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Polo Químico, ni contigo ni sin ti

Huelva alberga desde 1967 un complejo industrial en pleno casco urbano

A pesar de las mejoras medioambientales, la polémica continúa viva

Una de las industrias ubicadas en el Polo Químico de Huelva. Ampliar foto
Una de las industrias ubicadas en el Polo Químico de Huelva.

La avenida de Francisco Montenegro da cobijo desde hace 49 años a una parte de las industrias del Polo Químico de Huelva. Allí están desde que Franco lo decidió por decreto en 1964. Aunque la mayoría de las industrias —como la Refinería de Cepsa la Rábida, Ercros o Tioxide— se encuentra en Palos de la Frontera, es en esta avenida de la capital donde se mantiene vivo el debate a favor o en contra del Polo.

El complejo industrial se extiende hacía la Punta del Sebo, donde se abrazan los ríos Tinto y Odiel. Se trata de un espacio privilegiado localizado a dos kilómetros de la ciudad que preside la estatua de la Fe descubridora. Una donación que Estados Unidos hizo a Huelva en 1929 cuando ese lugar era aún un espacio natural. El monumento, de 37 metros de altura, comparte espacio con el humo de las fábricas.

La controversia de las balsas de fosfoyesos

El cese de los vertidos de Fertiberia reabrió un debate muy sensible en Huelva: el medioambiental ligado a la actividad industrial. La Mesa de la Ría considera que el cumplimiento de la resolución judicial abre nuevas oportunidades para Huelva. “La descontaminación de la avenida de Francisco Montenegro es más necesaria que nunca”, sostiene Francisco Romero, portavoz del colectivo. La empresa acumula más de 70 millones de toneladas de fosfoyesos en 1.200 hectáreas de terreno, próximas a Huelva capital. Parte de esos residuos fueron enterrados en su día y el resto está pendiente de ver cuál es la mejor opción para su tratamiento. Los grupos ecologistas se oponen al enterramiento porque consideran que tarde o temprano la contaminación saldrá a flote. La empresa encargó a primeros de año a una compañía norteamericana el estudio de la clausura de los fosfoyesos.

La ría onubense sufrió en los primeros años de su funcionamiento la acción indiscriminada de la actividad de las fábricas, carente entonces de normativa ambiental. Y la estampa de onubenses zambulléndose en la antigua playa de la Gilda, ha quedado para el recuerdo. Ernestina Ferrer, de 53 años, residió en una de las viviendas acondicionadas para los empleados del puerto cuando la avenida Francisco Montenegro estaba habitada: “Tenía una preciosa arboleda de pinos y moreras. Estaban la fuente de las Naciones, el club náutico y el embarcadero desde donde cogíamos el barco para ir a La Rábida porque no existía aún el puente”, recuerda. Pero todo eso pasó a la historia con la llegada de las fábricas.

El Polo onubense nunca ha tenido una existencia cómoda. Una parte de la sociedad valora el motor de desarrollo económico que ha supuesto para la ciudad. Otra lo verá siempre como un vecino incómodo con el que hay que convivir sin remedio a costa, incluso, de pagarlo con la salud. Desde la instalación de la primera fábrica —la central de ciclo combinado— la ciudad ha quedado escindida en dos mitades.

Pocos onubenses dudan de que las industrias generan riqueza y empleo, pero opinan que su ubicación ha sido un error histórico. Muchos coinciden en señalar que ese lugar pudo haberse preservado para el futuro. Rafael Terán, periodista, considera que la ubicación del complejo industrial en la avenida “fue un error estratégico y difícilmente subsanable. El Polo ha supuesto una aportación económica importante para la provincia pero ha estrangulado la salida al mar”. “Las fábricas solo se irán si lo decide el mercado. Entretanto la relación amor odio con la ciudad permanecerá”, señala el periodista. “El Polo supuso una revolución laboral y urbanística a mediados de los años 80. Huelva era una provincia dedicada a la minería y la agricultura y se buscó una alternativa que aprovechase los recursos mineros”, añade Terán.

Según el alcalde de Huelva, Pedro Rodríguez, “la llegada del Polo significó progreso para la ciudad y una gran fuente de puestos de trabajo y de bienestar”. “El Polo transformó la fisonomía física y social de la ciudad para bien y para mal”, añadió. El alcalde incidió en que la actividad industrial de la Punta del Sebo en esa época dista mucho de la que la actual. “Antes no había ningún control ambiental y ahora los hay muy exigentes”, puntualiza. Sin embargo, Pedro Jiménez, coordinador provincial de IU, afirma que cuando se instaló el Polo no se pensó en la ciudad: “Era un lugar estratégico. Tenía próximo la ría donde poder echar los residuos industriales sin limitación porque había una salida al mar”. “No hubo posibilidad de decidir su idoneidad. Fue una decisión impuesta por el franquismo por intereses económicos de las empresas y los sectores químicos pero nunca se tuvo en cuenta a los ciudadanos”, asegura Jiménez.

