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El CSIC apunta a los vertidos y granjas que “ahogan” A Limia en purines

Según los ecologistas, la carga ganadera de la zona "equivale a 1,4 millones de personas, la mitad de la población de Galicia en solo un 1% de su superficie"

Montículos de gallinaza depositados sobre un terreno encharcado en Sandiás.
Montículos de gallinaza depositados sobre un terreno encharcado en Sandiás.

El mapa de la contaminación por purines de A Limia es un rosario de puntos negros, pero dos de ellos son indiscutibles ganadores en el pódium de los empachados de excremento, según se concluye del análisis que encargó la Confederación Hidrográfica Miño-Sil al CSIC de Granada. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas sitúa estos puntos de muestreo que hacen saltar las alarmas en el canal de Antela —a un kilómetro aguas abajo del macrocomplejo ganadero Alta Pedra de Coren— y en una charca arenera a solo 400 metros de un descomunal depósito de excremento de gallina que se fue acumulando al aire libre, sobre la tierra; probablemente el estercolero más grande registrado en A Limia, aunque no el único. En este estudio no hay posibilidad de error. El método empleado por el CSIC es el mismo procedimiento infalible que se usó para descubrir que el norteamericano Floyd Landis había hecho trampa para ganar el Tour de Francia 2006, con lo que se llevó el título de manera automática el gallego Óscar Pereiro.

La Confederación encargó el informe a Antonio Delgado Huertas, profesor del Laboratorio de Biogeoquímica de Isótopos Estables del CSIC en Granada, en 2012, pero los resultados no llegaron de vuelta hasta este año. Los análisis isotópicos se emplean tanto en casos de dopaje como en cuestiones ambientales, y pueden distinguir el origen animal o inorgánico de la contaminación por nitratos. Con los resultados en la mano, otros científicos, esta vez gallegos y estudiosos de la comarca, algunos también en plantilla del CSIC y todos miembros de la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), situaron los 14 puntos de muestreo (desde las limpias cabeceras fluviales hasta el embalse de As Conchas, víctima de las cianobacterias) sobre el mapa y sacaron conclusiones.

El punto del canal de Antela que según el CSIC reveló mayor grado de contaminación se encuentra, recuerda la SGHN, a continuación, aguas abajo, del “complejo de Coren formado por 28 granjas con una capacidad total de 300.000 pollos y 5.000 cerdos, y una producción anual de 1.650.000 aves y 15.000 cabezas de porcino”. Su carga ganadera “equivale por sí sola, en cuanto a producción de excrementos, a una población de más de 46.000 personas”, siguen los expertos, “una cifra 23 veces mayor que los habitantes de todos los pueblos existentes aguas arriba” de las granjas. Pero la cantidad se queda pequeña si se la compara con el resultado global que, según la SGHN, sumarían todas las granjas de A Limia: “La carga ganadera de la comarca equivale a 1,4 millones de personas, la mitad de la población de Galicia concentrada en solo un 1% de su superficie”.

En la misma parcela del complejo se halla una planta de tratamiento de purines bautizada como Centro Tecnológico Ambiental y construida en 2007 por la Sociedade Galega de Residuos Ganaderos (que formaban Coren y CaixaGalicia). La nave, ubicada en Sarreaus, costó 22 millones de euros y acaba de cerrar. “Quemando gas natural que llegaba por un gasoducto construido ex profeso, era capaz de secar 100.000 toneladas de purines y reducirlos a 15.000 de abono orgánico para uso agrícola”. En el proceso generaba electricidad y la comercializaba. Pero su viabilidad “estaba supeditada al cobro de esas primas a la producción eléctrica que han desaparecido”. Cuando el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra del CSIC analizó las aguas del canal, la planta todavía funcionaba y se encargaba de digerir grandes cantidades de abono para las que ahora, recuerda el Movemento Ecoloxista da Limia (MEL), ya no hay más estómago que la propia tierra saturada tras décadas de descontrol.

