya, 7). Pero también visito regularmente los mercados municipales, excepto el de San Miguel. Suelo acercarme al de San Antón, Chamartín o Antón Martín.

6. Museo del Prado. Qué puedo decir de una de las mejores pinacotecas del mundo más que es la hostia. La exposición de El Bosco me pareció brutal. Además, me parece un sitio con mucho misterio. Soy asiduo a Cuarto Milenio, fan de los libros del Madrid Oculto y me gustaba Expediente X. Soy un friqui. (Paseo del Prado, s/n)

7. Metropolitan. Intento ir al gimnasio más cinco días a la semana que cuatro. No solo para mantenerme en forma sino también para relajarme. Ahora soy bastante madrugador —algunos días me levanto a las 7.00—, pero también me suelo acostar tarde (sobre las 1.30). No tengo unos horarios hiperordenados porque mi vida no lo es: los cocineros no podemos tener rutinas marcadas.

8. Estadio Santiago Bernabéu. Antes era muy futbolero; ahora menos, por el trabajo. Eso sí, dos o tres veces al año me gusta ir a ver un partido. De joven jugué mucho. Llegué a estar en la cantera del Madrid; era portero, pero la altura no me dio. Aunque mi profesión frustrada no es deportista sino tatuador. No sé cuántos tengo: más de 20 por todo el cuerpo. He preparado un estudio en casa y he empezado a practicar. Primero, en piel de cerdo aunque ya me he lanzado a piel humana: los dos últimos me los he tatuado yo mismo (Avenida de Concha Espina, 1)

9. Sacha. Además de comer, me encanta escuchar a Sacha contar historias sobre cómo la cocina pasó de ser una profesión que no podía ser más sucia —casi un oficio de expresidiarios— a estar rodeada de glamur. (Juan Hurtado de Mendoza, 11)

10. La Galería. Es el bar del equipo. Está al lado del Urban y ahí vamos a tomar cervezas cuando sale bien. Cuando sale mal, no les dejo. Es broma. Es uno de nuestros sitios cotidianos; aquí celebramos la estrella Michelin. (Prado, 13)

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