El enclave industrial recupera el pulso

Las industrias del Polo representadas en la Asociación de Industrias Químicas Básicas y Energéticas de Huelva (Aiqbe) aportan el 8% de la riqueza generada en Huelva y proporcionan entre 8.000 y 10.000 empleos directos, indirectos e inducidos. El valor de producción de las industrias de Aiqbe arrojó en 2012 cifras esperanzadoras que apuntan a la recuperación de un sector afectado también por la crisis económica. La Aiqbe creció un 7,8% frente al año anterior, una tendencia al alza que comenzó en 2010, un año difícil para la industria. Desde la década de los 60 la producción industrial, vinculada principalmente al sector químico, ha ido evolucionando hacia la producción energética. El cierre de empresas históricas como Foret, tras 45 años en el Polo, o Nilefós Química, en cuyas instalaciones la empresa Fertinagro reabrió en 2012 una nueva línea de producción, ha lastrado la producción del Polo. La sentencia emitida en 2010 por la Audiencia Nacional sobre el cese de los vertidos de fosfoyesos de Fertiberia, empresa que venía depositando en la ría los vertidos de la producción de fosfatos, ha supuesto un golpe bajo para la industria. Fertiberia sigue operando pero con su capacidad reducida en un 70%. “La decisión administrativa, que no ambiental, por la que se clausuraban las balsas de yeso ha tenido consecuencias negativas para el Polo”, afirman desde Aiqbe.

Los onubenses recibieron el Polo de Desarrollo en los años 60 con optimismo. Franco lo inauguró en 1967 y entonces, cuando aún se carecía de conciencia ambiental, tuvo una acogida calurosa. Pero pronto los ciudadanos empezaron a percibir que las industrias emitían un humo asfixiante. En los 70 y 80 el problema de la contaminación empezó a ser grave. Las fábricas superaban los índices de emisiones a la atmósfera y al mar. En el mandato de José Antonio Marín Rite, primer alcalde de Huelva de la democracia, se firmó el convenio de corrección de vertidos de la Punta del Sebo. “La pirita se quemaba en los hornos de piso. La central térmica era muy contaminante. La gente empezó a percibir los efectos pese a que las industrias negaban la contaminación. Hasta que fue inevitable lo evidente”, señaló Marín Rite. “Las medidas del plan de corrección eran tímidas pero supusieron el primer paso para corregir la situación”, precisó. La conciencia ambiental y los movimientos ecologistas empezaron a cobrar fuerza y en 1991 se firmaron los acuerdos de la descontaminación. Era la primera vez que todos los agentes empresariales, sociales, sindicales, políticos y ciudadanos se ponían de acuerdo para recuperar la avenida de Francisco Montenegro. El acuerdo, aunque no pasó de ser un cúmulo de buenas intenciones, planteaba la reubicación de las fábricas (opción descartada después por su alto coste), daba seguridad a las fábricas ya instaladas abriendo la puerta para su marcha a aquellas que agotaran su ciclo vital y planteaba medidas de corrección ambiental. José Quintero, fue técnico de Tioxide, concejal de IU en el Ayuntamiento y diputado provincial de IU. Para Quintero, quien participó en la mesa de la descontaminación, “el espíritu de la mesa no se mantuvo por dejadez”. “La mesa concluyó que la reubicación en la zona del Polígono Nuevo Puerto era inviable por razones económicas pero se estableció un límite al crecimiento de las fábricas y se dio la oportunidad a otras industrias no contaminantes para que se ubicaran allí”, subraya Quintero, quien lamenta que los grupos sociales y políticos no tuvieran voz sobre el futuro de la avenida y todo quedara supeditado a las decisiones empresariales. Para él los motivos económicos “persisten” hoy, por lo que considera una “utopía” la reubicación. Aunque para Marín Rite la reubicación del Polo no es la solución al problema: “Lo único que hubiésemos conseguido sería alejar de la capital el complejo industrial y acercarlo a Mazagón y Palos”.

Para el gerente de la Asociación de Industrias Químicas, Básicas y Energéticas, Juan Manuel Díaz del Valle, hoy resulta una quimera hablar de reubicación del Polo: “Las empresas están asentadas en un lugar donde cumplen con la normativa vigente. Europa se ha dado cuenta de que el desarrollo es un factor de estabilidad económica”. También Luciano Gómez, secretario provincial de Fitag-UGT, entiende que el debate sobre el traslado del Polo está superado: “La experiencia nos dice que no hay tal problema ambiental y que la industria es perfectamente asumible con la tecnología de la que disponemos hoy. Otra cosa es el debate interesado que surgió en su día al calor del boom inmobiliario”.

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