Los Pujol se pasan la pelota

Los hijos del expresidente catalán han quedado retratados en el Parlament, pero no han aclarado nada nuevo sobre el supuesto legado

Oleguer Pujol Ferrusola, el 9 de marzo en el Parlament.
Oleguer Pujol Ferrusola, el 9 de marzo en el Parlament.TONI GARRIGA (EFE)

La familia Pujol al completo ha quedado retratada, para bien o para mal, tras su paso por el Parlament. Los catalanes han puesto rostro y voz a los siete hijos del expresidente de la Generalitat. Muy diferentes en gestos, retórica e incluso aspecto físico, los vástagos de Pujol han funcionado, sin embargo, como un solo bloque en lo esencial: sostener que el dinero oculto en Andorra procede de una herencia del abuelo Florenci -sin aportar más detalles con la excusa de que el hermano mayor, que la gestionó, debe declarar ante el juez- y negar que los negocios millonarios de algunos de ellos hayan florecido a la sombra del padre. Las dudas sobre ese legado (“el secreto”, en sus propias palabras) persisten. En algunos casos, incluso se han acrecentado.

La comparecencia de los Pujol en la comisión de investigación ha aportado escasos datos nuevos sobre la supuesta herencia —a la que aludieron, igual que el padre, como “legado”— que Florenci Pujol dejó a su nuera, Marta Ferrusola, y a sus nietos, cuando murió en 1980. Los tres hijos que ya han declarado como imputados en el juzgado de Barcelona que investiga si esa tesis explica el origen de la fortuna familiar oculta al fisco —Marta, Mireia y Pere— ratificaron lo dicho ante el juez. En una especie de tuya-mía bien sincronizado, los Pujol se pasaron la pelota unos a otros para no ahondar en la naturaleza, manejo y crecimiento de esos fondos, que permanecieron ocultos durante más de 30 años en Andorra hasta la regularización de 2014, cuyo conocimiento público llevó a Jordi Pujol a confesar.

Afirman que los datos los conoce el hermano mayor, Jordi, y éste alega que debe contestar ante el juez

Mireia confirmó su condición de verso libre (es bailarina y fisioterapeuta) y se negó a responder a las preguntas de los diputados; Pere se remitió a Internet —donde está colgada, lamentó, su declaración judicial—; Oleguer, el pequeño, se refugió en que por entonces era muy un crío y en la “total confianza” hacia su hermano mayor. Todos, de hecho, remitieron a Jordi Pujol Ferrusola (“eso ya lo explicará mi hermano”, dijo Marta) para no dar demasiadas explicaciones de un legado del que nunca han hecho, reiteraron, demasiado caso. No era “un dinero para ganarse la vida”, sino “un por si acaso”, sostuvo Oleguer, idea que entronca con la “hucha” mencionada por el expresidente catalán en el juzgado.

Júnior, el primogénito, que inició la tanda con un discurso abrumador, evitó asimismo rendir cuentas sobre su gestión a principios de los 90 porque declara, como imputado, el próximo 26 de marzo. El caso es que, el uno por el otro, la casa quedó sin barrer. Los hermanos, sin embargo, insistieron en que sobre el legado está “todo dicho”, y que otra cosa es que les crean. El que lo afirmó de forma más clara fue el único que ha seguido la carrera política, Oriol Pujol: “La procedencia de este dinero está explicada, otra cosa es que usted no se lo quiera creer. Han especulado que si es Banca Catalana, que si... mil cosas”.

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“Era un tema que era secreto y debía quedar en familia”, insistió Josep, el único hermano no imputado pero sobre el que también pesan sospechas de haberse beneficiado de sus apellidos. Aquel secreto tan celosamente guardado se destapó con la confesión del 25 de julio. Pero solo parcialmente. Los Pujol no han aportado (ni ante el juez ni en el Parlament) ningún documento que acredite su tesis. Tampoco han detallado, por ejemplo, el recorrido del dinero desde que lo dejó Florenci hasta Andorra. Ni si Júnior ha hecho nuevas aportaciones a lo largo de los años a las cuentas de sus hermanos y de dónde proceden. Ni qué concretas operaciones se hicieron para hacer crecer el dinero como el pan y los peces, ni qué movimientos ha habido entre las cuentas. El primogénito ya advirtió que, “las primicias”, las dará en el juzgado.