El otro punto que soporta mayor contaminación, en las areneras, se halla prácticamente pegado al “megaestercolero de gallinaza” de Sandiás, continúa el trabajo complementario al del CSIC que elaboró la SGHN. “En dos hectáreas de superficie, se llegan a acumular hasta 600 u 800 toneladas de excremento que es arrastrado con las lluvias”, denunciaba el colectivo en un informe que hizo llegar el mes pasado a la Confederación. Los ecologistas cuentan, aún “extrañados”, que su lamento surtió efecto porque “hace 15 días el estercolero desapareció como por arte de magia; incluso se labró la tierra como queriendo borrar pruebas”. Pero no se sabe adónde ha ido a parar.

“Los datos de nitratos de las aguas de A Limia son de los más altos del mundo”, afirma el autor del informe del CSIC, Antonio Delgado: “El pantano se ha convertido en un vertedero y los que son culpables lo saben bien. El medio natural no es capaz de eliminarlo todo, un 80% queda ahí; tal cantidad de nutrientes hace que en el agua proliferen las algas, que consumen todo el oxígeno”. “Esto mata la vida del ecosistema, y aunque no perjudica en absoluto a los productos agrícolas de la comarca, afecta al agua, que no vale para beber”, advierte, “los nitratos pueden ser cancerígenos”.

“En la foto de satélite de Galicia se ve que es toda verde salvo esa zona que soporta el mayor peso ganadero y agrícola de la comunidad”, sigue describiendo el desolador panorama. “Los datos isotópicos podrían achacarse a un vertido de aguas urbanas mal depuradas, pero es evidente que, por la baja densidad de población, lo que nos están indicando, y se ve perfectamente, es que el origen está en los residuos ganaderos”, insiste: “La naturaleza no puede más, está ahogada: Si uno come una hamburguesa se siente bien, pero si come 50, se muere”.

Un estercolero de porcino en zona protegida llega a la Unesco

La comarca es un “estercolero”, denuncia MEL. “Muchas tierras no se labran para producir patata o cereal, sino para ser buenas receptoras de purín, porque no hay donde echar tanto”. Paradójicamente, según este grupo que llega ahora con sus quejas a la fiscalía, el Valedor y la UE, las grandes explotaciones intensivas de esta zona de Ourense alimentan su ganado con “pienso de importación”. Mientras, los vertidos ilegales de purines alcanzan tal magnitud, prosigue MEL, que ya hay granjeros dedicados a la producción avícola “muy preocupados”. Temen estar dando de beber a sus pollos “agua contaminada”, porque la extraen de pozos horadados en las mismas áreas donde se acumulan los excrementos del ganado. Tanto MEL como SGHN destaparon a finales del mes pasado el enésimo “vertido masivo” de purines de porcino. El caso, registrado en Rairiz de Veiga (Veigas de Ordes e Penelas), ha llegado a la Unesco porque afecta a un espacio natural protegido como humedal, LIC, ZEPA y Reserva de la Biosfera, e incluye una decena de especies amenazadas de flora y fauna.

“En A Limia hay que gestionar mejor los residuos” y además de otras iniciativas “tiene que haber multas”, defiende el autor del informe del CSIC. “Me consta que la Confederación Miño-Sil quiere resolver el problema, pero no es la única Administración que juega un papel aquí”. Por su parte, hace un año y en una entrevista con este periódico, el presidente del organismo que gobierna los ríos gallegos, Francisco Marín, trataba de justificar a los ganaderos (“son víctimas de su propio éxito”) y explicaba que, en su opinión, era preferible usar métodos como la “educación” y la “concienciación” antes que las sanciones y la “mano dura”.

MEL aspira a que la UE investigue, entre otras cosas, el cierre de la planta de tratamiento de purines de Coren en Sarreaus. El grupo ecologista de la comarca cree que, con su clausura, ha quedado demostrado que el fin último no era eliminar los residuos ganaderos (aseguran que allí no se trataba ni la quinta parte de lo producido en A Limia) sino generar electricidad subvencionada que luego se vendía a precio de mercado.