Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una de cada cinco catalanas padece depresión o ansiedad

La Encuesta de Salud de Cataluña constata que la incidencia del sobrepeso y los trastornos mentales está vinculada a las desigualdades sociales

Una mujer con un trastorno emocional.
Una mujer con un trastorno emocional. Wikimedia Commons

La mala salud de los catalanes pivota sobre las desigualdades sociales. A más riesgo de pobreza y menos estudios, mayor es la posibilidad de sufrir problemas de salud, como el sobrepeso o los trastornos mentales. La última Encuesta de Salud de Cataluña (ESCA) de 2015, el informe que radiografía el estado de salud de los catalanes, ha constatado que las desigualdades sociales agudizan los problemas de salud. Ejemplo de ello es que una de cada cinco mujeres mayores de 15 años padecen depresión o ansiedad en Cataluña, una cifra que alcanza el 25% y el 37% si se trata de catalanas de clases desfavorecidas y mujeres con estudios básicos, respectivamente. 

La ESCA señala que, de media, la prevalencia de las personas con ansiedad y depresión sigue una tendencia a la baja desde 2006, pero el consejero de Salud, Toni Comín, ha alertado del efecto de las desigualdades sociales en la salud mental. "La salud mental ha empeorado, lo que nos confirma que es donde más influyen los determinantes de la salud [el 80% de los determinantes de la salud están fueran del sistema sanitario]", ha indicado Comín. El informe sobre los efectos de la crisis económica en la salud, que se elaboró con los datos de la ESCA del año anterior, corroboró que la población parada presenta peores resultados que la población ocupada.

En su conjunto, la ESCA cristaliza una mejora de los hábitos de vida saludables, como el consumo en alza de la dieta mediterránea (el 70% de la población) o el registro más bajo de tabaquismo (23,7%). Sin embargo, los resultados empeoran a medida que se profundiza en la situación socioeconómica de los catalanes. "Existen diferencias sociales en el consumo frecuente de productos hipercalóricos en la población infantil", apunta el informe. De media, el 27% de los niños consumen tres o más veces a la semana comida con alto contenido calórico (pizzas, hamburguesas, bebidas azucaradas). Sin embargo, si se mira el nivel socioeconómico del menor, el informe detecta que el porcentaje de niños desfavorecidos que tienen este hábito duplica al de los niños cuyos padres tienen estudios universitarios, por ejemplo.

Lo mismo ocurre con el consumo de riesgo de alcohol, más elevado en adultos de clases desfavorecidas o con estudios primarios, y con el exceso de peso de la población infantil. El sobrepeso y la obesidad afecta al 35% de los niños desfavorecidos y al 23% de los menores con una situación socioeconómica más estable.