Marta, la única, junto a Júnior, que era mayor de edad cuando murió el abuelo y que conocía de antemano la existencia del legado, aportó algunos detalles sin más relevancia. Dura, beligerante e irónica —“creo que podríamos hacer una comisión sobre la amistad”, dijo cuando le recordaron que su hermano presumió de estar muy unido a Artur Mas—, Marta relató que, en 1992, todos los hermanos abrieron su cuenta en Andorra. El hermano mayor les ingresó, a partir de entonces, “diversas cantidades” hasta llegar a los 62 millones de pesetas que correspondían a cada uno de los siete. Marta matizó que, desde entonces, la gestión del legado es responsabilidad de cada uno y que ella ha tenido una “actitud muy conservadora” con el dinero. Llama la atención ese desinterés de los hermanos con su patrimonio: algunos iban una vez al año a Andorra, o ninguna, para charlar con el gestor y, si era preciso, sacar algo de dinero. Josep añadió lo que también se había dicho ya: que la depreciación de la peseta respecto al dólar explica el crecimiento de la herencia: “No hay que hacer mucha magia potagia”.

Oriol, exdiputado de CiU, y Josep, el único no imputado, se negaron a aclarar qué han hecho con su parte del legado

Las explicaciones de los Pujol han suscitado nuevas preguntas. Está claro que cuatro hijos -Marta, Mireia, Pere y Oleguer, este último ya investigado por la Audiencia Nacional por sus negocios como gestor inmobiliario– afloraron los fondos de la Banca Privada de Andorra el año pasado. Pero, ¿qué hizo el resto? El que proyectó más sombras fue, curiosamente, Oriol, exdiputado de CiU, muy ceñido al guion. Repitió hasta seis veces dos ideas: que no tiene cuentas en el extranjero y que no regularizó porque “no tenía que hacerlo”. Pero se revolvió para no ir más allá porque su familia está “imputada”: no aclaró qué hizo con el dinero, si es que lo recibió —toda la familia coincide en que el legado se repartió entre todos y a partes iguales– y, en tal caso, de qué forma lo gastó o lo trajo a España. Ni siquiera personas de su entorno cercano saben qué hizo Oriol con ese dinero, aunque intuyen que, de alguna forma, se deshizo para no empañar una carrera política que, de todos modos, ha saltado por los aires por su implicación en el caso ITV, donde está acusado de soborno y tráfico de influencias.

Josep tampoco quiso aclarar si regularizó los fondos de Andorra, aunque dio a entender que sí y que aprovechó la amnistía fiscal aprobada por el Gobierno en 2012. Aclaró que, en cualquier caso, está “al día” con Hacienda. El estilo directo de Josep —“mira, yo soy rico, ya sé que suena fatal”— solo tiene parangón con la fanfarronería de Jordi Pujol, que se explayó explicando su colección de coches de lujo al tiempo que se definió como un “dinamizador económico” y negó haber cobrado comisiones a empresas a cambio de la adjudicación de obra pública. La misma pasión del torrente Júnior por el motor la exhibió en un tono más sereno y reflexivo el pequeño, Oleguer, por el mundo financiero, del que demostró ser un profundo conocedor. Ambos se sintieron cómodos en ese terreno.

Los hijos varones defendieron su valía profesional y negaron haber prosperado a la sombra del padre

Una de las claves de estas comparecencias ha sido, precisamente, el enorme nivel de detalle con el que los hijos varones que tienen causas abiertas (Jordi, Oleguer) o sobre los que ha pesado la sospecha de prosperar a costa del Gobierno catalán (Pere, Josep) han relatado sus biografías. Todos ellos, hombre de negocios (no hay profesores, enfermeros o abogados en la familia) defendieron su valía profesional y rechazaron que los apellidos les hayan ayudado; más bien, afirmaron, lo contrario. Pere se extendió con los parques eólicos y negó que sus empresas hayan recibido trato de favor: “Estoy en primera línea profesional, muy activo, no estoy acostumbrado a que pongan en duda mi actividad profesional, ¿de acuerdo?” En la misma línea, Josep dijo que ha “currado como un negro”: “Sí, es verdad, soy hijo del presidente Pujol, pero tengo bastante vida por mi cuenta... Me he espabilado bastante bien, con 31 años ya era un tío bastante rico”.

El conjunto de las declaraciones ofrece un aspecto coral, de sinfonía, planificado y con un claro reparto de papeles. Los hijos de Pujol se esforzaron, sin embargo, en subrayar que cada uno se ha labrado su propio porvenir (“esto no es un clan”). “Dicen que tratamos el país como si fuera el patio trasero de nuestra casa y no es verdad”, terció Marta, a la que la Fiscalía ha abierto investigación tras afirmar que trabaja en un ayuntamiento barcelonés como arquitecta sin que se haya convocado concurso público. Los Pujol exhibieron ciertas complicidades e incluso se permitieron matizarse entre ellos. Así, Pere desmintió a su madre, que en un duro enfrentamiento dijo que sus hijos no tenían “ni cinc” (ni cinco) y que iban “con una mano delante y otra detrás”. Pere dijo que no era así pero que podía acabar siéndolo, entre otras cosas, por las elevadas multas que han pagado a Hacienda por culpa de la regularización.

Los Pujol se han presentado como una familia unida en la adversidad, pero en la que cada uno ha ido a su aire

Las tensiones sobre qué hacer con Hacienda también salieron a relucir. “Estuvimos meditando si acogernos a la ley Montoro, pero tuvimos miedo (…) Tuvimos dudas de que se guardara el anonimato, como prevé la ley. Y optamos por no hacerlo”, dijo Marta. “Hablé con mis hermanos y me dijeron que ellos no irían” (a la amnistía), dijo Oleguer, el único que admitió que, tal vez, su padre se equivocó en 1980 al no renunciar al legado para su familia. “Pero estaba la duda de respetar la última voluntad de su padre. Una vez aceptada, era imposible o muy difícil regularizarlo”, detalló. A la reflexión se sumó, con sorna, Josep: “Quizás mi padre podría haber ido con una furgoneta, cargar el dinero y aparcarlo delante de la Cruz Roja de Ginebra. Pero las cosas no fueron así”.

El discurso no estuvo falto de cierto victimismo: Oriol volvió a aludir, aunque veladamente, a la actitud del Estado frente al independentismo; Pere lamentó que hay “una familia” española “muy famosa que ha regularizado y nadie ha dicho nada”; Oleguer lamentó las “mentiras que se han dicho” en los medios; e incluso Mireia, solo habló para quejarse: “Tengo muchas cosas que decir, pero no, porque ustedes lo manipulan de una manera que no...”, dijo la hija, que a diferencia de sus padres (también imputados en Barcelona) se mantuvo firme en su intención de no responder a nada.

La familia descartó acogerse a la amnistía fiscal por temor a que Montoro les delatara

“Supongo que hay iconos que hay que destruirlos. Y si para tumbar a Pujol hay que tumbar a su familia...”, lamentó Josep, el que más ahondó en temas familiares. En la línea de Júnior -quien afirmó que Florenci fue para él más una figura paterna que su propio padre- el hijo americano del expresidente dijo que en su familia “el padre ha estado ausente, porque ha hecho de estadista”, y la madre “ha hecho lo que ha podido”. El caso Pujol ha tenido algo positivo, en su opinión: “Nos ha unido, ha hecho un efecto piña, no un clan o una mafia. He descubierto hermanos maravillosos de los que no sabía casi porque he estado fuera, en mis rollos, pero ha sido una catarsis humana. He descubierto el amor en mi familia”.

Sobre la firma

Jesús García Bueno

Periodista especializado en información judicial. Ha desarrollado su carrera en la redacción de Barcelona, donde ha cubierto escándalos de corrupción y el procés. Licenciado por la UAB, ha sido profesor universitario. Ha colaborado en el programa 'Salvados' y como investigador en el documental '800 metros' de Netflix, sobre los atentados del 17-A.

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